“Nos estamos fundiendo trabajando”, afirmó Schreiber

Luis Schreiber advirtió que la crisis ya golpea de lleno al comercio de barrio: locales cerrados, ventas en caída, depósitos cada vez más vacíos, consumidores que reemplazan alimentos por opciones más baratas y compran menos cantidad, mientras las tasas de las tarjetas superan el 100% y la presión impositiva termina de asfixiar a los pequeños comerciantes. “¿Hasta cuándo vamos a esperar la micro?”, cuestionó.

Río Grande.-  El referente de los almaceneros de Río Grande, Luis Schreiber, trazó un duro diagnóstico sobre la situación que atraviesa el comercio y cuestionó la distancia entre el discurso oficial sobre la marcha de la economía y lo que ocurre diariamente detrás de los mostradores.

En diálogo con FM del Pueblo, Schreiber fue categórico al referirse a los indicadores económicos y a la idea de que la mejora de la macroeconomía terminará derramando sobre el comercio. “Ya tomamos todo, todo es mentira. Acá ya, la verdad, no sé cómo aguantamos tanta mentira”, afirmó.

El dirigente señaló que mientras se espera una recuperación de la denominada “microeconomía”, la realidad muestra otra cosa.

Mencionó el cierre de más de “70 locales informado desde la Cámara de Comercio” y sostuvo que “la crisis también alcanza a Tolhuin, mientras esperamos la micro, tenemos 70 locales cerrados”, remarcó.

Su cuestionamiento se extendió a los recursos que, según sostuvo, deberían llegar a distintos sectores de la provincia. Habló de los fondos para bomberos, los recursos destinados a las rutas, el incentivo docente y el fondo del gas. “Se lo quedan”, repitió en relación con esos fondos, y preguntó: “¿Hasta cuándo se van a quedar con todo estos muchachos?”.

Según Schreiber, tampoco hay perspectivas claras de recuperación en el corto plazo y contó que, al consultar a distintos sectores cuándo comenzará a mejorar la situación, la respuesta que recibe es que todavía “vamos más para atrás”.

Incluso relató que funcionarios del Gobierno nacional le señalaron que “Tierra del Fuego es una provincia privilegiada” respecto de otras jurisdicciones, pero admitieron que “esto viene para peor”.

El escenario económico, sostuvo, ya tiene consecuencias sociales que exceden ampliamente al comercio. En ese punto hizo referencia a jubilados que, según señaló, “no alcanzan a comprar sus medicamentos y a personas jóvenes que se sienten ahogadas por la situación económica. ¿Cuándo alguien va a poner un poquito de corazón de este gobierno?”, reclamó.

Schreiber también cuestionó la falta de reacción del propio sector comercial y relató que “muchas veces propone reuniones o manifestaciones y recibe como respuesta que los comerciantes no pueden dejar sus negocios porque necesitan trabajar”.

Frente a eso, planteó que “si durante una jornada prácticamente no hay ventas, perder una hora difícilmente empeore la situación, a veces la cosa le tenés que decir, bueno, vamos a despertar, muchachos, porque lo están llevando puesto”, expresó.

Otro de los puntos que puso bajo la lupa fue el costo del financiamiento y recordó que “en momentos anteriores se otorgaban créditos con tasas del 130% y que las tarjetas llegaron a cobrar más del 80% cuando el cliente no podía cancelar el total de la deuda. Por eso cuestionó que, mientras se habla de una inflación del 1 o 2% mensual, el costo financiero siga superando el 100%. Hay algunas cuentas que en realidad no dan. Por más que vos me la dibujes, no dan”, sostuvo.

La caída del consumo aparece, además, en los cambios de hábitos de los clientes y al respecto Schreiber explicó que “la gente llega cada vez más endeudada a fin de mes y se vuelca hacia productos más económicos. Dio como ejemplo el reemplazo de la carne vacuna por pollo y cerdo, pero advirtió que el problema no es solamente la calidad o el precio, también se consume menos”.

“Antes vendía 200 kilos de carne vacuna, hoy vendo 150 kilos de pollo y cerdo”, ejemplificó. Es decir, incluso cuando el consumidor opta por una alternativa más barata, compra menos cantidad.

La misma retracción se observa en los depósitos de los almacenes. Schreiber reconoció que los comerciantes están modificando la mercadería que compran y buscando opciones de menor precio. “Estamos cambiando la calidad, estamos cambiando de mercadería mucho más barata y estamos vaciando los depósitos también”, señaló.

Según explicó, los “almaceneros ya no tienen capacidad para reponer como antes, los depósitos están más vacíos” y, cuando “existe stock, se trata en muchos casos de productos cuyo valor es considerablemente menor al de la mercadería que antes se acumulaba, nos estamos fundiendo trabajando”, sentenció.

A la caída de las ventas y al menor volumen de reposición se suma, según describió, una “estructura de costos que continúa aumentando, con tarifas más altas, mayores costos operativos, impuestos y compromisos financieros conviven con una facturación que se achica”.

Schreiber advirtió además que “el problema no termina en los intereses: aparecen multas y bloqueos que dificultan incluso el cobro de las ventas, no es solo intereses, multas”, explicó.

Y cuestionó que “el Estado mantenga una presión recaudatoria creciente sobre quienes venden cada vez menos, cuando vos vendés dos pesos, vos tenés que pagar todo”, sostuvo.

El referente de los almaceneros cerró con una síntesis que concentra el malestar del sector: pequeños comercios que trabajan cada vez más para vender cada vez menos, que reducen stock, reemplazan productos por otros más baratos y enfrentan costos financieros e impositivos que, según su denuncia, terminan profundizando la crisis.

La pregunta que dejó planteada resume todo el escenario: “¿Hasta cuándo vamos a esperar la micro?”. Mientras esa recuperación no llega, Schreiber asegura que el comercio de barrio continúa perdiendo volumen, rentabilidad y capacidad de sostenerse. Y detrás del mostrador, advierte, la crisis ya no se está esperando: se está pagando todos los días.