El titular de la Cámara de la Construcción Daniel Noval advirtió sobre una parálisis casi total
de la actividad, cuestionó las trabas para acceder a créditos hipotecarios y expuso un combo explosivo como es la falta de financiamiento, salarios atrasados y empresas que apenas logran sostenerse. Recordó que “la última licitación de viviendas del IPVyH en Río Grande y Tolhuin es de 2021, y esas obras comenzaron en 2022, aún hoy se están ejecutando”, detalló. Puntualizó que el “valor del metro cuadrado se ubica entre 1.500 y 1.600 dólares para viviendas sociales, y puede alcanzar entre 1.700 y 1.800 dólares en desarrollos de mayor nivel”.
Río Grande.- “La construcción en Tierra del Fuego atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años”, así lo describió con crudeza el presidente de la Cámara de la Construcción, Daniel Noval, quien en diálogo con FM Stylo trazó un diagnóstico sin matices al marcar la “caída de la actividad, ausencia total de obra pública y un horizonte inmediato sin señales de recuperación”.
“En cuanto a obra pública, directamente no hay, no existe”, sentenció, marcando el tono de una entrevista donde predominó la preocupación por el presente del sector y la incertidumbre sobre el futuro.
Créditos hipotecarios: una herramienta limitada
En medio de este escenario, una de las pocas iniciativas en análisis es la posibilidad de reactivar parcialmente la actividad a través de líneas de crédito hipotecario impulsadas por el Banco Tierra del Fuego.
Noval confirmó que “desde la Cámara participaron de reuniones convocadas por la entidad bancaria, donde se presentaron los lineamientos iniciales de estos créditos”.
“Fue una presentación formal de la línea que están comenzando a lanzar en la provincia”, explicó.
Sin embargo, rápidamente dejó en claro que “si bien se trata de una herramienta necesaria, está lejos de ser una solución de fondo”.
En este marco, desde el sector constructor plantearon “sugerencias basadas en su experiencia, aunque remarcó que las condiciones finales dependen exclusivamente del banco”.
“Los lineamientos los tiene el banco, porque son quienes aportan los fondos”, indicó.
Uno de los principales obstáculos para el acceso a estos créditos es “estructural y específico de la provincia: la falta de tierras escrituradas”.
“En Tierra del Fuego ese es un problema que no es menor, como son créditos hipotecarios, los bancos exigen que la tierra esté escriturada, y eso no abunda”, advirtió.
Frente a esta limitación, desde la Cámara propusieron avanzar en “alternativas como el otorgamiento de créditos sobre ‘bien a futuro’, es decir, permitiendo que familias con boletos de compraventa registrados puedan acceder al financiamiento”.
“A esto se suma la complejidad propia del sistema UVA, que ajusta por inflación. Si bien el banco evalúa que la cuota no supere entre el 25% y el 30% del ingreso familiar, incluso permitiendo sumar ingresos, el contexto económico sigue siendo una barrera”, dijo.
“El poder adquisitivo se ha quedado respecto al aumento de los materiales”, explicó Noval.
Actividad en caída libre
El diagnóstico del sector es contundente, la construcción viene en retroceso sostenido, especialmente por la desaparición de la obra pública en los últimos años.
“Para que tengas una idea, la última licitación de viviendas del IPVyH en Río Grande y Tolhuin es de 2021, y esas obras comenzaron en 2022, aún hoy se están ejecutando”, detalló.
Esto configura un “escenario donde prácticamente no hay nuevos proyectos en marcha, y lo poco que existe responde a desarrollos anteriores”.
Puntualizó que “la situación varía levemente según la ciudad, en Ushuaia, la actividad privada vinculada al turismo y desarrollos inmobiliarios logra disimular la crisis, aunque no alcanza para compensar la falta de inversión estatal”.
“Se disimula un poco más, pero igual está parado”, aclaró.
Asimismo, resaltó que “en el resto de la provincia, el panorama es aún más complejo, con niveles mínimos de actividad y escasa generación de empleo”.
Empresas al límite y trabajadores que se reconvierten
Frente a este escenario, las empresas constructoras intentan sobrevivir como pueden.
“Desde 2023 están tratando de sostenerse, reinventándose”, señaló Noval.
Esa “reinvención implica volcarse a la obra privada o a trabajos menores, pero con un límite claro, no todas las estructuras empresariales pueden sostenerse sin obra pública”, dijo.
“Hay empresas que tienen personal de 20 o 25 años, y la obra privada no alcanza para absorber esa estructura”, explicó.
Esto genera una tensión adicional como es sostener el capital humano sin actividad suficiente y en paralelo, muchos trabajadores se ven obligados a buscar alternativas fuera del sector.
“Esa gente se va a trabajar en Uber, pone un negocio o hace trabajos por su cuenta”, graficó.
Incluso se registró una caída en la llegada de trabajadores “golondrina, que tradicionalmente arribaban en temporada alta, reflejo de la falta de oportunidades laborales”.
Costos en alza y demanda retraída
A la parálisis de la actividad se suma otro problema clave como es el aumento de los costos de construcción.
Según detalló Noval, el “valor del metro cuadrado se ubica entre 1.500 y 1.600 dólares para viviendas sociales, y puede alcanzar entre 1.700 y 1.800 dólares en desarrollos de mayor nivel”.
“Estos valores crecieron por encima del poder adquisitivo, generando un freno en la demanda”.
“El salario se ha quedado respecto al aumento de materiales”, reiteró.
“Esto impacta también en los desarrollos ‘en pozo’, que históricamente funcionaban como una alternativa de inversión, hoy, ese mecanismo perdió dinamismo”.
“La gente especula más, espera, hay mucha incertidumbre”, explicó.
Un combo que paraliza todo
El cuadro se completa con un cóctel que el propio Noval definió como determinante la “falta de financiamiento, escaso poder adquisitivo y ausencia de obra pública”.
“Es una combinación mortal”, sintetizó.
A esto se suma un contexto nacional donde la “inversión pública está prácticamente detenida, con excepción de regiones específicas como Neuquén, impulsadas por el desarrollo hidrocarburífero”.
“La obra pública está parada a nivel nacional”, afirmó.
Sin buenas noticias en el horizonte
Lejos de intentar suavizar el diagnóstico, Noval fue directo al cierre de la entrevista al sostener que “no te puedo dar buenas noticias, porque no las hay”.
Pese a esto, sostuvo que “el sector intenta sostenerse a la espera de un cambio de escenario”.
“Hay que usar el ingenio, reinventarse y aguantar”, planteó.
La esperanza, aunque tenue, es que “la situación no pueda sostenerse por mucho tiempo más y que eventualmente se reactive la inversión”.
Mientras tanto, la construcción en Tierra del Fuego sigue atravesando una parálisis profunda, con empresas en modo supervivencia y un mercado que, por ahora, no encuentra señales claras de recuperación.

