El Club Kamuk atraviesa una etapa de crecimiento sostenido y apuesta fuertemente al desarrollo de sus categorías formativas. Maximiliano Olea, uno de los responsables del trabajo con los más pequeños, contó cómo nació la institución, el desafío de competir en el ámbito provincial y la importancia de que los chicos aprendan, jueguen y disfruten sin perder de vista que el deporte es un proceso a largo plazo.
Río Grande.- El deporte muchas veces nace de una necesidad. Otras, de un grupo de amigos que decide transformar una pasión compartida en un proyecto que pueda trascender. En Tolhuin, esa historia comenzó a tomar forma con un equipo que se llamaba Cachero y que participaba de los torneos locales, hasta que aquella experiencia derivó en la creación formal del Club Kamuk.
Así lo relató Maximiliano Olea, técnico de las categorías formativas de la institución, quien explicó que el proyecto se fue construyendo de manera progresiva, hasta alcanzar la formalización jurídica que le permitió al club comenzar a proyectarse dentro del futsal fueguino.
“Nos forjamos hace poquito con un grupo de amigos. Era un club que se llamaba Cachero, donde jugábamos torneos locales, y surgió la idea de que el club se denominara Kamuk. Ahí se formalizó con la personería jurídica y toda la documentación que corresponde”, explicó.
Olea ya venía trabajando en otras instituciones, pero la amistad y el vínculo con quienes impulsaban el nuevo proyecto lo llevaron a sumarse. Desde entonces, asumió una tarea que considera fundamental: acompañar el crecimiento deportivo y personal de los más pequeños.
“Yo estaba trabajando en otros clubes, pero me acoplé a los chicos porque son amigos míos y me dedico a todo lo que es formativa”, señaló.
La pelota como herramienta para aprender jugando
Actualmente, Kamuk cuenta con dos categorías C-7 y una C-9, mientras que hace aproximadamente dos meses incorporó una nueva categoría: la C-5, integrada por niños de apenas 3 a 5 años.
En esa etapa, el resultado deportivo queda inevitablemente relegado ante un objetivo mucho más importante: conseguir que los chicos se enamoren del deporte.
“Tenemos dos C-7, una C-9 y hace dos meses iniciamos con la C-5, donde tenemos nenes de 3 a 5 años. Estamos poniéndole lo mejor porque son categorías donde hay que tener mucha paciencia y responsabilidad”, sostuvo Olea.
Y agregó una definición que sintetiza la filosofía que intenta transmitir desde su lugar de entrenador: “Que los chicos aprendan el deporte a través del juego”.
Porque para Kamuk, la formación no consiste únicamente en enseñar movimientos, tácticas o fundamentos. También significa comprender los tiempos de cada niño, acompañarlo y evitar que una experiencia deportiva que recién comienza termine transformándose en una frustración.
“Busco eso, que no se frustren en la carrera, porque esto es un proceso a largo tiempo”, remarcó.
El crecimiento del CAFS y la posibilidad de jugar más
El desarrollo del futsal en Tierra del Fuego también atraviesa una etapa de expansión. Para Olea, la posibilidad de que los jugadores puedan participar tanto en competencias vinculadas a AFA como en el ámbito de la Confederación Argentina de Fútbol de Salón (CAFS) genera una herramienta especialmente valiosa durante la formación.
“Creo que hubo un tiempo que estuvo como muy parado el CAFS, pero de a poquito va resurgiendo”, analizó.
En ese sentido, consideró que la convivencia de ambas competencias permite que los chicos tengan continuidad y puedan sumar experiencias durante buena parte del año.
“Pasa por el tema de la doble liga, de poder jugar AFA y CAFS. Al menos en categoría formativa eso ayuda, porque los chicos empiezan a jugar todo el tiempo y lo necesitan. Es bueno que puedan estar jugando constantemente, porque a lo largo se va viendo el fruto”, explicó.
Para el entrenador, además, existe una cuestión que excede lo estrictamente deportivo: la posibilidad de que los niños puedan elegir su camino sin verse obligados a abandonar una disciplina para practicar otra.
“Tengo dos nenes que juegan así. Hoy no vino mi hijo porque está jugando para Camineros. Es muy lindo eso, porque los nenes se quieren divertir y muchas veces les cortan las piernas porque tienen que elegir esto o aquello. Está bueno que puedan hacer las dos cosas, porque a la larga cada uno elegirá su camino”, expresó.
