Devita expone la fragilidad del modelo fueguino

El ministro de Producción destacó avances en la comisión del área aduanera especial y la apertura de nuevos mercados para productos locales, pero advirtió que la política macroeconómica, la caída del consumo y la apertura de importaciones ponen en jaque a la industria, con riesgo de cierres y conflictos laborales.

Río Grande.- El ministro de Producción y Ambiente de Tierra del Fuego, Francisco Devita, trazó un diagnóstico dual tras la última reunión de la comisión del área aduanera especial, donde por un lado, celebró “avances concretos que permiten ampliar mercados para la producción local”, pero por otro, advirtió con “crudeza sobre la profundidad de la crisis que atraviesa el entramado industrial, especialmente el sector electrónico, golpeado por factores estructurales y decisiones de política macroeconómica”.

En una entrevista con FM Espectáculos, el funcionario remarcó que “el encuentro fue muy positivo”, no solo por el clima de diálogo sino porque “se aprobaron todos los puntos que llevamos”, algo que, según subrayó, “no es menor en un ámbito donde la provincia está en minoría frente a la representación nacional”.

 

Exportar desde la isla: una ventana en medio de la recesión

 

Uno de los puntos centrales de la reunión fue la aprobación de un proyecto presentado por la empresa Aguas del Faro, que permitirá exportar un producto elaborado en Tierra del Fuego hacia el territorio continental, específicamente a provincias como Santa Cruz y Chubut.

Devita explicó que “esta iniciativa no solo habilita nuevos canales comerciales, sino que se apoya en una herramienta clave como es el certificado de origen provincial”. “Es un documento que acredita que un producto es originario del área aduanera especial y permite comercializarlo en el territorio nacional con los beneficios impositivos y arancelarios de la Ley 19.640”, detalló.

El esquema, sin embargo, no es automático porque “requiere un proceso técnico y político en el que intervienen distintas áreas del gobierno provincial y luego la comisión del área aduanera especial, donde Nación tiene mayoría”. 

“Somos rigurosos porque se trata de beneficios impositivos importantes, no se le puede dar a cualquiera, hay que cumplir con la normativa”, aclaró.

En este caso puntual, incluso se otorgó una excepción transitoria para facilitar la comercialización inmediata del producto, permitiendo adecuaciones en el etiquetado en un plazo de seis meses.

Para el ministro, este tipo de decisiones son estratégicas en el contexto actual porque “tenemos una baja muy clara de consumo, entonces, abrir nuevos mercados y segmentos para la producción local es fundamental, sobre todo en la región patagónica”.

 

Un régimen bajo presión

 

Más allá de los avances, Devita dejó en claro que “el régimen de promoción industrial atraviesa tensiones estructurales”.

Puntualizó que “el propio diseño del área aduanera especial, históricamente orientado al mercado interno, hoy enfrenta el desafío de adaptarse a un escenario de caída del consumo y mayor competencia externa”.

“Nosotros tenemos el régimen bastante cerrado. Estas herramientas permiten aplicar los beneficios a productos que puedan salir al continente o incluso al exterior”, explicó.

En ese marco, reconoció que “existen otros actores interesados en acceder a certificaciones de origen, aunque no todos logran cumplir con los requisitos”.

“Hay que demostrar un fuerte componente local. Puede haber insumos no originarios, pero tienen que ser marginales en relación al producto final”, precisó.

 

La otra cara: una industria en crisis

 

El tono optimista sobre las exportaciones contrastó con el diagnóstico sobre la industria electrónica, donde el ministro fue categórico al marcar que “está mal”.

De Vita vinculó la situación a una combinación de factores que definió como un “combo explosivo, con la apertura de importaciones, reducción de aranceles y caída del consumo”.

 “Nadie va a producir para un mercado que no compra. Es muy difícil sostener cualquier producción en ese contexto”, sostuvo.

El funcionario fue más allá y habló de una “política macroeconómica de desindustrialización”, cuyos efectos, según remarcó, se “sienten a diario en la provincia, no somos una isla, todas las decisiones macro impactan directamente en Tierra del Fuego”, afirmó.

 

Conflictos, cierres y un escenario incierto

 

En ese contexto, el gobierno provincial sigue de cerca situaciones críticas como la de la empresa Aires del Sur, donde ya se registran conflictos laborales.

 Devita confirmó que “el Ejecutivo analiza alternativas incluso en el plano judicial para evitar la quiebra, aunque reconoció las limitaciones del Estado”.

“Es una relación entre privados, entre trabajadores y empresa, nosotros acompañamos, pero no podemos intervenir directamente en todos los casos”, explicó.

Consultado sobre propuestas de expropiación, el ministro fue escéptico y planteó interrogantes de fondo: “¿Cuál sería el financiamiento para expropiar? Si no hay financiamiento, es muy difícil. Además, se perderían los beneficios de la Ley 19.640 porque cambia el sujeto”.

 

Agenda abierta y expectativa moderada

 

Pese al escenario adverso, Devita aseguró que “el gobierno provincial trabaja en conjunto con cámaras empresariales como CAFIN para elaborar propuestas que permitan sostener la actividad, incluyendo iniciativas de sustitución de productos y revisiones normativas”.

También anticipó que “uno de los focos estará puesto en la industria textil, otro de los sectores golpeados, con una agenda que buscará instalarse en la Secretaría de Comercio en los próximos meses”.

“La reunión nos dio energía para seguir planteando cosas más de fondo. Hay expectativa de que algunas se puedan concretar”, señaló.

 

Entre la gestión y la incertidumbre

 

El mensaje del ministro deja una conclusión clara: mientras se buscan mecanismos para sostener la producción y abrir nuevos mercados, la estructura industrial fueguina enfrenta un escenario de alta vulnerabilidad.

La aprobación de exportaciones aparece como una señal positiva, pero insuficiente frente a una crisis más profunda. En ese equilibrio inestable entre gestión y contexto macroeconómico, el futuro de la industria, y del empleo, sigue siendo una incógnita abierta.

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