“Todo nace en las ciudades”, sostuvo Hoyos

Un nuevo ataque de perros asilvestrados volvió a exponer una problemática crónica y sin respuestas de fondo en Tierra del Fuego. Esta vez, el escenario fue la Misión Salesiana – Escuela Agrotécnica, donde más de 120 corderos fueron masacrados, dejando pérdidas productivas, educativas y económicas que equivalen al trabajo de todo un año.

Río Grande.- El administrador del establecimiento, Mauricio Hoyos, brindó un testimonio contundente en FM Aire Libre y apuntó sin rodeos contra la falta de continuidad de las políticas públicas, la irresponsabilidad urbana y la ausencia de un abordaje estructural frente a una situación que se repite y escala.

“Esto no nace en el campo, esto nace en las ciudades”, sentenció Hoyos, al explicar que los “perros no aparecen espontáneamente en zonas rurales, sino que son el resultado del abandono, la falta de control, la no castración y la desidia estatal sostenida en el tiempo”.

 

Una matanza planificada y reiterada

 

El ataque fue detectado a comienzos de la semana, cuando docentes y alumnos que realizaban prácticas rurales advirtieron la presencia de perros en el predio.

Al recorrer el campo, encontraron el lote de corderos —que había sido separado días antes como parte de una práctica educativa— totalmente devastado.

“Ya superamos los cien animales muertos y estimamos que vamos a estar por encima de los 120 o 130. El número todavía no está cerrado”, explicó Hoyos, quien advirtió que “más de 50 animales resultaron heridos, muchos de los cuales también morirán”.

Según relató, el nivel de daño descarta un hecho aislado, al sostener que “no pudo haber sido un solo ataque. Esto ocurrió en más de una jornada. Fue reiterado”.

Aunque solo lograron visualizar dos perros de gran porte, Hoyos fue categórico al manifestar que “dos perros pueden provocar tranquilamente una matanza de este nivel”.

 

El golpe invisible: educación y futuro productivo

 

A diferencia de otros establecimientos rurales, la Misión Salesiana cumple una función educativa central. Los animales atacados no eran solo parte de una producción: constituían la base del plantel de reposición y el resultado de años de trabajo pedagógico con los alumnos.

“Diez días antes, los chicos habían hecho una práctica de verano seleccionando esos animales. Hoy, otros alumnos tienen que salir a juntar animales muertos. Es devastador desde lo humano y desde lo educativo”, expresó Hoyos.

“La pérdida impacta de lleno en la continuidad del proyecto formativo: mejora genética, calidad de lana, calidad de carne y aprendizaje productivo real”.

“Todo ese trabajo de años, en tres días, se fue al piso”, lamentó.

 

Responsabilidades claras y políticas ausentes

 

Hoyos fue enfático al señalar que “el problema no es coyuntural ni accidental, sino la consecuencia directa de políticas intermitentes, sin continuidad ni control efectivo”.

“Se hacen campañas, se anuncian medidas, pero si no hay continuidad, todo pierde peso y volvemos siempre al mismo lugar”, advirtió.

También apuntó a la responsabilidad individual de los dueños de mascotas, recordando que “en múltiples ocasiones se han encontrado perros con collar en zonas rurales”.

“Muchos de estos perros salen de la ciudad. Algunos no vuelven. Y cuando toman esta dinámica de matar por matar, ya no se revierten”.

En ese sentido, reclamó “castración sostenida, chipeo real, identificación de responsables y sanciones efectivas, sin distinción de gestiones políticas”.

“Esto debería ser una política de Estado para la provincia, vinculada a lo productivo. No puede depender del gobierno de turno”, subrayó.

 

Un problema que escala y nadie frena

 

El ataque en la Misión Salesiana se suma a otros episodios recientes, como la matanza de llamas en la zona de la ex estancia Ushuaia, y vuelve a encender una alarma mayor: la posibilidad de ataques a personas.

“Nunca se sabe cómo pueden terminar estas situaciones. Antes se decía que no atacaban vacunos, después atacaron terneros. Esto va escalando”, alertó Hoyos.

Mientras tanto, el daño ya está hecho. Más de 120 corderos muertos, un proyecto educativo golpeado y una señal clara de que la falta de decisiones sostenidas tiene consecuencias concretas.

Y esta vez, el saldo no se mide solo en animales, sino en años de trabajo perdidos y una deuda que el Estado sigue sin saldar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.