“Al menos el 30% de las ballenas regresan cada temporada”, dijo la investigadora Dellabianca

La investigadora del CADIC-CONICET, Natalia Dellabianca, reveló que desde hace años realizan un seguimiento científico mediante fotoidentificación que permitió comprobar que numerosos ejemplares vuelven una y otra vez al Canal Beagle atraídos por la abundancia de alimento. Alertó que aún no existe una regulación específica para el avistaje, insistió en la necesidad de preservar el ecosistema frente a amenazas como la salmonicultura y sostuvo que el turismo vinculado a las ballenas tiene un enorme potencial, siempre que se desarrolle bajo criterios de sostenibilidad y respeto por el comportamiento natural de los cetáceos.

Rìo Grande.- Las ballenas ya no son visitantes ocasionales del Canal Beagle. Su presencia se ha convertido en un fenómeno cada vez más frecuente y, gracias al trabajo científico que desde hace más de una década desarrolla el CADIC-CONICET, hoy existe evidencia de que muchos de esos ejemplares regresan año tras año a las aguas fueguinas para alimentarse.

Así lo afirmó la investigadora Natalia Dellabianca, durante una entrevista concedida a FM Del Pueblo, donde explicó el trabajo de monitoreo que lleva adelante el equipo científico, los avances alcanzados mediante proyectos de fotoidentificación y las principales amenazas que enfrenta este ecosistema marino.

La especialista sostuvo que “el regreso de las ballenas no es casual, sino que responde a condiciones ambientales favorables que encuentran en el Canal Beagle, hace varios años ya que venimos registrando la presencia de los animales y, en algunos casos en particular, a través de las fotos y proyectos de fotoidentificación logramos individualizarlos, y eso nos permite saber que los mismos animales regresan en diferentes temporadas”.

Según explicó, la posibilidad de reconocer individualmente a los ejemplares representa “uno de los avances científicos más importantes de los últimos años, eso nos permite saber que los mismos animales vuelven una y otra vez”, remarcó.

 

El alimento explica el regreso de las ballenas

 

Dellabianca señaló que la principal razón por la que estos grandes mamíferos regresan periódicamente al Canal Beagle es la disponibilidad de alimento.

“En realidad la zona tiene alimento para ellos, que son sardinas y langostillas principalmente”.

Indicó además que “la mayoría de los ejemplares identificados pertenecen a poblaciones del océano Pacífico y que utilizan una extensa área de alimentación que incluye también el estrecho de Magallanes, podría ser una gran área de alimentación donde estarían predando sobre las mismas presas”.

La investigadora explicó que las especies observadas con mayor frecuencia son la ballena jorobada y la ballena sei, mientras que en forma mucho más esporádica aparecen ballenas minke e incluso algunas ballenas francas.

Respecto de su alimentación, precisó que “las principales presas son la sardina fueguina y la langostilla, también conocida por algunos como bogavante, aclarando que esta última no corresponde al krill propiamente dicho”.

“No se trata de la misma especie, son crustáceos emparentados, pero no es estrictamente el krill como nosotros lo conocemos”.

 

Ciencia ciudadana: miles de fotografías ayudan a identificar a cada ejemplar

 

Uno de los aspectos más destacados de la investigación desarrollada por el CADIC-CONICET es el proyecto de ciencia ciudadana que involucra a navegantes, turistas, guías y residentes de Tierra del Fuego.

Dellabianca explicó que “el trabajo comenzó alrededor de 2013 y tomó un fuerte impulso desde 2018, los capitanes, los guías, los tripulantes, los turistas y las personas que salen a navegar nos mandan fotografías de la cola de las ballenas”.

La investigadora explicó que “la parte inferior de la aleta caudal funciona exactamente como una huella digital, cada animal tiene un patrón diferente de coloración”.

Gracias a esas imágenes, los investigadores pueden reconocer individualmente a cada ejemplar y reconstruir su historia de vida.

“Eso nos permite identificar a los animales y saber cuántos han venido a la zona, si vuelven y cuántas veces regresan”.

Si bien aclaró que “seguramente existen muchos ejemplares que no llegan a ser fotografiados, el sistema permitió obtener resultados muy relevantes”.

“La fotoidentificación es muy buena para tener esa idea y es la que nos permite saber que al menos un 30 por ciento de la población regresa en diferentes temporadas”.

 

Aún no existe una regulación específica para el avistaje

 

Consultada sobre el creciente interés turístico que despiertan las ballenas y la conducta que deben adoptar quienes realizan excursiones de observación, Dellabianca explicó que “Argentina todavía no cuenta con una normativa específica destinada exclusivamente al avistaje en el Canal Beagle, no hay una regulación particular para el tema del avistaje”.

Sí recordó que existe la Ley 17.676 sobre acercamiento a cetáceos y distintas recomendaciones de buenas prácticas que “muchos operadores turísticos respetan, hay capitanes de embarcaciones turísticas y recreativas que siguen esas recomendaciones”.

Sin embargo, reconoció que todavía existen situaciones donde el acercamiento no resulta adecuado, “como en todos lados hay personas que no, pero muchas veces puede ser producto del desconocimiento”.

