Editorial: Un año de supervivencia y desconcierto

La incertidumbre e imprevisibilidad del Gobierno nacional en el 2018 provocó desconcierto en la provincia y en los Municipios de Tierra del Fuego, dejando el año que termina como uno de los peores que se recuerden en materia política y económica desde la vuelta de la democracia y, a tal punto el escenario llegó a extremos impensados que hay un temor fundado de que en 2019 todavía se profundice más la crisis, si bien con el proceso eleccionario se abre la expectativa de que sea el último de una sucesión de errores que han puesto a los ciudadanos en estado de supervivencia.

Los sueños de perdurar que la alianza Cambiemos pensó convertir en realidad sin mayores dificultades el año próximo, por errores propios se han tornado en una pesadilla para todos los argentinos.

El gobierno nacional prometió un cambio y en este punto cumplió, para mal y tan drásticamente, que ya la corrupción de la década kirchnerista como bandera de triunfo de la alianza pasó a los últimos lugares de las preocupaciones en los sondeos de opinión pública, porque la caída de puestos de trabajo, la inflación sin precedente ni asomo de final, el hambre que ha tenido que salir a paliarse con más asistencia social que en la era kirchnerista, se llevaron puestos el ideal de transparencia y despegue económico con el que muchos habían votado en 2015.

La causa de los cuadernos que comenzó con toda la aspiración de seguir debilitando a la oposición, terminó pegando en el centro de gravedad del presidente y su entorno, y hoy se revuelcan en el manoseo judicial unos y otros, que a fin de cuentas no resultaron tan distintos. Aunque lo fueran al menos desde las intenciones, a la gente dejó de importarle desde que se quedó sin su sueldo por algún despido, o perdió la mitad de sus ingresos con la devaluación inexplicable que descolocó cualquier pronóstico sobre mitad del año.

Todos los códigos cayeron. Las promesas de pobreza cero y eliminación de la inflación ya era mitología y dejó de tener sustento real en los dos primeros años de gestión; la expectativa de generación de trabajo y obras de infraestructura terminó de rematar la desilusión, con la tijera del recorte como política, para cumplir metas exigidas desde fuera del país, a las que la Argentina se vio sometida e hipotecada para poder pagar las deudas que generó el propio gobierno supuestamente para el cambio que no llegó y, en este punto, más que en despegue, en 2019 puede transformarse en una eyección.

Los detalles del ocaso del país los fueron relatando los medios nacionales, los provinciales, los gobernadores que debieron lidiar con pactos incumplidos, los municipios que el año próximo tendrán más compromisos con menos fondos, dado que el incremento nominal de los presupuestos en nada tiene relación con el impacto inflacionario del año que pasó y del que vendrá.

En este escenario de caos nacional, descontento y hastío, la provincia pudo mantener la cordura, y no ha de haber sido tarea fácil. Fue a costa de precarizar el salario del trabajador estatal, que no pudo cerrar una pauta y debió conformarse con paliativos, pero los servicios se prestaron, la demorada obra pública empezó a arrancar, y en el medio de la incertidumbre nacional, al menos los fueguinos pudieron tener previsibilidad, que no es poco en la era Macri.

El banco continuó siendo una herramienta enfocada al desarrollo, aunque las tasas subsidiadas no alcanzaron a dar respuesta a las necesidades de sectores productivos y pymes en franca agonía. Al menos se mantuvo una política y se hizo el mejor esfuerzo, peleando contra la corriente del gobierno nacional que como nunca apeló a elevar las tasas al infinito para frenar la suba del dólar, y con eso también toda posibilidad de inversión. El modelo especulativo se profundizó, la apuesta a colocaciones financieras mucho más rentables que la inversión terminó de dar por tierra con la esperanza de generación de empleo, y en ese marco pensar en una provincia con proyección de obras públicas y desarrollo aparece como un oasis en medio del desierto.

Pero no todo fueron rosas para el gobierno de Bertone. La demora inexplicable en el inicio de muchas obras, teniendo los fondos guardados casi desde el inicio de la gestión fue precisamente eso: inexplicable, mucho más con la urgencia que imponía el derrumbe de la industria electrónica a la generación de alternativas.

La transparencia de los procesos fue más que dudosa en muchos casos, y es una asignatura pendiente que la gestión no logra aprobar. Falta de respuestas a pedidos de informe, explicaciones nada convincentes en operaciones que encararon la dirección de Energía con la compra de turbinas usadas, o el último megacanje de tierras propiciado por la DPOSS para resolver la necesidad de una pequeña franja de tierra para ampliar la planta de tratamiento en construcción, son algunos de varios ejemplos.

