El secretario de Malvinas, Antártida, Islas del Atlántico Sur y Asuntos Internacionales de Tierra del Fuego, Andrés Dachary, cuestionó con dureza la participación del presidente Javier Milei en la campaña electoral brasileña y calificó como “gravísimo” el ataque verbal contra Luiz Inácio Lula da Silva. Aseguró que se trató de un hecho sin antecedentes en la diplomacia argentina, que vulnera principios elementales del derecho internacional, deteriora la imagen del país y pone en riesgo una relación estratégica con Brasil, principal socio comercial de Argentina y aliado histórico en la causa Malvinas. Advirtió que una escalada del conflicto podría derivar en medidas diplomáticas de máxima tensión, como el retiro de embajadores, y reclamó una política exterior basada en el multilateralismo y la defensa de los intereses nacionales.
Río Grande.- El secretario de Malvinas, Antártida, Islas del Atlántico Sur y Asuntos Internacionales de Tierra del Fuego, Andrés Dachary, expresó una fuerte preocupación por las consecuencias internacionales que podrían derivarse de las declaraciones del presidente Javier Milei contra su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, durante una actividad política en Brasil. En una entrevista con FM Espectáculos, sostuvo que el episodio constituye una grave ruptura de las reglas básicas de la diplomacia internacional y advirtió que compromete la posición de la Argentina frente a uno de sus principales aliados estratégicos.
Para Dachary, el análisis debe comenzar por un principio elemental del derecho internacional que, según afirmó, fue completamente ignorado.
“Hay un principio básico en las relaciones internacionales que es la no injerencia en los asuntos internos de otros Estados”.
Explicó que precisamente esa fue la respuesta institucional del presidente brasileño al remarcar que “cada país tiene el derecho de elegir sus autoridades, elegir su forma de gobierno y regularse, y una acción de estas características no está validada en el sistema internacional”.
“Se quemaron hasta los manuales de la diplomacia”
Dachary sostuvo que el episodio supera cualquier antecedente reciente en materia de relaciones exteriores argentinas y cuestionó la naturalización de este tipo de conductas al sostener que “se te quemaron hasta los manuales”.
Consideró que los reiterados exabruptos presidenciales terminan afectando directamente la “imagen internacional del país, en los últimos años nos hemos acostumbrado a estos exabruptos del Presidente, pero lo que está arrastrando es la imagen de la Argentina, porque el Presidente representa al país y no puede actuar como una persona más apelando simplemente a su libertad de expresión”.
Como ejemplo de esa contradicción, recordó que “pocos días antes el propio mandatario había cuestionado manifestaciones vinculadas al reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas”.
“En una semana critica a quienes levantan una bandera por la soberanía de Malvinas y después toma un avión para insultar al presidente del país con el que mayor vinculación comercial tenemos y que históricamente nos ha apoyado en la causa Malvinas.”
“No tiene justificación”
El funcionario fue categórico al afirmar que “no existe ningún antecedente diplomático que permita justificar una actitud de esa naturaleza, no podés insultar a una persona que está en las antípodas de tu pensamiento y mucho menos inmiscuirte plenamente en una elección presidencial de otro país”.
Consultado sobre quienes comparan la situación con apoyos políticos que Lula expresó en procesos electorales argentinos, Dachary marcó una diferencia sustancial al marcar que “no es habitual que un presidente insulte a otro presidente en esos términos, y mucho menos cuando se trata de un aliado estratégico y del principal socio comercial”.
A su entender, el problema excede el vínculo personal entre dos mandatarios porque “no son dos personas enojadas, lo que se arrastra son consecuencias económicas, políticas y sociales para la relación bilateral”.
“No es inteligente pelearse con Brasil”
Dachary recordó que Brasil representa un socio estratégico para Argentina en múltiples dimensiones y advirtió sobre la irracionalidad de profundizar un conflicto de estas características.
“Brasil es un país inmensamente más grande que la Argentina en muchas variables de poder, por lo cual tampoco es inteligente pelearte con tu principal socio comercial porque no te gusta quién es su presidente”.
Aunque estimó que la tensión podría encontrar un límite con el paso de los días, insistió en que el “episodio deja un daño institucional importante, entiendo que esta situación va a llegar a un techo y luego va a desescalar, pero lo grave es haber tenido una acción tan extrema que es imposible validar desde la gestión de una política exterior”.
En ese sentido, atribuyó el episodio a una visión personal del mandatario que “responde únicamente a sus caprichos y a su forma de comprender la política”.
“Es la República Argentina la que está hablando”
Dachary insistió en que el problema adquiere otra dimensión porque quien realiza esas manifestaciones no es un ciudadano común sino el jefe del Estado argentino.
“Él está representando al país, no es un economista ni un librepensador; es la República Argentina opinando en territorio soberano de otro país y descalificando a un mandatario con el cual tenemos una relación absolutamente estratégica”.
Incluso planteó el ejercicio inverso para dimensionar la gravedad institucional al marcar que “imagínate que un presidente extranjero venga a la Argentina y lo primero que haga sea insultar a nuestro presidente, naturalmente reaccionaríamos defendiendo a nuestro país, aunque pensemos distinto políticamente”.
Una política exterior basada en los intereses nacionales
El funcionario fueguino sostuvo que la política internacional no puede construirse sobre afinidades ideológicas circunstanciales.
“Vos no elegís a tus vecinos, los gobiernos cambian, pero lo que tiene que prevalecer son los intereses nacionales”.
Por ello defendió el multilateralismo como herramienta central de inserción internacional y en este sentido dijo que “desde una política exterior hay que apostar al multilateralismo y a lo mejor para tu país, no a quién te cae mejor o peor”.
Agregó que la función esencial de la diplomacia consiste precisamente en “utilizar los vínculos internacionales para beneficiar a la Argentina, la política exterior debe servir para satisfacer los intereses nacionales y, en definitiva, contribuir al bien común”.
El riesgo sobre Malvinas y el Mercosur
Dachary vinculó además este conflicto con la estrategia internacional que Argentina sostiene respecto de la Cuestión Malvinas.
Recordó que Brasil ha acompañado históricamente el “reclamo argentino en los organismos internacionales, es uno de los países que patrocinó nuestra presentación en el Comité de Descolonización”.
Por ello consideró contradictorio deteriorar esa relación cuando en realidad “tenés que cuidar a tus aliados, sobre todo cuando son fundamentales para una causa nacional como Malvinas”.
También advirtió que la tensión bilateral puede complicar negociaciones económicas estratégicas dentro del Mercosur y frente a la Unión Europea al considerar que “Brasil tiene un peso económico muy superior y este contexto complejiza acuerdos fundamentales como el alcanzado entre el Mercosur y la Unión Europea”.
Advierte sobre una posible escalada diplomática
Finalmente, Dachary expresó su preocupación por la posibilidad de que el conflicto continúe escalando en el plano diplomático, para lo cual, evalúo que “espero que esto termine en notas diplomáticas y no avance hacia el retiro de embajadores, porque ya sería vergonzoso”.
Concluyó señalando que este tipo de episodios deterioran tanto la “relación bilateral con Brasil como el prestigio internacional de la Argentina, estas cosas no le hacen bien a la relación bilateral entre nuestros países y no le hacen bien al prestigio de la Argentina, para nada”.
