“El presupuesto apenas alcanza para sueldos, pero no contempla actualizaciones acordes a la inflación”, dijo García

El vicerrector Juan Ignacio García expuso un escenario crítico, al indicar que los recursos no alcanzan ni para funcionar, pérdida salarial de un tercio y renuncias en aumento, mientras el sistema sobrevive por “vocación” y sostiene el debate democrático en medio del ajuste.

Río Grande.- La crisis del sistema universitario nacional tiene en Tierra del Fuego una expresión concreta, palpable y cada vez más difícil de disimular. Sin rodeos, el vicerrector de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, Juan Ignacio García, describió un escenario de ajuste profundo, deterioro salarial y pérdida de recursos humanos que pone en jaque el funcionamiento mismo de la institución.

“Estamos con un presupuesto sumamente ajustado”, afirmó a FM La Isla, al tiempo que detalló un dato alarmante al sostener que “los fondos previstos para este año no llegan a cubrir el pago de salarios”. 

En términos técnicos, explicó que “el presupuesto apenas alcanza para el denominado “inciso 1”, es decir, sueldos, y ni siquiera contempla actualizaciones acordes a la inflación”.

Pero incluso esa cobertura es engañosa porque “el pago de salarios es sin retoque salarial”, aclaró García, lo que implica que “cualquier mejora depende de decisiones posteriores que no están garantizadas, mientras tanto, el resto de las funciones básicas de la universidad quedan directamente desfinanciadas”.

“El resto de los gastos de funcionamiento hoy no pueden ser cubiertos con los recursos que recibimos”, advirtió. 

En esa lista entran desde “actividades académicas hasta investigación, extensión, becas estudiantiles y asistencia a la comunidad, ese presupuesto no está”, sintetizó.

La situación no es nueva, pero sí acumulativa. Según remarcó el vicerrector, el ajuste comenzó el “10 de diciembre de 2023 y desde entonces no se ha detenido ni ha disminuido, por lo cual, dos años después, las consecuencias ya no son potenciales, son estructurales”.

 

El impacto más fuerte se da sobre el factor humano

 

El impacto más fuerte, sin embargo, se da sobre el factor humano y al respecto manifestó que “el mayor impacto que estamos teniendo es la pérdida de poder adquisitivo del salario”, sostuvo.

En este sentido, dijo que “la cifra es contundente, docentes y no docentes perdieron un tercio del salario” en términos reales.

Para recuperar el nivel de ingresos de fines de 2023, García estimó que sería necesario “un incremento del 50%”, algo que definió como “impensable en el contexto actual, teniendo en cuenta que el resultado es una creciente fragilidad social dentro de la comunidad universitaria”.

“Muchas renuncias en cargos docentes y no docentes”, reconoció, al tiempo que agregó que “la universidad, que históricamente se sostiene en el capital humano, comienza a perderlo, profesionales formados, muchos con maestrías y doctorados, optan por abandonar o reducir su dedicación ante la imposibilidad de sostenerse económicamente”.

El dato es tan concreto como preocupante, hoy, en algunos casos, “gana mejor un docente en una escuela que un docente universitario”.

 García precisó que “un docente investigador con dedicación exclusiva percibe alrededor de un millón y medio de pesos, una cifra que queda rápidamente desactualizada frente al costo de vida”.

 

El fenómeno no distingue sectores

 

“Hay no docentes que migran hacia otros organismos públicos con mejores salarios, incluso dentro de la propia estructura estatal, como el ámbito judicial, mientras que otros profesionales dejan la universidad para priorizar su actividad privada, donde el ingreso resulta más competitivo”.

“El sistema universitario argentino se sostiene en gran medida con el esfuerzo vocacional”, explicó García, aunque advirtió que esa lógica “tiene un límite y ese límite parece estar cada vez más cerca”.

 

Las medidas de fuerza comienzan a intensificarse

 

La jornada de paro, según el propio vicerrector, tuvo una adhesión “muy importante, prácticamente total”.

Sin embargo, hizo una aclaración clave al manifestar que “la universidad se mantiene abierta”.

“El acatamiento es absolutamente voluntario”, subrayó, diferenciándose de otras instituciones. 

La decisión política de la gestión es “sostener la actividad institucional, incluso en contextos de conflicto, lo que deja en evidencia el nivel de malestar genuino entre los trabajadores”, indicó.

En medio de este escenario crítico, también señaló que “la universidad conserva, al menos por ahora, uno de sus rasgos distintivos como es el debate político abierto”.

García destacó que “conviven en la institución sectores con posiciones incluso antagónicas respecto del ajuste y la relación con el Gobierno nacional”.

“La convivencia es democrática y razonable”, afirmó, donde “agrupaciones estudiantiles y espacios políticos organizan charlas, debates y actividades donde se discuten ideas contrapuestas, es muy sano que el debate se dé de esa manera, abierto”, sostuvo.

Además, agregó que “esa dinámica, lejos de ser un problema, aparece como uno de los pocos activos que no han sido erosionados por la crisis”. 

En un contexto de recortes, tensiones y pérdida de recursos, la universidad sigue funcionando como un espacio plural, donde se expresan todas las voces, incluso aquellas que respaldan las políticas que hoy la desfinancian.

Pero el contraste es inevitable. Mientras el debate se mantiene vivo, el funcionamiento cotidiano se vuelve cada vez más incierto. Sin presupuesto suficiente, con salarios deteriorados y con una fuga constante de profesionales, la Universidad Nacional de Tierra del Fuego enfrenta un desafío que ya no es solo académico, sino existencial.

Y la advertencia del propio García resuena con fuerza: sin recursos, sin recomposición salarial y sin una política clara de financiamiento, el sistema universitario no solo se debilita. Empieza, lentamente, a vaciarse.

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