El fracaso de la gestión nacional que prometía una transparencia que estuvo lejos de brindar, no puede ser excusa para que en suelo fueguino se soslayen ciertas irregularidades en los procesos sólo porque la gente ya no tiene a la corrupción en el primer puesto de sus preocupaciones. Gran parte de la ciudadanía sigue queriendo un modelo distinto del que se planteó en la década kirchnerista y, si se aspira por el bien de todos a marcar la salida definitiva de Cambiemos del gobierno nacional, habrá que hacer un esfuerzo adicional para garantizarle a los votantes que volver a confiar en un modelo con raigambre peronista no nos seguirá trayendo más bolsos revoleados en conventos.

Construir confianza no deja de ser imprescindible, aun cuando se le perdió toda al modelo actual, simplemente porque es un deber hacerlo, al igual que la construcción del diálogo sin imposición de las mayorías. La gente sigue queriendo un modelo distinto del autoritarismo que dejó atrás en 2015, que traspasó todos los límites en aras del poder conferido en las urnas, y que por la misma razón lo terminó perdiendo.

Provincia-municipios

Un lugar común del 2018 en la provincia fue el enfrentamiento entre potenciales rivales en 2019. Historia vieja y repetida si las hay, y señal de que no hubo aprendizaje, para mal de muchos que en la confrontación sin sentido ven limitadas las pocas posibilidades de encontrar respuestas que se pueden dar en un contexto nacional crítico. Para muchos de uno y otro lado, y sobre todo del entorno del gobierno en este punto, ha sido más importante ganar batallas al contrincante antes de que lo sea, confundiendo la carrera electoral con una guerra sin sentido, que indefectiblemente deja inocentes heridos, en lugar de apostar a la construcción conjunta. Se impuso la peor cara de la umbilicalidad política, y es otro de los debe en la columna interna del 2018.

Los entremeses

El 2018 fue un año de distracciones de las cuestiones de fondo, a nivel nacional y provincial. El debate por la legalización del aborto fue sin duda un hito, porque un gobierno que no pensaba que podría prosperar, abrió la discusión y se vio sobrepasado por la realidad, a punto de apelar a todo tipo de operaciones sobre la coyuntura para torcer la sanción de la ley que había sorteado la Cámara de Diputados. Una acción cuanto menos vil, pero que generó un movimiento irrefrenable que seguirá insistiendo hasta lograr el cometido. En lo que a lucha por derechos y reivindicaciones se refiere, el colectivo feminista hizo historia y cierra un año donde además de historia empieza a hacer justicia.

En la provincia obviamente la gran distracción de la primera mitad del año fue el debate por la reforma electoral, que cayó en el olvido luego del receso de invierno. El dólar se había ido a las nubes, asomaba un presupuesto de ajuste por el acuerdo con el FMI, y la provincia ya no estaba para la kermesse. El consenso que no existía antes, no se logró después de los meses de discusión en la Legislatura, ni siquiera para implementar una boleta única. En 2019 no habrá “cajita feliz” pero sí boxes que duplicarán la ya enorme cantidad de boletas de los 40 partidos que podrían presentar candidatos. De fondo, fue otro fracaso del intento del gobierno nacional de imponer el voto electrónico en los diferentes distritos, y parte también de la distancia entre Bertone y la gestión macrista, que se empezó a acrecentar conforme se acumulaban desaciertos.

Hay esperanza

Lo central para cerrar el año es que Tierra del Fuego tiene esperanza y, en este desmadre nacional es mucho decir. Habrá obras importantes y los primeros cortes de cinta en 2019, proyectos a mediano plazo como la petroquímica donde injustamente se verán beneficiados algunos funcionarios nacionales que han usado el poder del voto para garantizarse buenas inversiones para sus empresas privadas; pero aun así, si las obras se hacen, podremos empezar a hablar de desarrollo en serio.
Seguramente habrá una ruta turística importante, a un costo innecesariamente alto en términos económicos y patrimoniales. Pero habrá ruta al fin.

Esta resignación a que nuevamente vamos a ver pasar negocios para unos pocos es uno de los legados más trágicos que dejará la era Macri: haber convencido a la gente de que, por la aplastante comparación entre las realidades antes y después del 2015, la transparencia no es tan importante. Así las cosas, en 2019 tiramos nuevamente la moneda para apostar a que los mismos, con algún maquillaje para la ocasión, no vayan a repetir los errores que terminaron dándole el triunfo a un cambio que no podría haber sido peor.

Todavía el piso se mueve. Los argentinos hacemos equilibrio amontonados en un tablón de circo y en cada giro alguno se cae del sistema, para entrar en la jungla de la supervivencia donde lo primero que se deja en la puerta de entrada es la dignidad que supo conocer la clase trabajadora y las pymes que generan la mayor cantidad de mano de obra del país y hoy están conectadas a un respirador. Habrá que apechugar el tiempo que queda, un regreso de las vacaciones más que complicado, y no va a ser nada fácil transitar el cambio de gobierno y el reacomodamiento posterior por la deuda recibida que otros tendrán que pagar, mientras sus generadores seguirán disfrutando de los negocios que supieron armar en una absoluta ausencia de escrúpulos.

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