“El karate nos une y nos enseña a ser mejores personas”, expresó Roberto Larrosa

El presidente de la JKA Paraguay, Séptimo Dan y jefe técnico de la entidad, llegó por primera vez a Tierra del Fuego para participar de la cuarta edición de la Copa Inoue. Sorprendido por la magnitud del certamen y el nivel de los competidores, destacó el valor formativo del karate tradicional JKA Shotokan, el legado de Mitsuo Inoue y la hermandad que atraviesa fronteras. Paraguay, además, llegó con un objetivo deportivo concreto: defender la copa que conquistó en las tres ediciones anteriores.

Río Grande.- Hay encuentros deportivos que trascienden ampliamente el resultado de una competencia. La cuarta edición de la Copa Inoue, que reunió en Río Grande a exponentes del karate JKA de distintos puntos de la región, es uno de ellos. Porque detrás de cada combate, de cada kata, de cada cinturón y de cada medalla existe una historia mucho más profunda: la de una disciplina que, a miles de kilómetros de su origen, continúa transmitiendo valores, formando personas y construyendo vínculos.

En ese escenario apareció por primera vez en Tierra del Fuego la figura de Roberto Larrosa, Séptimo Dan, presidente de la Japan Karate Association (JKA) Paraguay y jefe técnico de la entidad, quien llegó desde el vecino país especialmente para acompañar esta celebración del karate y rendir homenaje a quien considera una figura fundamental en su propio camino y en el crecimiento de la disciplina en Latinoamérica: el maestro Mitsuo Inoue.

La primera impresión de Larrosa al ingresar al ámbito de la competencia fue contundente. La cantidad de participantes, pero fundamentalmente el nivel y la presencia de niños, niñas y jóvenes, le permitieron comprobar que el karate tradicional continúa teniendo un terreno fértil para crecer en esta región austral.

“Es la primera vez que venimos hacia el sur, tan lejos de nuestra tierra y con tanto frío también, porque allá este tipo de frío no existe”, comentó entre risas, aunque rápidamente dejó en claro que el clima fue apenas una anécdota frente al verdadero motivo de su presencia.

“Vinimos específicamente para apoyar al karate de esta zona del país, de Argentina, y también para conmemorar justamente esta fiesta del karate en homenaje a nuestro maestro, Mitsuo Inoue”, explicó.

Y en sus palabras apareció una constante que atravesaría toda la charla: el karate como una herramienta de formación y no simplemente como una actividad competitiva.

Una vida construida alrededor del karate

Roberto Larrosa no habla desde la teoría. Su recorrido personal está profundamente ligado al karate y a Japón.

Séptimo Dan, presidente de la JKA Paraguay y responsable técnico de la organización, tiene además bajo su responsabilidad la evaluación de los practicantes de todo el país. Pero su relación con la cultura japonesa excede largamente el tatami.

“Yo fui siete veces a Japón y viví cuatro años allí. Mi señora es japonesa y mis hijos son japoneses”, contó, dejando en claro la dimensión que adquirió aquella disciplina que comenzó como una práctica marcial y terminó convirtiéndose en una forma de vida.

Su vínculo con Japón también se refleja en el aprendizaje permanente del idioma y en una anécdota que muestra hasta qué punto esa cultura está incorporada a su vida cotidiana.

“Estoy estudiando japonés y todos mis alumnos me obligan a pronunciar muy bien el japonés”, relató con humor.

Sin embargo, detrás de la anécdota aparece una convicción mucho más profunda: para Larrosa, practicar karate JKA significa también comprender y transmitir parte de la cultura que le dio origen.

Actualmente, además de conducir la JKA Paraguay, forma parte de una estructura sudamericana que nuclea a 14 países. Dentro de esa organización ocupa el cargo de tesorero, mientras que el Sensei Mitsuo Inoue, Octavo Dan, se desempeña como jefe técnico.

