Pingüinos en vivo

El CONICET impulsa un proyecto de monitoreo científico con transmisión en tiempo real de colonias de pingüinos magallánicos y otras aves marinas en islas remotas del sur de Chubut. La iniciativa combina investigación de largo plazo, conservación ambiental y acceso público gratuito para acercar la ciencia a la sociedad.

Ushuaia.- El streaming que cautivó a millones de argentinos con imágenes del fondo del mar tuvo su continuidad en otro escenario tan extremo como fascinante: las islas patagónicas donde se reproducen algunas de las principales aves marinas del Atlántico Sur. Allí, en sitios de difícil acceso y sin presencia humana permanente, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) desarrolla desde hace tres años un ambicioso proyecto de monitoreo científico con transmisión en vivo de colonias de pingüinos, petreles y cormoranes.

Así lo explicó el doctor Flavio Quintana, investigador superior del CONICET, en diálogo con FM del Pueblo, detalló los alcances de esta experiencia que articula ciencia de excelencia, tecnología y divulgación ambiental.

 

Ciencia en lugares inaccesibles

 

El proyecto se desarrolla en tres islas ubicadas al sur de la provincia de Chubut: Isla Toba, Isla Tobita e Isla Gran Robredo, todas dentro del área protegida del Parque Provincial Patagonia Azul. Cada una de ellas alberga colonias reproductivas de distintas especies de aves marinas.

En Isla Toba, el foco está puesto en el pingüino de Magallanes; en Isla Tobita, en los cormoranes imperiales; y en Isla Gran Robredo, en el petrel gigante del sur, una de las aves voladoras más imponentes del hemisferio sur.

“El objetivo principal es científico: monitorear el desempeño reproductivo de estas especies a lo largo de toda la temporada, algo que en estas islas era prácticamente imposible por su inaccesibilidad”, explicó Quintana. Para lograrlo, fue necesario desarrollar un sistema tecnológico capaz de transmitir imágenes en vivo, las 24 horas del día, durante los seis meses que dura el período reproductivo.

 

Tres años de desarrollo y aprendizaje

 

El investigador señaló que los dos primeros años estuvieron dedicados casi exclusivamente a poner a punto el sistema. “Necesitábamos lograr una transmisión continua, estable y de buena calidad durante todo el período reproductivo. Eso implicó mucho trabajo técnico y ajustes constantes”, relató.

Una vez alcanzado ese objetivo, el desafío fue científico: diseñar protocolos que permitan obtener, a partir de las imágenes, información comparable a la que se obtiene en colonias continentales, donde los investigadores pueden realizar visitas frecuentes.

“Estamos en pleno proceso de perfeccionar la toma de datos, de aprender cómo traducir lo que vemos en las cámaras en información científicamente válida”, explicó Quintana. Mientras tanto, las imágenes se comparten de forma libre y gratuita con el público general.

 

Divulgación como política científica

 

Uno de los aspectos más destacados del proyecto es su apertura a la sociedad. Desde el inicio, el equipo consideró fundamental que el acceso a las imágenes fuera público.

“Nos pareció muy importante dar a conocer estos ambientes marino-costeros de la Patagonia y cómo vive la fauna silvestre en lugares completamente inhabitados”, señaló Quintana. En ese sentido, el streaming cumple un doble rol: permite avanzar en investigaciones de largo plazo y, al mismo tiempo, fortalece el vínculo entre la ciencia y la comunidad.

Las transmisiones pueden verse a través del canal de YouTube de la Fundación Rewilding Argentina, organización que colabora con el CONICET en el desarrollo del proyecto. Allí están disponibles las seis cámaras instaladas en las tres islas.

 

Qué se puede ver hoy

 

En el caso específico de los pingüinos magallánicos de Isla Toba, el período reproductivo ya finalizó. Los pichones alcanzaron la independencia y los nidos quedaron vacíos, por lo que se interrumpió la toma de datos científicos en los nidos.

Sin embargo, las cámaras continúan transmitiendo imágenes de la playa, donde se observa la dinámica diaria de los adultos: su ingreso desde el mar, las partidas en busca de alimento y la interacción con el entorno. Estas transmisiones se mantendrán activas hasta mediados de abril.

En tanto, en Isla Gran Robredo, las cámaras enfocadas en la colonia de petrel gigante del sur muestran actualmente a los pichones, que ya superan el mes de vida. “Es impresionante observar su comportamiento, muy distinto al de otras aves marinas”, destacó Quintana.

 

Aves marinas como centinelas del océano

 

Más allá del atractivo visual, el investigador remarcó la importancia estratégica de estas especies para comprender el estado de los ecosistemas marinos.

“Las aves marinas funcionan como verdaderos termómetros del mar. Son las primeras en evidenciar cambios en la disponibilidad de alimento o en la salud del ecosistema”, explicó. En el caso del pingüino de Magallanes, su dieta depende en gran medida de especies clave como la anchoíta o la sardina fueguina, por lo que cualquier alteración en esas poblaciones impacta directamente en su reproducción.

Los estudios a largo plazo permiten detectar tendencias, anticipar problemas y evaluar el impacto de la actividad humana, tanto pesquera como industrial, en el mar argentino.

 

La relación con la fauna silvestre

 

Consultado sobre el contacto frecuente que se da en Tierra del Fuego entre personas y pingüinos o aves marinas que descansan en la costa, Quintana fue claro: la recomendación es no acercarse.

“El contacto humano puede generar estrés, hacer que el animal gaste energía innecesaria o incluso facilitar la transmisión de enfermedades”, advirtió. Recordó, además, episodios recientes como la gripe aviar, que afectó a numerosas poblaciones de aves y mamíferos marinos a lo largo del litoral patagónico.

“La prevención es clave. A veces, queriendo ayudar, se termina provocando un daño mayor”, subrayó.

 

Ciencia pública para problemas locales

 

Finalmente, Quintana destacó el rol del CONICET como organismo público al servicio de la sociedad. Señaló que existen investigadores especializados en cada región del país —como en el CADIC Ushuaia— capaces de asesorar sobre problemáticas ambientales locales, desde la dinámica costera hasta la interacción entre especies.

“Somos trabajadores del Estado y parte de nuestra función es atender las demandas de las comunidades”, afirmó.

A 68 años de su creación, el CONICET vuelve a demostrar que la ciencia argentina no solo produce conocimiento, sino que también puede abrir ventanas al territorio, al mar y a la vida silvestre, permitiendo que millones de personas se asomen —en tiempo real— a uno de los ecosistemas más australes del planeta. 

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