El geólogo y ex constituyente, Jorge Rabbasa, analizó el debate legislativo en torno a la Ley de Glaciares y alertó sobre las consecuencias del avance extractivo en zonas sensibles. También abordó los riesgos sísmicos, la fragilidad del Paso Garibaldi y los límites a la expansión urbana en Ushuaia.
Río Grande. -En el marco del tratamiento legislativo del proyecto vinculado a la Ley de Glaciares, que cuenta con media sanción del Senado y será debatido en Diputados tras una audiencia pública prevista para los próximos días, el doctor Jorge Rabassa planteó una mirada crítica sobre los intereses en juego y sus posibles efectos en territorios como Tierra del Fuego.
“El tratamiento de la ley se hizo según las pautas naturales de los ámbitos influenciados por la presencia del hielo, y en este caso tenemos glaciares de muy diversas dimensiones, desde muy grandes como los del Parque Nacional de Glaciares en Calafate hasta pequeños cuerpos de hielo, muchos de ellos que no superan el cambio estacional del frío al calor o viceversa. En ese sentido, creo que sería innecesario explicar que los glaciares, estén donde estén, en nuestra provincia están a todo lo largo del eje cordillerano y esta situación está claramente relacionada con muchas cuencas hídricas”, explicó en el programa ‘Buscando el Equilibrio’ por Radio Provincia.
Glaciares, agua y turismo: un sistema interdependiente
Rabassa insistió en que el valor de los glaciares excede lo paisajístico y está íntimamente ligado a la provisión de agua y al desarrollo económico regional. “Tenemos allí una clara interrelación entre los glaciares y los suelos congelados y los requerimientos de producción de agua potable”, explicó.
“Creo que nadie puede argumentar contra esta visión y menos en un ámbito desarrollado en un marco de recursos turísticos, y que por supuesto van a ser los que van a estar afectados en primera instancia en el ámbito de nuestra provincia si se vota positivamente por un lado o si se encuentran motivaciones para interferir con los ámbitos congelados y provocar, con o sin intención de hacerlo, las cuencas glaciares a todo lo largo de la cordillera”, advirtió.
Minería y presión sobre la ley: el núcleo del conflicto
Por otro lado, comentó que “el problema es que la ley de glaciares es una forma de protección de un recurso natural que se considera importante para asegurar la protección, pero detrás de todo esto están los intereses de las empresas mineras tratando de pasar por encima de los aspectos pertinentes de esta ley y abrir terrenos, sean del tipo que fueran, que en caso de realizar una explotación minera podría afectar a los glaciares y el permafrost, es decir, el suelo permanentemente congelado de nuestra cordillera”, sostuvo.
Glaciares pequeños: pérdida irreversible
Rabassa puso especial énfasis en la vulnerabilidad de los glaciares de menor tamaño en donde comentó que “los pequeños glaciares de montaña, en los cuales el Martial es un claro ejemplo, tienen un tamaño mínimo que se considera que no puede recuperarse luego de un verano de fusión de los hielos a condiciones normales. Entonces, si se pierde ese equilibrio, eso se perdería para siempre, es decir, el sistema natural no tendría la capacidad para generar más hielo que el que se pierde por la fusión estival”, explicó.
Además, aportó datos de investigaciones recientes: “Hemos estudiado en distintos glaciares, y uno de mis últimos tesistas hizo su tesis doctoral precisamente en el estudio de todos los glaciares existentes, sean del tamaño que sea, y logró identificar más de 2.000 pequeños glaciares a lo largo del eje cordillerano”.
En esa línea, planteó el dilema de fondo y comentó que “si se afecta el equilibrio en esas condiciones de los ecosistemas, lo que estamos haciendo es aceptando que preferimos sacar cobre de la cordillera en lugar de proteger los glaciares que tenemos”.
Lago Fagnano: abundancia de agua, pero no solución estructural
Consultado sobre alternativas ante un eventual deterioro de los glaciares, el geólogo se refirió al Lago Fagnano como una reserva estratégica y dijo que “el lago Fagnano es un enorme cuerpo de agua de altísima calidad, me refiero a la no contaminación que tiene, y perfectamente yo creo que en caso de que hubiera una definición por parte del Congreso anulando la ley de glaciares o dictando alguna otra medida, no habría ningún inconveniente en disponer del agua que emite. Estamos hablando de miles y miles de metros cúbicos por segundo, así que en ese sentido no sería problema”, señaló.
Sin embargo, dejó en claro que el eje del problema sigue siendo otro: la protección de los ecosistemas de montaña.
Rabassa ejemplificó los peligros con el caso del glaciar Martial, en Ushuaia. “El mejor ejemplo lo tenemos aquí con el glaciar Martial. Si por alguna razón se comienza a hacer intervención, imagínense que algún desastroso funcionario decidiera construir en cualquier lugar donde hubiera suelos congelados, eso invariablemente lo que provocará es un desequilibrio de ese ecosistema, y no se puede hacer otra cosa que proteger el permafrost o el glaciar, evitando esas industrias extractivas”, afirmó.
Paso Garibaldi: fragilidad estructural y falta de alternativas
Otro de los ejes abordados fue la vulnerabilidad del Paso Garibaldi en donde explicó que “aquí seguimos teniendo la única salida por tierra que tenemos en Tierra del Fuego, y es un área extremadamente delicada en lo que hace a su dinámica de deslizamientos, movimientos de tierra. Lamentablemente, siempre nos quedamos esperando a ver si va a haber o no un sismo que convenza de una vez por todas a los habitantes de esta provincia de que hay que tener muchísimo cuidado con lo que se hace en esas condiciones”, advirtió.
En relación a la actividad sísmica, aclaró que “no ha cambiado, estamos en las mismas condiciones y no tenemos forma alguna de poder saber cuándo se va a producir el próximo sismo en este territorio”.
Expansión urbana en Ushuaia: crecimiento sin planificación
Finalmente, Rabassa alertó sobre los riesgos de avanzar en la ampliación del ejido urbano de la capital fueguina sin una planificación adecuada. “Eso es otro tema sobre el cual hay que tener muchísimo cuidado, porque si se autoriza en forma insensata la expansión de la ciudad va a haber muchos, muchos problemas en el futuro, sobre todo en lo que hace a la disponibilidad no solo del suelo sino de las cuencas hídricas”, sostuvo.
Una advertencia estructural
“Tenemos información muy diversa para analizar las probabilidades de estos fenómenos, pero lo importante es comprender que no se puede intervenir sin consecuencias. Lo que está en juego no es solamente un recurso, sino el equilibrio de sistemas naturales que, una vez alterados, no tienen recuperación posible”, comentó.