“Nosotros componemos una asociación sudamericana de karate que son 14 países, donde nuestro profesor Sensei Mitsuo Inoue, que es Octavo Dan, es nuestro jefe técnico”, explicó.

La estructura regional permitió fortalecer una comunidad que, aunque separada geográficamente por miles de kilómetros, mantiene una misma línea técnica y filosófica.

El legado de Mitsuo Inoue

Si hay un nombre que atraviesa el relato de Roberto Larrosa, ese es el de Mitsuo Inoue.

No lo menciona únicamente como maestro de karate. Lo ubica como una referencia humana, un conductor y, fundamentalmente, como un ejemplo que obliga a quienes recibieron su enseñanza a asumir la responsabilidad de continuar con ese legado.

“Gracias a él, nosotros, y yo en mi caso en Paraguay, pudimos desarrollarnos, tener un montón de gimnasios y escuelas de karate, una asociación que participa de eventos nacionales e internacionales”, señaló.

La influencia de Inoue, según Larrosa, no se limita a un país. Se extiende por toda Latinoamérica y alcanza distintos puntos del planeta.

Por eso, cuando habla de la presencia de escuelas provenientes de Paraguay, Uruguay, Chile y diferentes provincias argentinas, encuentra un denominador común que está por encima de cualquier frontera.

“Estamos en el fin del mundo, en Tierra del Fuego, y que la disciplina tenga ese cariño, ese amor y, por supuesto, ese apoyo de todas las escuelas es impresionante. Paraguay, Uruguay, Chile y las diferentes provincias de Argentina somos uno solo. La identidad es una sola y el principio que perseguimos es el mismo”, afirmó.

Para Larrosa, esa unidad no es producto de una casualidad. Es consecuencia directa de una manera de entender el karate que Inoue fue transmitiendo durante décadas.

“Fundamentalmente, la imagen y la forma de vida que este señor Mitsuo Inoue transmite es impresionante, porque no solamente es un buen karateka, sino una buena persona”, destacó.

Y allí aparece una de las frases más contundentes de la entrevista. Después de recorrer distintos países y haber vivido cuatro años en Japón, Larrosa asegura que nunca encontró un maestro como Inoue.

“Yo viajé por el mundo gracias al karate y nunca encontré un maestro como él”, afirmó.

Más que campeones, mejores personas

Mientras las categorías infantiles comenzaban a ocupar su lugar en la competencia, Larrosa tuvo la posibilidad de desempeñarse como árbitro principal en una de ellas.

Fue entonces cuando volvió a poner el foco en aquello que considera esencial.

“Los niños están volcando sus energías en algo formativo”, sostuvo.

Para el dirigente paraguayo, los torneos, las medallas e incluso los cinturones no constituyen el objetivo final. Son solamente instrumentos que permiten comprobar cuánto ha avanzado un practicante.

“Los torneos y los cinturones que nosotros conseguimos a través de las prácticas son un mero ejemplo del avance que tenemos, una medida para ver cómo estamos, pero no es el fin”, explicó.

¿Y cuál es entonces el verdadero objetivo?

“El fin fundamental de nuestro karate tradicional JKA Shotokan es perseguir que la formación de los niños sea justamente la mejor”.

En esa frase se concentra buena parte de la filosofía que Larrosa pretende transmitir desde su lugar de instructor.

A través del entrenamiento se busca inculcar disciplina, honor, honestidad y responsabilidad. Valores que, según entiende, deben acompañar al practicante mucho más allá de las paredes del dojo.

“Dentro de nuestro pequeño lugar en el mundo, que es el dojo, el lugar de práctica, intentamos a través del karate justamente transmitir esos valores de la cultura japonesa: disciplina, honor, honestidad y demás, para que nuestros niños crezcan como una actividad formativa, no solamente lúdica”, explicó.

El objetivo final, entonces, no está necesariamente en formar al próximo campeón mundial.

Está en formar al adulto que ese niño será mañana.

