Fate anunció su cierre definitivo

La marca argentina de la familia Madanes Quintanilla tiene 80 años de vida. Es la primera compañía grande que abandona su actividad en los últimos años. Según allegados, todos los trabajadores serán indemnizados.

Buenos Aires.- Fate anunció el cierre definitivo de su actividad como fabricante de neumáticos. La empresa argentina, propiedad de la familia Madanes Quintanilla y con más de ocho décadas de trayectoria, despedirá a la totalidad de sus 920 empleados, liquidará su negocio y clausurará su planta industrial de la localidad de Virreyes, en el partido bonaerense de San Fernando.

No se trata de un concurso de acreedores ni de un proceso preventivo, figura legal a la que la firma que dirige Javier Madanes –también dueño de Aluar– ya adhirió en 2019.

Un allegado precisó que “es un cierre definitivo y se le paga a todo el mundo lo que corresponde. A empleados, proveedores, bancos. Se liquida todo y se baja la persiana”. La noticia llega en un contexto de creciente crisis para el sector industrial local en general, con fuerte impacto por la apertura económica y el ingreso de productos importados al país. Uno de ellos, los neumáticos. “Hace 30 años que la empresa pierde plata, pero la invasión de cubiertas chinas cambió todo”, agregó la fuente.

Así, en principio, la empresa, que nació en 1940, indemnizará a todos sus trabajadores según las condiciones de la ley vigente.

En un breve comunicado, la empresa explicó que “los cambios en las condiciones de mercado nos obligan a encarar los desafíos futuros desde un enfoque diferente, sin dejar de valorar la vocación industrial que nos ha definido siempre durante todo este tiempo”. Es la única referencia que se realizó sobre los motivos del drástico cierre.

En ese texto, firmado por “el Directorio” y fechado hoy, la empresa subrayó su liderazgo industrial, cimentado en “la inversión permanente, el desarrollo tecnológico de avanzada y un compromiso inquebrantable con la calidad”. Indicó también que fueron pioneros en abastecer el mercado de neumáticos radiales y que supieron mantener una fuerte presencia exportadora en mercados como Europa, Estados Unidos y América Latina.

“Fate es una empresa de capitales argentinos que durante más de ochenta años generó empleo de calidad, desarrolló proveedores locales, exportó tecnología y contribuyó al entramado productivo del país. Esa identidad nos define y nos acompañará en los desafíos que se presenten hacia adelante, expresaron.

El comunicado no incluyó declaraciones de Madanes Quintanilla, nieto de Leiser Madanes, un inmigrante polaco que llegó al país a comienzos del siglo XX y comenzó su negocio como vendedor ambulante de pilotines de hule en Once.

Según datos de Forbes Argentina y su ranking de 2024, el patrimonio personal de Madanes asciende a unos USD 1.500 millones. Una fuente cercana reveló: “Javier está destrozado, hoy es un día de luto”.

Sí hubo más detalles sobre el contexto que afectaba a la compañía en un comunicado emitido en mayo de 2024, cuando la empresa despidió a 97 trabajadores por una “sostenida pérdida de competitividad exportadora”.

Fate –que es acrónimo de Fábrica Argentina de Telas Engomadas– señaló en ese momento que su actividad estaba expuesta a factores muy negativos que incrementan severamente el costo de su producción. Mencionó “abusiva sobrecarga impositiva, restricciones cambiarias para el pago de insumos del exterior, deficiente infraestructura, sobrecostos derivados de la legislación del trabajo, baja productividad laboral, ausentismo, elevada conflictividad gremial”.

La empresa denunció también “escandalosas asimetrías” en el comercio exterior. Según comunicó: “Como efecto de estas asimetrías, el costo final de los productos que manufactura la empresa es muy superior al de neumáticos fabricados en otros países. La consecuencia es una brecha de competitividad insalvable que torna imposible continuar exportando los productos que la empresa fabrica en la Argentina a mercados en los que nuestra marca está presente desde hace décadas”.

En 2022, el sector estuvo envuelto en un prolongado conflicto con el Sindicato único de Trabajadores del Neumático de la Argentina (Sutna). Se detuvieron las plantas de las tres empresas fabricantes del país —Fate, Pirelli y Bridgestone— y Madanes calificó la situación como “neo-anarquismo que impide producir”, responsabilizó al gremio y apuntó contra el Partido Obrero.

El año pasado, en La fábrica podcast, anticipó que el cepo cambiario se mantendría “por mucho tiempo” en el país y sostuvo que la reducción de la brecha entre el dólar oficial y el contado con liqui generaba “incomodidad”. Sus declaraciones recibieron la respuesta del ministro de Economía, Luis Caputo, y del entonces referente de La Libertad Avanza (LLA), José Luis Espert.