Para la investigadora, el problema no responde a una intención deliberada de molestar a los animales, sino que “tiene que ver con el desconocimiento y con las ganas de estar lo más cerca posible”.

Precisamente por ello insistió en la necesidad de generar “mayor información y educación ambiental, por ahí viene un poco la situación de que a veces el acercamiento no es del todo responsable”.

 

Un enorme interrogante científico sobre las rutas migratorias

 

Dellabianca explicó que todavía quedan numerosas preguntas por responder acerca de los desplazamientos de las ballenas que aparecen tanto sobre la costa atlántica fueguina como en el Canal Beagle.

Reconoció que “actualmente no pueden determinar con certeza si se trata de las mismas poblaciones, lo que hoy por hoy todavía no conocemos es si las ballenas que se ven en la costa atlántica de Tierra del Fuego son las que vienen del Atlántico o si pueden venir del Pacífico, cruzar el estrecho de Magallanes e ingresar al canal”.

Para responder esa incógnita sería necesario “colocar transmisores satelitales, pero son equipamientos muy caros y por el momento no contamos con los fondos necesarios”.

 

La mayor forma de protegerlas es cuidar el ambiente

 

Más allá de las recomendaciones para quienes realizan excursiones de avistaje, Dellabianca dejó en claro que la principal responsabilidad de la sociedad pasa por preservar la salud del ecosistema marino.

“Desde tierra el principal efecto que podemos llegar a causar es generar contaminación”.

Advirtió que cualquier deterioro ambiental termina “afectando toda la cadena ecológica, si se empiezan a degradar los ambientes acuáticos, ahí es donde podemos afectar no solamente a las ballenas sino a todo el ecosistema”.

Explicó que en un ambiente degradado desaparecen primero las “especies que sirven de alimento y luego también los grandes depredadores, en un ecosistema que no es saludable no va a haber otros organismos que sustentan la presencia de ballenas, pingüinos y otras especies”.

Por eso resumió el mejor comportamiento posible en una frase sencilla al sostener que “la mejor manera de no molestarlas es disfrutarlas de una manera amigable y tratar de no contribuir a la degradación del ambiente”.

 

Salmonicultura: preservar el mar para que las ballenas sigan regresando

 

Durante la entrevista también fue consultada acerca del impacto que podría generar la instalación de criaderos de salmones en el Canal Beagle.

Sin ingresar en definiciones políticas, Dellabianca respondió desde una perspectiva estrictamente ecológica.

“Se sabe en otros lugares que eso lleva a una degradación del ecosistema”.

Explicó que cualquier alteración importante repercute desde los “primeros niveles de la cadena trófica hasta los organismos superiores, cuanto más se preserve el ambiente marino, más chances tenemos de disfrutar no sólo de estos animales sino de muchos otros que viven en la región”.

 

Una temporada de ballenas que puede potenciar el turismo

 

Para la investigadora, Tierra del Fuego ya reúne condiciones para comenzar a hablar de una verdadera temporada de ballenas.

“La realidad es que uno podría empezar a hablar ya ahora de temporada de ballenas”.»

Recordó que el seguimiento científico demuestra que “los animales regresan regularmente y que la mayor concentración se registra entre febrero y junio, especialmente durante abril, mayo y junio, muchas veces eso coincide con una temporada un poco más baja de turismo”.

A su criterio, ese fenómeno representa una “oportunidad para diversificar la oferta turística de la provincia, podría ser algo muy bueno para la ciudad y para la provincia, siempre y cuando también se haga de manera sostenible”.

 

Cómo detectar cuando una ballena está siendo molestada

 

En el tramo final de la entrevista, Dellabianca explicó que las propias ballenas manifiestan comportamientos que permiten identificar cuándo están siendo perturbadas por embarcaciones o personas.

“Los animales empiezan a tener algunos signos donde se nota que están más molestos”.

Entre esas conductas mencionó cambios en sus “desplazamientos y patrones de inmersión, empiezan a evadir, se van hacia otros lugares y realizan buceos más profundos y más largos”.

También describió movimientos corporales que pueden interpretarse como señales de fastidio como por ejemplo “pueden hacer golpeteos de cola o golpeteos de aleta, y eso muchas veces puede estar relacionado con un fastidio”.

La investigadora subrayó que “interpretar correctamente esas conductas resulta fundamental para minimizar el impacto humano, a veces uno tiene que intentar interpretar esas señales porque no dejan de ser animales salvajes y de un gran tamaño”.

Finalmente advirtió que el estrés acumulado podría tener “consecuencias difíciles de medir en el corto plazo, quizás nos terminemos dando cuenta dentro de un tiempo cuando los animales elijan otra zona más tranquila si fueran asediados constantemente”.

Y concluyó recordando que “el desafío consiste en compatibilizar la investigación científica, el turismo y la conservación, nosotros en general salimos en embarcaciones y el ruido también puede generar efectos. Por eso es importante seguir difundiendo estas investigaciones para que cada vez más personas comprendan cómo convivir responsablemente con estos animales que eligieron al Canal Beagle como uno de sus sitios de alimentación y permanencia”.