“Una vez que los chicos se realizan como personas y crecen, yo creo que estamos satisfechos con el camino andado”, resumió.

Una familia que no reconoce fronteras

La postal de la Copa Inoue en Río Grande tuvo un componente que Larrosa valoró especialmente: la convivencia.

Llegaron delegaciones desde diferentes lugares, con idiomas, acentos y banderas distintas. Sin embargo, una vez colocados los karate-gi, las diferencias parecieron desaparecer.

“Este encuentro es una familia, nuestra familia”, afirmó.

Una familia que también realiza sacrificios para poder encontrarse.

Larrosa reconoció que detrás de cada delegación existe un esfuerzo económico importante, especialmente en un deporte amateur donde el acompañamiento estatal muchas veces resulta insuficiente.

“Venimos todos haciendo un esfuerzo, no solamente de tiempo y prácticas, sino de dinero, porque sabe que la economía incide demasiado en todo lo que hacemos. Es casi nulo el apoyo del gobierno en este deporte amateur”, señaló.

Por eso, el viaje desde Paraguay tuvo un doble significado: acompañar la celebración y, al mismo tiempo, agradecer todo aquello que el maestro Inoue generó en torno al karate.

“Venimos justamente para agradecerle, en cierto modo, todo lo que nos dio y nos está dando. Estamos muy felices de estar acá”, manifestó.

Pero si hubo algo que lo sorprendió particularmente durante su estadía fue la recepción de los fueguinos.

El hombre acostumbrado a viajar por diferentes lugares del mundo se encontró en Río Grande con una calidez que contrastó, paradójicamente, con las bajas temperaturas.

“Me extrañó, porque no se suele encontrar gente tan cálida en un lugar tan frío”, expresó.

Cada vez que salían a recorrer la ciudad con los buzos de la selección paraguaya de karate, aparecía una escena repetida.

“La gente se acerca, ‘ustedes son de Paraguay’, nos saludan. Es muy extraño. Quieren hablar, quieren conocer gente de afuera. Así que estamos felices de estar en esta tierra tan bonita”, relató.

Cuando desaparecen las banderas

Para Roberto Larrosa, esas pequeñas escenas representan precisamente lo que el deporte debería generar.

“Eso es lo importante del deporte: unir a las personas, unir a las familias y que la identidad sea una sola”, afirmó.

Su concepto va incluso más allá de la competencia.

“No hay banderas, ni políticas, ni raciales, ni nada por el estilo. Todos somos seres humanos”, sostuvo.

En tiempos donde las diferencias muchas veces parecen ocupar demasiado espacio, el karate aparece, en su mirada, como un territorio donde el respeto por el otro constituye una regla básica.

“El poder tener el igual, igual, en este caso como yo con ustedes, es algo valiosísimo”, reflexionó.

Y allí vuelve a aparecer la influencia de Inoue, quien para Larrosa no solamente enseñó técnicas, posiciones o movimientos, sino una forma de comportarse dentro y fuera del dojo.

“Eso tratamos de emular, de imitar. Intentamos transmitir de la misma forma que él, salvando las diferencias, porque es un maestro con todas las letras”, remarcó.

Disciplina para construir ciudadanos

La conversación también ingresó en un terreno que, sin ser político, contiene una profunda reflexión social.

Larrosa comparó la organización de la asociación con la necesidad de contar con una conducción clara y firme.

“Sensei Inoue es nuestra cabeza. Con mucho esfuerzo consiguió que nosotros, 14 países, nos desarrolláramos, pero ahí nos controla a rajatabla”, explicó.

En esa conducción encuentra nuevamente una característica de la cultura japonesa que, reconoce, no siempre resulta sencilla para los latinoamericanos.

“Tiene esa cultura japonesa y esa disciplina que a nosotros, los latinoamericanos, nos cuesta muchísimo”, admitió.

Pero precisamente allí encuentra uno de los mayores valores del karate.

