Trabajadores de Blanco Nieve nunca cobraron la deuda que está judicializada

El panorama de los trabajadores textiles en la región es alarmante tras el cierre intempestivo de firmas clave y un desplome abrupto del empleo en el último año. Desde el SOIVA confirmaron que trabajadores y trabajadoras de Blanco Nieve nunca cobraron la deuda ni la indemnización, luego que la patronal paralizara la planta. Con apenas dos empresas en pie y la producción bajo mínimos por la caída de las ventas, los representantes del sector denuncian el abandono total por parte de los empresarios que desaparecieron de la noche a la mañana. Frente a la incertidumbre y la falta de respuestas, la única salida que les queda es la vía judicial y la resistencia colectiva para defender los puestos que quedan.

Río Grande – El escenario tras el cierre repentino de Blanco Nieve es de un vacío absoluto, ya que al llegar al lugar no se encontraron con nadie y el paradero de los responsables sigue siendo un misterio. «Lamentablemente, de Blanco Nieve, no hay ninguna novedad porque el dueño desapareció, no apareció nadie, se fue el gerente, recursos humanos y nadie, ni abogados, nada», detalló la secretaria General del SOIVA, Silvia Vidal, con evidente frustración ante la falta de respuestas. Ante este abandono patronal, la única alternativa viable fue avanzar por la vía legal para intentar resarcir a los damnificados, confirmando que «se presentó todo, se inició el juicio para que la gente cobre, porque se fue sin cobrar nada».

La desesperación de los operarios de esa firma los llevó a sostenerse de manera autogestiva durante los últimos meses de actividad, comercializando el propio stock para poder subsistir. «La gente de Blanco Nieve estuvo dos meses pagándose el sueldo con las ventas de las sábanas», recuerda la referente gremial, aclarando que la patronal no desembolsó un solo peso para el personal y que actualmente «están todos en juicio».

Al comparar la realidad actual con épocas más prósperas para el sector textil, el desplome en la cantidad de trabajadores encuadrados bajo convenio es drástico y refleja la profundidad de la crisis. «Ahora no llegamos ni a 70, y el año pasado éramos el doble de lo que somos ahora», lamentó, remarcando que la dotación de personal se redujo a la mitad en un período de tiempo muy corto. Esta sangría de puestos de trabajo se aceleró con la caída de otros establecimientos de la zona, lo que dejó un tendal de desocupados y un mapa productivo sumamente debilitado, al punto que «ha bajado muchísimo, y la verdad que está recomplicada la situación para estas empresas» ya que de confección solo quedan dos en actividad tras el cierre de la parte correspondiente de Badisur.

Una de las pocas firmas que resiste en pie en la región es Armavir, aunque su realidad cotidiana tampoco escapa a las generales de la ley de emergencia que atraviesa la industria local. «Hasta el momento está trabajando con baja producción también, porque también tiene la mitad del personal de lo que tenía el año pasado», describió Vidal sobre el presente de la fábrica. Los argumentos que esgrimen desde la patronal para justificar este escenario apuntan directamente a factores de mercado y regulaciones, dado que «lo que aluden es lo de las ventas y el tema del cupo de producción». Vale recordar que la otra planta que está produciendo es Sueño Fueguino, donde recientemente se produjeron 13 despidos y la actividad es también mínima.

Respecto a las expectativas para los próximos meses y la manera en que se proyecta el futuro de la actividad en la provincia, el panorama se presenta cuesta arriba y requerirá un esfuerzo redoblado por parte de la organización de los trabajadores. «Está muy complicado, muy, muy complicado, porque la verdad que no sabemos», admitió la secretaria General del SOIVA con crudeza, sobre la incertidumbre reinante. Aunque dejó en claro que la entrega no es una opción para el sector de las textiles y concluyó asegurando que «nosotros la vamos a luchar hasta el final, por supuesto, pero está muy complicada la situación».

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