El tiempo transcurre, pero el vacío y las preguntas permanecen intactos para la familia de María Elsa Contrera Navarro. A dos años de aquel fatídico domingo 11 de febrero de 2024, el paraje costero de Punta María sigue guardando el secreto de su desaparición, en un caso que ha pasado de ser una búsqueda de emergencia a una investigación judicial que se suma, a los otros tantos casos de personas desaparecidas en Tierra del Fuego.
Río Grande. – Aquel día, María Elsa, de 69 años, se dirigió junto a su pareja, Manuel Oyarzo (70), hacia la zona de playas ubicada a unos 35 kilómetros al sur de Río Grande. Según el relato de Oyarzo, ambos se encontraban marisqueando cuando, en un momento de distracción, la perdió de vista.
Desde entonces, el operativo de búsqueda coordinado por la Policía Provincial, Prefectura Naval y Defensa Civil ha desplegado rastrillajes terrestres, náuticos y aéreo aunque sin resultados positivos. La única evidencia física hallada en la zona fue un guante rosa de látex, que la mujer habría llevado para recolectar moluscos, encontrado días después durante uno de los rastrillajes.
Sospechas y una familia que no descansa
A pesar de las hipótesis iniciales que sugerían un posible accidente en el mar, la familia de la mujer, encabezada por su hija Melisa Arismendi, ha mantenido una postura firme de sospecha hacia la pareja de su madre. Las denuncias públicas apuntan a una relación conflictiva y a presuntas contradicciones en la declaración de Oyarzo sobre los tiempos y el lugar exacto de la desaparición.
“No vamos a parar hasta saber la verdad”, han manifestado los familiares en reiterados pedidos de justicia ante el Juzgado de Instrucción 2, a cargo del Dr. Raúl Sahade.
Al día de hoy, el expediente sigue abierto bajo una intensa investigación que incluye el análisis de cámaras de seguridad del destacamento José Menéndez y peritajes telefónicos. Sin embargo, sin un cuerpo ni pistas contundentes, el destino de María Elsa sigue siendo una de las mayores incógnitas de la región.