La disciplina no como imposición, sino como una herramienta para aprender a convivir.

El dojo se transforma así en una pequeña sociedad donde los chicos aprenden a respetar al compañero, aceptar reglas, asumir responsabilidades, superar frustraciones y entender que cada avance requiere esfuerzo.

“Intentamos a través del karate transmitir esos valores de la cultura japonesa para que nuestros niños crezcan como personas”, insistió.

Por eso Larrosa entiende que la tarea de un instructor no termina cuando finaliza una clase.

La responsabilidad es mucho mayor.

Se trata de acompañar el crecimiento de quienes algún día serán adultos y ciudadanos.

Paraguay vino a defender la Copa

Pero la presencia paraguaya en Río Grande también tenía un desafío deportivo concreto.

La cuarta edición de la Copa Inoue encontraba a Paraguay como campeón de las tres ediciones anteriores. Por eso, además del componente familiar y del homenaje al maestro, había una copa que debía ser defendida.

“Paraguay fue campeón de las tres ediciones anteriores de este evento”, recordó Larrosa.

La historia se había encargado de agregar presión a una delegación que debía recorrer una enorme distancia para llegar hasta el extremo sur del continente.

“Obligatoriamente también tuvimos que venir”, señaló con una sonrisa.

Y la explicación tuvo un toque de orgullo.

“Si ves las copas que hay, vas a ver las banderas paraguayas colocadas ahí. No podíamos enviar solamente la copa sin haber luchado por ella”, expresó.

Así, la delegación paraguaya asumió un importante esfuerzo económico para decir presente en Tierra del Fuego.

No solamente para compartir con la gran familia del karate JKA, sino también para intentar llevar nuevamente el trofeo hacia su país.

“Hicimos un gran esfuerzo económico en venir, no solamente para estar juntos como familia, sino también para poder luchar por esa cuarta copa que queremos llevar a nuestro país”, afirmó.

La frase resume perfectamente la dualidad que caracteriza al karate de Larrosa: competir para ganar, pero entender que ganar no es el único propósito.

“No a la violencia, sí a la amistad”

Antes de despedirse, Roberto Larrosa dejó un mensaje que parece condensar todo aquello que quiso transmitir durante su primera visita a Tierra del Fuego.

Felicitó la organización y la presencia de los distintos países y delegaciones, pero también dejó abierta la puerta para que este encuentro se transforme en una tradición todavía mayor.

“Espero que no sea la última vez que venga a Tierra del Fuego. Que sea recíproco: Argentina, Paraguay, Chile”, expresó.

También deseó larga vida al maestro Mitsuo Inoue y que el camino iniciado continúe creciendo en los próximos años.

“Que todo continúe creciendo, avanzando, y que esto sea el sentimiento de todos: no a la violencia, sí a la linda amistad, y al futuro y la longevidad de todos”, concluyó.

Y quizás allí esté la verdadera esencia de esta cuarta Copa Inoue.

En Río Grande no se encontraron solamente competidores que llegaron para disputar una medalla. Se encontraron generaciones, escuelas, países y culturas que, aunque separadas por miles de kilómetros, reconocen un mismo camino.

Porque para Roberto Larrosa, el Séptimo Dan que llegó desde Paraguay hasta el extremo austral, el verdadero triunfo del karate no termina cuando el árbitro levanta una bandera.

El verdadero triunfo comienza mucho antes: cuando un niño entra por primera vez al dojo, aprende a respetar, descubre el valor del esfuerzo y entiende que frente a él no tiene un enemigo, sino un compañero.

Ese es, finalmente, el legado que Larrosa quiere ayudar a mantener vivo.

El mismo que recibió de Mitsuo Inoue.

El mismo que ahora intenta transmitir a las nuevas generaciones.

Y el mismo que, durante unos días, hizo que Río Grande se convirtiera en un punto de encuentro para una gran familia que aprendió hace tiempo que el karate puede tener muchas banderas, pero un solo corazón.