María González y Susana Redondo advierten sobre la caída de donaciones y el aumento de la demanda. Con 19 años de trabajo sostenido, el espacio comunitario se reorganiza para priorizar a las familias más vulnerables mientras impulsa una colecta clave de ropa de abrigo para enfrentar el invierno.
Río Grande.- En medio de un escenario social cada vez más complejo, el comedor comunitario de Río Grande vuelve a apelar a la solidaridad vecinal. De la mano de sus referentes, María González y Susana Redondo, se lanzó la campaña de invierno “RG nos abriga”, una iniciativa que busca reunir ropa y elementos esenciales para asistir a quienes más lo necesitan.
La convocatoria fue presentada en una entrevista en FM Aire Libre, donde ambas describieron con crudeza el presente del comedor y el esfuerzo cotidiano que implica sostenerlo.
“Sí, iniciamos la campaña de invierno, todos los años la hacemos, ya son diecinueve años que estamos con el comedor, así que también es diecinueve años de la campaña de invierno, este año se llama RG nos abriga”, contó María.
Una campaña urgente para atravesar el invierno
La colecta apunta a cubrir necesidades básicas en una de las épocas más duras del año. “Todo lo que es indumentaria de abrigo, campera, pantalones, calzados, frazadas, acolchados, todo es bienvenido siempre que esté en buen estado, limpio, por lo menos, por ahí si hay que arreglar algo, se arregla, pero sí que esté limpio, que sea ponible”, explicó.
“La ayuda está destinada tanto a niños como a adultos y se extenderá durante abril y mayo”, confirmó.
Para facilitar la participación, se habilitaron distintos puntos de recepción en la ciudad, además del propio comedor ubicado en Uani 854. También se puede acceder a la información a través de su página en redes sociales.
De un gesto solidario a una red comunitaria
La historia del comedor es también la historia de una necesidad que creció con los años y al respecto María dijo que “el origen nuestro fue en el barrio Los Fueguinos cuando empezaron los barrios irregulares, nosotros también empezamos ahí, sin pensar que íbamos a hacer un comedor, sino que se empezó dándole una comida de lo que yo tenía en mi casa a los vecinos que necesitaban, y ahí se hizo el comedor”, recordó.
El nombre surgió casi de “manera espontánea, yo me llamo María, entonces los chicos decían ‘vamos al comedor de María’, y quedó comedor María”.
Desde entonces, el sostenimiento fue posible gracias a una “red de apoyo comunitario, yo siempre doy las gracias a la comunidad, a Río Grande, a los medios de comunicación, al Rotary, a todos los que estuvieron desde el primer día conmigo”, destacó.
Y remarcó una característica que, pese a todo, se mantiene que es que “Río Grande es solidaria, la gente común que por ahí tiene un paquete de fideos o ropa que ya no usa, va y te lo lleva”.
Menos recursos, más restricciones
Sin embargo, el contexto actual obligó a replantear la dinámica del comedor porque “la situación este año está muy, muy difícil. Creo que es a nivel nacional”, señaló María.
Puntualizó que “la caída de ingresos impacta directamente en las ayudas que recibíamos, el municipio, que era el que más nos entregaba alimentos, ya no lo puede hacer como antes, el gobierno también nos ayuda un poco menos, las empresas ayudan menos, es menos, pero siempre hay ayuda”.
Frente a este escenario, la organización “debió adaptarse, ya no cocinamos todos los días, cocinamos dos o tres veces a la semana, depende lo que hay”.
También se redujo la entrega de mercadería, recordando que antes “entregábamos bolsas de alimento, tampoco ya se puede hacer, es muy poco lo que se entrega, nos vamos adaptando a la situación que vivimos”.
Decisiones difíciles: priorizar a quienes más lo necesitan
Uno de los cambios más duros fue redefinir a quiénes asistir. “Nos juntamos y dijimos: o cerramos el comedor o nos tenemos que adaptar para poder ayudar al que más necesita”, relató.
La decisión fue clara, aunque dolorosa: “Priorizamos las familias que tienen muchos hijos. Ya dejamos de lado a las personas solas”.
“Tenemos familias con ocho, siete hijos. De tres hijos para arriba”, detalló. Y reconoció el impacto emocional: “Nos costó, nos cuesta. Es dolorosa la situación”.
Aun así, intentan no dejar a nadie completamente sin respuesta: “Por ahí te van a pedir y le decís: tengo un paquete de fideos o algo mínimo que le podés dar”.
Jornadas largas, trabajo silencioso
El funcionamiento del comedor implica un trabajo cotidiano intenso, muchas veces invisible.
Susana lo describe con precisión al marcar que “arrancamos a las nueve de la mañana, empezamos con la elaboración de la comida y ahora también con la selección de la ropa”.
La tarea “no es solo cocinar, ya conocemos a nuestros niños y vamos separando los talles. Desde la mañana arrancamos y a veces estamos hasta la tarde”.
A pesar del esfuerzo, el motor sigue siendo el “compromiso, lo hacemos con gusto”, afirmó.
No solo comida: una red de asistencia integral
El comedor no se limita a brindar alimentos. La demanda se multiplica en distintas áreas, por ejemplo “tenemos útiles escolares, pañales, ropa de bebé, siempre hay alguien que necesita algo y salimos a pedir”, explicó María.
Ese circuito implica “más trabajo, todo eso llega y nosotros tenemos que clasificar, lavar, acomodar y dárselo”.
Incluso en la cocina, el criterio es “claro, priorizar la calidad por sobre la cantidad, yo puedo entregar todos los días comida, pero no es lo que yo cocino. No le voy a dar unos fideos solos. Tiene que ser algo sustancioso, con verduras, con carne”, sostuvo.
Por eso, volvió a salir a buscar donaciones, “voy a la carnicería, pido si tienen carne, un poco de puchero para las lentejas”.
La solidaridad como sostén en tiempos difíciles
A 19 años de su creación, el comedor María atraviesa uno de sus momentos más complejos, pero sigue en pie gracias a la voluntad de quienes lo sostienen y al aporte de la comunidad.
La campaña “RG nos abriga” aparece, en ese contexto, como una herramienta clave para afrontar el invierno y continuar acompañando a las familias más vulnerables.
Con menos recursos y más necesidades, el desafío es mayor. Pero también lo es el compromiso, seguir, adaptarse y no dejar de tender una mano donde más hace falta.