En septiembre pasado, durante el Día de la Industria, la vicepresidenta Victoria Villarruel visitó la planta de Fate y vivió un tenso momento con Alejandro Crespo, líder del Sutna. Con Madanes Quintanilla presente, el sindicalista entregó a Villarruel un documento que cuestionaba la apertura de las importaciones “utilizadas por las patronales para producir despidos y todo tipo de desvinculaciones”.

No está claro aún el destino del predio donde funciona la planta de San Fernando, una instalación de más de 157.000 metros cuadrados (1.690.000 pies cuadrados) en un terreno de 40 hectáreas (99 acres), con capacidad productiva de más de 5 millones de cubiertas por año.

A mediados de 2025, un récord de importaciones había obligado a las marcas nacionales de neumáticos a bajar sus precios hasta un 15 por ciento. Un dato de esos días anticipó lo que vendría para el sector: en mayo entraron al país más de 860.000 cubiertas provenientes del exterior. Fue la cifra más alta para un solo mes en más de dos décadas.

 

Qué dijeron los trabajadores de Fate tras la conciliación obligatoria

 

Sergio Pons, empleado de la planta de San Fernando, relató la preocupación de los trabajadores y advirtió que la medida solo tendrá sentido si garantiza el empleo y la reanudación de la actividad.

 “Si llega a haber conciliación, que sea con toda la gente adentro, con estos días produciendo. No queremos venir mañana y tener la misma historia”.

Pons remarcó que el objetivo de los empleados es claro: “Lo único que queremos nosotros es mantener nuestra fuente de trabajo. Cuando estén dadas las garantías para volver a producir, sería como mínimo un paso adelante, pero bueno…”. La expectativa está puesta en que la conciliación obligatoria no sea solo una formalidad, sino una respuesta concreta que garantice la continuidad laboral.

 

La noche del cierre y el impacto en la planta

 

El trabajador relató cómo se enteraron del cierre a través de un mensaje que circuló entre los compañeros de guardia en la madrugada: “A las dos y media la jefatura les dijo que se retiren, que la empresa cerraba. Cuando llegamos, nos encontramos con los candados colocados y las cadenas puestas”. La sorpresa fue total, ya que incluso durante los feriados de carnaval habían sido convocados para tareas de mantenimiento, lo que sugería normalidad.

Pons recordó que la incertidumbre se agravó porque “trabajamos los días de feriado de carnaval inclusive, que son horas extras, y nos hicieron ir para el mantenimiento de las máquinas. Pensábamos que había una baja en la producción, pero que íbamos a seguir trabajando”. El abrupto cierre dejó a los trabajadores sin respuestas y con la expectativa puesta en la resolución de la conciliación.

 

Precariedad, salarios y el temor a un futuro incierto

 

La situación económica de los empleados suma presión a la crisis. Pons sostuvo: “Hace 14 meses que no tenemos aumento de salario. Estoy cobrando millón y medio y trabajo seis días a la semana, ocho horas por día. Echarle la culpa a nuestro sueldo no tiene sentido”. Además, remarcó que el año pasado la empresa había impulsado un proceso preventivo de crisis, pero fue rechazado por el Ministerio de Trabajo al no poder justificar pérdidas reales.

El miedo a quedarse fuera del mercado laboral es transversal: “Hoy una persona que toda su vida fue operaria ve que están todas las fábricas cerrando o achicando personal. Te dicen que te indemnizan, pero esto fue como en los noventa. ¿Vamos a ser todos Uber? Como en los noventa eran las remiserías. No va a funcionar esto”. La preocupación se extiende a compañeros con décadas de antigüedad y pocos años para jubilarse.

El empleado puntualizó que, más allá de las alternativas que circulan entre los trabajadores —como los autos de aplicación—, “son diálogos que uno ya tiene y después uno dice: ‘¿Hasta dónde te sirve? Pan para el hambre para mañana’”. La exigencia es que la conciliación garantice soluciones estructurales y no una salida individual precaria.

 

Reclamo a la empresa y advertencia al gobierno

 

Consultado sobre el cruce de acusaciones entre el gobierno nacional y el dueño de Fate, Pons fue contundente: “Si Milei y Madane se pelean entre ellos, lo que nos importa son nuestras fuentes de trabajo. En última instancia, somos los perjudicados. Ellos no se van a perjudicar en nada”.

 

El operario cuestionó que la crisis recaiga sobre los trabajadores mientras la empresa pertenece a un grupo con gran capacidad económica: “Madanés tiene una fortuna de 1.500 millones de dólares, es el dueño de Aluar, tiene energía eólica, y todas inversiones que salieron de acá, de la mano de obra de Fate. ¿Ahora nos van a hacer pagar los platos rotos a nosotros?”.

Finalmente, Pons reclamó una política industrial que proteja el empleo y llamó a que, si la empresa no puede justificar pérdidas, se permita a los trabajadores gestionar la planta: “Si dice que esto le da pérdida, que entregue la fábrica a los trabajadores y vamos a ver cómo la hacemos funcionar”.

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