Víctor Canalis defendió el carnet obligatorio de manipulador de alimentos y advirtió sobre los riesgos sanitarios en una ciudad insular con logística de 3.000 kilómetros. Subrayó que “manipular alimentos sin capacitación no es un detalle administrativo sino un riesgo concreto para la salud pública”. “Un error puede enfermar a una familia entera”, alertó al reforzar la obligatoriedad del carnet.
Río Garnde.- En un contexto donde la elaboración y comercialización de alimentos crece como alternativa laboral para cientos de vecinos de Río Grande, el director de Bromatología del Municipio, ingeniero Víctor Canalis, puso el foco en un punto clave como lo es la capacitación obligatoria y la responsabilidad sanitaria de quienes manipulan alimentos.
En diálogo con FM del Pueblo, el funcionario remarcó que “el carnet de manipulador no es una formalidad burocrática sino una herramienta esencial para garantizar la salud pública”.
“Es un requisito obligatorio que surge de nuestra norma madre, el Código Alimentario”, explicó Canalis, en referencia al Código Alimentario Argentino, que establece la obligatoriedad del carnet para toda persona que manipule alimentos destinados a la comercialización masiva.
Vencimientos y renovación: tres años de vigencia
Canalis detalló que “el refuerzo comunicacional de estos días responde a un dato concreto, donde los primeros carnets emitidos bajo la nueva normativa están llegando a su vencimiento”.
Además, agregó que “tienen una vigencia de tres años y estamos en las postrimerías de los primeros vencimientos, es importante convocar tanto a quienes lo tramitan por primera vez como a quienes deben renovarlo”, señaló.
En este marco, sostuvo que “la renovación no es automática, implica volver a capacitarse y rendir evaluación, ya que en el transcurso de esos tres años pueden haberse incorporado modificaciones técnicas y normativas, necesitamos que esos conocimientos sean revalidados”, sustentó.
Mucho más que una cocina: la cadena completa
Uno de los puntos más relevantes de la entrevista fue la ampliación del concepto de “manipulador”, dado que no se trata únicamente del cocinero o del panadero, sino también incluye al chofer que transporta mercadería, al empleado de un kiosco, al trabajador de un depósito o al responsable de una rotisería.
Al respecto, expuso que “un manipulador de alimentos haciendo las cosas mal puede hacer que un alimento pierda su carácter de inocuidad y enferme a una persona, haciéndolo bien, cuida la salud de toda la comunidad”, afirmó.
En una provincia insular como Tierra del Fuego, donde gran parte de los productos recorren más de 3.000 kilómetros antes de llegar a destino, la cadena logística cobra una dimensión crítica.
“Un producto lácteo puede estar tres o cuatro días arriba de un camión. Si el sistema de refrigeración no funciona permanentemente, pierde cadena de frío y se altera su condición sanitaria”, explicó.
Para Canalis, el chofer que decide “ahorrar combustible apagando la refrigeración está comprometiendo directamente la salud del consumidor, por lo cual, de su accionar depende que el alimento permanezca en perfecto estado o no”, subrayó.
Los productos más sensibles
Consultado sobre los alimentos más riesgosos, el funcionario fue claro al resaltar que “rápidamente te diría los productos cárnicos”.
Allí confluyen múltiples factores como “origen, faena habilitada, control veterinario, cadena de frío y manipulación posterior”.
Canalis advirtió además sobre los riesgos de la faena clandestina y el robo de hacienda, al considerar que “son prácticas que pueden introducir parásitos o enfermedades en la cadena alimentaria”.
“Por su contenido de agua, la carne es muy propensa a la proliferación bacteriana si no está bajo condiciones adecuadas de conservación”, explicó.
Carnicerías, rotiserías y establecimientos que comercializan productos de mar son considerados por Bromatología como puntos de especial atención e inspección frecuente.
Capacitación virtual y evaluación obligatoria
El trámite se realiza íntegramente a través de la web oficial del Municipio. Desde la plataforma se accede al material de estudio, se gestiona el turno para rendir el examen y se cargan los datos formales.
La evaluación es digital, bajo modalidad verdadero/falso, y cuenta con asistencia del personal municipal. Además, se exige un certificado médico clínico que acredite aptitud para manipular alimentos.
“Muchas veces el propio manipulador puede ser vehículo de una enfermedad y contaminar un alimento”, explicó Canalis, de allí la importancia del control sanitario previo.
Emprendimientos en crecimiento, controles en aumento
El director de Bromatología reconoció que “la elaboración de alimentos es hoy una salida laboral creciente, desde pan casero hasta producción artesanal para venta masiva, cada emprendimiento debe cumplir dos condiciones básicas, carnet vigente y elaboración en una sala habilitada”, expuso.
“El carnet es un requisito obligatorio para toda comercialización y debe complementarse con que la producción se realice en un espacio habilitado”, aclaró.
En este punto, el mensaje fue directo al sostener que “la formalización no es un obstáculo, sino una garantía tanto para el emprendedor como para el consumidor”.
Salud pública, no mera burocracia
Lejos de presentar la exigencia como una carga administrativa, Canalis la defendió como “una política preventiva”, dijo, al tiempo que agregó que “lo fundamental es entender que el manipulador tiene que tener un piso de conocimiento básico, estamos hablando de salud pública”, insistió.
En una ciudad donde el abastecimiento depende de complejas rutas logísticas y donde la producción local también crece, la inocuidad alimentaria se convierte en un asunto estratégico. La cadena es tan fuerte como su eslabón más débil, y en ese entramado cada actor, desde el transportista hasta el vendedor, juega un rol determinante.
Por último, expresó que “el propósito fundamental de los alimentos es la nutrición de las personas”, concluyó, pero para que eso ocurra sin riesgos, la capacitación “deja de ser opcional y pasa a ser un deber sanitario indelegable”.

