El especialista en delitos informáticos Aníbal Lazzaroni analizó el fenómeno de amenazas en instituciones educativas tras el caso de Santa Fe y alertó sobre la falta de preparación institucional, la escasa intervención familiar y la ausencia de políticas públicas integrales.
Río Grande. -Luego del episodio ocurrido en Santa Fe, comenzaron a multiplicarse amenazas de tiroteos en escuelas de distintos puntos del país, incluida Tierra del Fuego. Para Aníbal Lazzaroni, este comportamiento responde a un efecto contagio.
“Es un fenómeno que muchas veces se da por réplica, sobre todo tratando de abusar de la situación. Hay que ser honestos con esto: es un grupo muy reducido de algunos estudiantes que, tratando de aprovechar esto, logran declinar en el dictado de las clases”, afirmó por Radio Provincia.
En ese sentido, remarcó que, si bien la problemática de armas está relativamente controlada en la provincia, el foco debe estar puesto en otros factores de riesgo y precisó que “Tierra del Fuego no es una provincia que tenga gran cantidad de armas; sí es más peligroso observar cómo con algún arma blanca o cúter puede suceder algún accidente o intento de lesión”.
“En donde hay que poner el foco es en los equipos de gestión para que estén atentos a cualquier situación de crisis”, manifestó.
Falta de atención a las crisis y señales de alerta
Lazzaroni hizo hincapié en la falta de intervención temprana frente a situaciones de conflictividad escolar. “Nosotros pasamos muchas situaciones de crisis en la provincia, en las escuelas primarias y secundarias, donde muchas veces no se les da atención primaria a los alumnos, y acá es donde hay que poner el foco”, sostuvo.
Entre los principales problemas, mencionó “desde el ciberbullying, principalmente, hasta las agresiones internas que se pueden generar en la escuela, y la no atención que se les da a estos casos: se minimizan”.
“En la provincia hemos tenido ataques entre alumnos con arma blanca, lesiones a terceros, agresiones múltiples a alumnos vulnerables y exposición en redes”, indicó.
El rol clave de la familia y la comunidad educativa
Para el especialista, uno de los déficits centrales es la falta de articulación con las familias. “Si no sabemos leer este mensaje y aplicar una campaña de concientización, no solamente con los alumnos, lo importante acá es que intervenga la familia, el mensaje se diluye en el tiempo”, explicó.
Y agregó que “las acciones que muchas veces se tratan de hacer en la provincia son muy pocas porque no se le pide la contraprestación a la familia en este trabajo”.
Escuelas sin protocolos ante amenazas de tiroteos
Uno de los puntos más críticos señalados por Lazzaroni es la ausencia de protocolos específicos para este tipo de situaciones y remarcó que “lo primero que tiene que haber es un protocolo de actuación con respecto a esto, que las escuelas no lo tienen”.
Si bien existen procedimientos ante incendios o amenazas de bomba, planteó que el sistema educativo no está preparado para eventos de violencia armada: “Nace un problema nuevo: cómo considerar que puede haber un enfrentamiento o alguien con algún tipo de trauma que vaya a lesionar a otra persona dentro de la escuela”.
También subrayó la necesidad de capacitar a docentes y equipos escolares: “Hay que preparar a los primeros respondientes, a los docentes, a los tutores y preceptores, que son quienes mejor conocen a los chicos”.
“Además, no se le coloca la responsabilidad civil que esto tiene que tener en el sentido de qué responsabilidad tiene el victimario que genere una denuncia falsa, y qué es lo que puede seguir después con las acciones civiles que se puedan llevar adelante”, destacó.
Asimismo, resaltó que “hoy, si se pone en vigencia la baja de la imputabilidad, podemos tener determinado tipo de herramientas. Si no tenemos esto, queda en bromas que hacen menores entre menores, y esto no tiene sanción”.
Debate sobre el accionar policial en instituciones educativas
Lazzaroni cuestionó las restricciones que impiden el ingreso de fuerzas de seguridad a las escuelas en situaciones críticas. “No puede ser que un policía no pueda entrar a una escuela. Si está en riesgo la vida de los estudiantes, tengo que poder generar un mal menor para evitar un mal mayor”, argumentó.
En esa línea, propuso aplicar criterios de sentido común y manifestó que “tengo que darle herramientas a las personas que saben para que puedan intervenir. Un policía puede entrar sin armamento y mediar, negociar o neutralizar una situación”.
Ciberbullying, grooming y violencia invisible
El especialista identificó al entorno digital como una de las dimensiones más complejas del problema. En este sentido, aseguró que “esa es la arista más dolorosa que tenemos. Estos tipos de brotes se originan por dos vías: la influencia de comunidades virtuales y las situaciones cotidianas de hostigamiento”.
“La gran mayoría de estos casos se dan por el hostigamiento a chicos vulnerables y el ciberbullying en distintos espacios digitales”, indicó.
“Tengo una denuncia hecha el día viernes en la Fiscalía por una escuela donde no se atiende el reclamo de los chicos con respecto al acoso y abuso que están sufriendo. Se diluye la atención, se minimiza el caso”, precisó.
Por su parte, comentó “si no atacamos las dos aristas no vamos a tener una sociedad sana, de hecho no la estamos teniendo”.
Sin estadísticas ni programas integrales
Otro de los déficits estructurales señalados es la falta de datos actualizados para diseñar políticas públicas. “Fuimos la única provincia que tenía estadísticas a nivel nacional de lo que sucedía en la virtualidad entre 2014 y 2023, y eso se dio de baja. Hoy no tenemos estadísticas”, lamentó.
Para Lazzaroni, esto impide dimensionar el problema y cuestionó que “si no medís la violencia escolar, el clima en el aula y la cantidad de casos, ¿cómo hacés para ajustar el trabajo?”.
“El Poder Judicial te da las denuncias, pero hay una cantidad enorme de situaciones que no aparecen: el que no denuncia, el que no sabe cómo hacerlo o el que no es atendido”.
Por otro lado, manifestó que “no hay equipos, no hay gente preparada, esto no se está abordando de la forma que se tiene que abordar y lamentablemente, tampoco se prepara a las familias para estas situaciones”.
“No se trabaja en un programa serio, decimos que hacemos charlas, pero trabajar en un programa serio es arrancar con un piso, hago la medición de los chicos que tengo, mido la violencia escolar o lo que se denomina clima escolar, y de ahí hago la medición de los casos que voy teniendo en el mes y lo voy ajustando”, detalló.
Lazzaroni, indicó que “no todas las escuelas tienen la misma realidad en su situación de crisis, entonces un programa estándar no se puede aplicar para todo el mundo igual. Necesitas un programa donde específicamente se pueda ajustar a la realidad de cada escuela, por ello es importante la preparación del equipo de orientación o del equipo de gabinete”.
Un sistema que “funciona a parches”
En el cierre, el especialista fue contundente sobre el estado actual del abordaje institucional. “Cuando tenemos un chico en problemas, lamentablemente no tenemos ni el sistema de salud mental que lo pueda asistir, ni el sistema de gabinete que lo pueda contener. Todo es parche”, afirmó.
“Tenemos que visualizar esto y tener una política pública que atienda específicamente esta realidad que nos toca vivir y que vamos a tener para siempre, porque la virtualidad llegó para quedarse y es parte de la vida contidiana”, concluyó.

