A las 9.53 del 18 de julio de 1994 el tiempo se detuvo en Argentina. Un fuerte estruendo cambió para siempre la historia del país, cuando una bomba destruyó la sede de la AMIA en la calle Pasteur, en un atentado que se cobró la vida de 85 personas y dejó más de 300 heridos. Por su cercanía con la Asociación Mutual Israelita Argentina, el Hospital de Clínicas fue el que más víctimas recibió ese día. Allí, médicos, enfermeras, auxiliares y voluntarios asistieron a más del 50% de los heridos en el atentado.
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