José López, delegado de los trabajadores, describió el drama cotidiano de 140 familias sin salario desde enero. Con dos hogares al borde del desalojo y 25 en situación crítica por alquileres impagos, la planta del Parque Industrial sobrevive gracias a la solidaridad mientras esperan una señal concreta que reactive la fábrica.
Río Grande. – En la planta ubicada en el Parque Industrial de Río Grande, el silencio de las líneas detenidas contrasta con el movimiento permanente de trabajadores que sostienen una guardia y organizan la ayuda solidaria. Allí, en Thomas Bridge 2875, los empleados de Aires del Sur atraviesan uno de los momentos más duros de su historia.
“Es muy difícil llegar a tu casa y explicarle a tu hijo que lo van a llevar a comer a la fábrica como si fuera un paseo”, resumió José López, delegado de los trabajadores, en diálogo con FM Del Pueblo. La frase sintetiza el clima emocional que se respira puertas adentro como incertidumbre, dignidad herida y una resistencia que intenta sostenerse en comunidad.
Sin cobrar desde enero
La crisis no es nueva, pero se profundizó con el cierre de la fábrica y la paralización total de la producción.
“Nosotros no cobramos un solo peso desde que empezó el año”, explicó López, siendo que “son 140 trabajadores afectados de manera directa, de los cuales 25 alquilan y ya acumulan atrasos severos”.
“La situación es crítica, dos familias están prácticamente en la calle”, resaltó.
“Estamos juntando plata, largamos un bono para colaborar. Los chicos se están moviendo con eso, hay gente afuera que se llevó bonos para vender”, detalló el delegado.
La solidaridad de la comunidad de Río Grande ha sido clave para amortiguar el impacto, con donaciones de alimentos, útiles escolares, pañales y aportes económicos permiten sostener el día a día.
“No nos podemos quejar en ese aspecto, la gente está colaborando muchísimo”, reconoció.
Sin embargo, sostuvo que “la ayuda no elimina el golpe estructural, el alquiler es hoy el principal foco de angustia porque el que alquila también necesita cobrar, se entiende, por eso estamos tratando de ayudar a esas familias”, señaló.
Una fábrica monoproducto y un mercado en caída
A diferencia de otras plantas del sector que diversifican líneas de producción según la temporada, televisores en año mundialista, aires en verano, Aires del Sur se dedicaba exclusivamente a la fabricación de aires acondicionados.
“Somos monoproducto, esa es la diferencia con otras fábricas”, explicó López, al tiempo que agregó que “esa dependencia estructural dejó a la empresa expuesta ante la caída de ventas y los cambios en el mercado”.
Recordó que “el año pasado, la baja en la demanda fue determinante, el antiguo dueño decidió vender y la firma fue adquirida por nuevos inversores que, según los trabajadores, apenas se comunicaron en dos o tres oportunidades a través del Ministerio y el juzgado interviniente”.
“Querían hacer una movida con China para importar otros productos, pero a China le bajaron el pulgar y ahí quedamos nosotros”, afirmó.
Hoy, el problema técnico también es un condicionante: la planta solo podría fabricar con un refrigerante considerado obsoleto.
“Es como ir a comprar un televisor y elegir uno de tubo en vez de uno de última generación”, graficó el delegado. Sin actualización tecnológica y sin autorizaciones ágiles para reconvertir la producción, la competitividad es prácticamente nula.
La esperanza, entre el juzgado y la política
La empresa se encuentra en proceso judicial bajo un esquema que limita las decisiones operativas. Pese a ello, López sostiene que “existen conversaciones abiertas y una expectativa concreta de encaminar la situación”.
“Vemos muy viable y positivo que podamos encaminar esto”, aseguró, aunque evitó dar precisiones.
Confirmó que “mantuvieron reuniones con autoridades provinciales y que esperan un nuevo encuentro en los próximos días, no se nos han negado reuniones, nos hemos sentido acompañados, estamos confiados en que puede venir una buena noticia”, afirmó.
Al mismo tiempo, lanzó un llamado explícito a la dirigencia política, sin distinción partidaria y al respecto manifestó que “invito a todos a que vengan a la planta, es diferente estar en la piel de otro”, sostuvo.
Según indicó, hasta el “momento no recibieron la visita de referentes de algunos sectores políticos a los que había convocado públicamente”.
Dignidad y resistencia
Puntualizó que “lo que duele es lo cotidiano, tenemos compañeros que todavía no le dijeron a sus hijos que están desempleados”, relató López.
“Hay trabajadores a pocos años de jubilarse que difícilmente encuentren reinserción laboral, otros, con 40 años, se preguntan cómo reinventarse” en un contexto adverso.
“La necesidad lo amerita y se lo terminan llevando con lágrimas en los ojos”, describió.
En paralelo, la planta se convirtió en un punto de encuentro comunitario, veteranos de guerra acercaron su bandera, artistas fueguinos organizaron un festival solidario y los propios trabajadores montaron un escenario para sostener visibilidad y recaudar fondos
“Estamos todos juntos, unidos, y es lo que estamos haciendo”, afirmó el delegado.
La pelea por volver a producir
La discusión de fondo excede la asistencia social. Los trabajadores no quieren subsidios permanentes: quieren volver a producir. El interrogante es si habrá decisión política y condiciones económicas para reactivar una planta que fue durante años parte del entramado industrial fueguino.
Mientras tanto, la fábrica permanece abierta, pero sin máquinas en marcha. Los empleados hacen guardias, organizan donaciones y sostienen la esperanza.
“Es cruel”, repitió López. Pero también dejó en claro que no se resignan. Porque detrás de cada aire acondicionado que ya no se fabrica, hay 140 historias que todavía buscan un desenlace distinto.

