Tomó un crédito UVA de cuatro millones y ahora debe treinta

Hoy tendrá lugar la primera audiencia en la capital fueguina en el marco de las demandas interpuestas por damnificados de Ushuaia que tomaron créditos UVA, en tanto los denunciantes de Río Grande deberán esperar a marzo de 2023. El comerciante ushuaiense David Stutz expuso su caso y el padecimiento para sobrevivir a una deuda impagable, a riesgo de perder su vivienda, dado que tomó un crédito de cuatro millones, ahora debe treinta y solamente en el último mes la deuda aumentó dos millones, con una cuota que ya supera los 268 mil pesos. Literalmente hay familias que viven y se sobrecargan de trabajo para afrontar esas cuotas. “Soy trabajador independiente y le meto más horas al laburo, contrato menos gente y me cargo yo de más horas de trabajo, pero no sabemos hasta dónde vamos a poder aguantar”, dijo. Hasta el momento la clase política no toma cartas en el asunto, que considera un conflicto entre privados, cuando fue una operatoria alentada por el Estado durante la gestión Macri. El abogado que patrocina a damnificados de Ushuaia y Río Grande aspira a una salida consensuada, con un cambio en la modalidad de cálculo de la deuda de capital.

Río Grande.- Hoy tendrá lugar la primera audiencia en el marco de las demandas interpuestas por más de una decena de damnificados de la capital fueguina, mientras que en Río Grande llegan a 60 los demandantes pero tendrán que esperar a marzo del 2023 para que se realice la audiencia preliminar, en la que se busca un acuerdo, en este caso con el Banco Tierra del Fuego como contraparte, para una modificación en la forma de cálculo de la deuda de capital.

En la última semana se multiplicaron por los medios los relatos de distintos vecinos que aspiraban a su primera vivienda y tomaron créditos por dos millones, pero ahora deben doce. Por FM La Isla relató su caso el comerciante de Ushuaia David Stutz, que tomó un crédito de cuatro millones, ahora debe treinta y en un mes tuvo un aumento de dos millones en su deuda, con una cuota superior a los 268 mil pesos, que se vuelve impagable y confiscatoria.

“Yo empecé los trámites para obtener el crédito a fines de 2017, porque primero tenían que ver si calificaba, y después de ver distintas propiedades con mi esposa, nos otorgaron el préstamo en marzo de 2018. El monto fue de 4.866.500 pesos, y la cuota era de 39.698 pesos. Mi deuda actual es de 30.870.773 pesos y la cuota es de 268.226 pesos”, precisó, visibilizando un aumento exponencial que no se condice con la variación inflacionaria en estos años, según la cual se ajusta la deuda de capital.

Stutz no cobra un salario porque es comerciante, así que deposita el dinero en su cuenta y de allí se debita la cuota del préstamo, dado que en el caso de los asalariados el descuento es directo con la acreditación de haberes.

“No pagué durante el año que suspendió el gobierno -durante la pandemia-, y pasaron esa deuda para el final del préstamo. A la fecha tengo 42 cuotas pagas, de 240 en total, porque saqué un plan a 20 años; pero en tres años pasé de cuatro millones a treinta y es impredecible el valor al que se podría llegar en ese plazo. El mes anterior yo pagué una cuota de 250.973 pesos y debía 28.887.000 y ahora debo dos millones más, en un mes”, expresó.

Tiene previsto sumarse a los demandantes de la capital fueguina, si bien en su caso la contraparte no es el Banco Tierra del Fuego sino el Santander Río, dado que hubo operatorias con la banca privada: “Yo me enteré de la acción que está llevando adelante el Dr. Cristian Rubio a través de los medios y me comuniqué con él. Ahí me enteré de que no soy uno solo, sino que somos un montón. Yo tenía cuentas en el banco y a raíz de la pandemia me fundí, tuve que empezar de nuevo, y estoy en el rubro gastronómico. No pagué durante el año que suspendió el gobierno y después nadie me avisó que se reactivaba. Me enteré en julio por una notificación del banco de que entraba la cuarta cuota en mora, porque a mí no se me acreditan haberes, y se iba a ejecutar la deuda. Tanto mi mujer como yo entramos en desesperación y empezamos a pagar y tratar de achicar la deuda, pero estamos todo el tiempo pensando cómo podemos generar más dinero para poder pagar esa cuota. Soy trabajador independiente y le meto más horas al laburo, contrato menos gente, me quedo con la justa y me cargo yo de más horas de trabajo. Pero a este promedio no sé qué va a pasar, porque en un mes la cuota me aumentó 18 mil pesos y la deuda de capital subió 2 millones. Esta deuda no nos deja hacer mucho más que salir a caminar en mi caso para despejar un poco la cabeza, pero somos un matrimonio con una hija y tenemos los gastos típicos de cualquier familia, porque nos tenemos que alimentar”, planteó.

“A mí me dieron el 70% del valor de la casa y hay gente que recibió hasta el 90%. Hoy no sé cuánto vale mi casa, porque se ha desmadrado todo, y cuando la compré costaba el equivalente a 350 mil dólares, pero los valores en dólares de las propiedades bajaron con esta variación de los últimos años y tengo entendido que cuesta bastante menos en dólares. Yo recurrí al banco para ver qué podía hacer y lo único que me ofrecieron fue ampliar el plazo de 20 años a 25 ó 30 años. La misma gente que trabaja en el banco me dijo que no me convenía porque a la larga iba a terminar pagando lo mismo y por más tiempo”, señaló, exponiendo el callejón sin salida de los que tomaron estos préstamos, salvo que la justicia haga su parte y atienda sus derechos.

 

Vivir con miedo

 

Stutz expresó el temor de la familia a perder la vivienda, porque las cuotas se vuelven imposibles de sostener. “El temor está, ya estoy pisando los 50 años y no tengo la misma fuerza que cuando arranqué. Todavía me quedan 16 años más para pagar y, a este paso, soy consciente de que va a llegar un momento en que no lo voy a poder afrontar. Hasta hoy venimos haciendo todo lo posible, nos estamos privando de todo como familia, porque primero tenemos que pagar esto para no perder nuestra casa”, dijo.

“Ya fui vendiendo cosas, porque para pagar hay que vender. Antes de la pandemia la inflación no era la actual y uno llevaba un estándar de vida diferente, pero tuve que sacrificar la camioneta entre otras cosas que tuve que vender para sobrevivir, porque además en pandemia nos quedamos sin ingresos y había que seguir viviendo. La asistencia del gobierno fue para ayudar a pagarle al personal a cargo, pero nunca contempló la situación de los propietarios que vivían de ese negocio”, remarcó.

 

Las falsas promesas

 

Recordó que en el momento que surgió la operatoria “era la única opción para acceder a una vivienda, decían que era una opción maravillosa y, si pudiera volver el tiempo atrás, no hubiera tomado ese crédito. Sería fantástica la operatoria con una inflación controlada, pero con una inflación de tres dígitos es imposible de mantener. La cuota de febrero fue de 171 mil pesos y ocho meses después estoy pagando 268 mil pesos. Es impagable para cualquiera”, concluyó.

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