Tolhuin mira hacia la provincia
El ingreso de Kamuk al circuito de la Federación Fueguina de Fútbol de Salón representa también un paso significativo para Tolhuin. Por primera vez, la institución participa del torneo Clausura y sus categorías formativas comenzaron a transitar una competencia que les permite medirse con equipos de otras localidades.
El desafío implica trasladarse, organizarse y asumir costos que muchas veces recaen sobre clubes que trabajan a pulmón, pero también abre una puerta hacia un escenario deportivo más amplio.
“Está bueno poder empezar a sacarlos un poquito más de lo que es Tolhuin, que ellos puedan crecer y que ojalá el día de mañana estén jugando. Y llenarte de orgullo porque sabés que los viste crecer, eso sería lo más lindo”, sostuvo Olea.
El sueño, naturalmente, va más allá de una tabla de posiciones. El verdadero premio aparece cuando aquellos pequeños jugadores que hoy corren detrás de una pelota pueden llegar, con el paso de los años, a vestir una camiseta de Primera o incluso despertar el interés de instituciones de otras ciudades o provincias.
“No sé si vivir de esto, pero llegar”, resumió.
El sueño de una liga propia
La integración entre Tolhuin y Río Grande permite que los equipos puedan competir y que los chicos conozcan otros escenarios de la provincia. Cada fin de semana, familias y jugadores deben afrontar los viajes para disputar sus encuentros, una situación que Olea considera positiva desde lo deportivo, aunque reconoce el esfuerzo económico que representa.
“Está bueno que los chicos se conozcan y conozcan otros espacios de nuestra provincia”, manifestó.
Pero detrás de cada viaje existe una realidad que los clubes conocen perfectamente: el esfuerzo de las familias, dirigentes y entrenadores para sostener la actividad.
“Ojalá algún día Tolhuin pueda tener su liga, porque también es un gasto muy importante venir todos los fines de semana. Si no hay cancha y esas cosas, se hace difícil. Los clubes son a pulmón y a veces la familia no puede aportar, y el club lo banca igual, porque los clubes están para esto, para ser sostén de los chicos”, reflexionó.
La posibilidad no parece una utopía. Según explicó, ya existen tres clubes regularizados en la localidad, mientras que otro equipo participa en Primera División dentro del ámbito del CAFS en Ushuaia.
El crecimiento institucional, entonces, comienza a acompañar el crecimiento deportivo.
Kamuk también sabe de resultados
El presente de Kamuk no se limita a sus categorías menores. La Primera División ya consiguió una conquista que alimenta todavía más las expectativas de la institución: el campeonato de la Copa de Oro.
Ese logro, además, se sostiene sobre una premisa que Olea destaca como fundamental: la responsabilidad.
“El profesor de Primera es a rajatabla con los entrenamientos. El que no viene, no juega, y está perfecto, porque los chicos van tomando esas responsabilidades”, contó.
Disciplina, compromiso y formación aparecen así como los pilares sobre los que el club pretende construir su futuro. Una estructura que comenzó con un grupo de amigos y que hoy intenta abrirse camino en el mapa provincial del futsal.
Más competencia, más integración
Antes de volver a la cancha con sus pequeños jugadores, Olea dejó planteado un deseo que puede convertirse en uno de los próximos desafíos para el futsal fueguino: profundizar el vínculo entre las distintas federaciones y generar competencias que permitan ampliar las oportunidades de los clubes y sus jugadores.
“Que las federaciones se puedan poner en contacto, forjar una buena relación y poder hacer más cosas provinciales sería buenísimo”, expresó.
Y planteó una alternativa concreta: “A veces no podés ir a Río Grande, entonces empezar a hacer torneos importantes acá”.
El objetivo, en definitiva, es que las distancias no se conviertan en una frontera deportiva. Que Tolhuin pueda recibir, competir y crecer; que Río Grande pueda visitar y compartir; que Ushuaia también forme parte de ese intercambio; y que los chicos tengan cada vez más posibilidades de jugar.
Mientras tanto, en Kamuk la pelota sigue rodando. Y detrás de cada entrenamiento, de cada viaje y de cada partido aparece una generación que recién comienza a descubrir todo lo que puede ofrecerle el futsal.
Para Maximiliano Olea, el desafío está justamente allí: formar jugadores, pero antes que nada formar chicos que disfruten del deporte, aprendan a compartir y entiendan que crecer también significa saber esperar.
Porque en Tolhuin, la historia de Kamuk recién está comenzando. Y como toda buena historia deportiva, todavía tiene muchos capítulos por escribir.
