“Abre oportunidades, pero también riesgos enormes para la estructura productiva”

El vicerrector de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego y referente en política industrial analizó el entendimiento comercial que el Gobierno nacional anunció con Estados Unidos. Planteó que aún no existe un tratado de libre comercio cerrado. Advirtió sobre el impacto en sectores industriales estratégicos como el automotriz y el electrónico y alertó sobre un giro geopolítico que alinea a la Argentina con la agenda histórica de Washington.

Ushuaia.- “No estamos frente a un tratado de libre comercio. Por ahora es una línea de trabajo, muy preliminar, y faltan definiciones esenciales para evaluar impactos sectoriales”, señaló a FM Master’s Juan Ignacio García sobre este acuerdo todavía difuso, pero con señales políticas claras.

Sin embargo, el vicerrector remarcó que “aun sin precisiones técnicas, la orientación general del entendimiento sí expone un cambio geopolítico fuerte, se ve una estrategia que alinea a la Argentina con los intereses de Estados Unidos. La agenda de temas es la agenda histórica de reclamos de Washington para la región”.

Entre esos puntos menciona propiedad intelectual, reconocimiento de regulaciones norteamericanas y la posible resignación de barreras no arancelarias —sanitarias, de seguridad eléctrica o técnicas— que hoy funcionan como instrumentos indirectos de política comercial.

 

Impacto industrial: automotriz y electrónica, los sectores más vulnerables

 

Consultado sobre los riesgos para la economía nacional, García fue categórico al marcar que “las principales señales de alarma están en los sectores donde Argentina tiene desarrollo industrial propio o regímenes especiales. La automotriz y la electrónica podrían verse fuertemente afectadas si se reducen aranceles o se eliminan regulaciones”.

Planteó que la asimetría con Estados Unidos es demasiado grande como para que una apertura profunda no impacte negativamente, debido a que “cuando un país de escala y productividad tan superiores se asocia comercialmente con otro que necesita sostener y expandir su industria, siempre hay riesgos enormes de daño”.

En ese marco, recordó el caso fueguino, donde “la industria electrónica depende de herramientas específicas de promoción, que quedarían debilitadas si se avanza en una liberalización acelerada”.

 

¿Quiénes podrían ganar? El giro hacia un perfil primario–extractivo

 

El académico planteó que, naturalmente, los sectores que verían oportunidades son “aquellos donde la Argentina ya tiene ventajas competitivas basadas en recursos naturales, una alianza comercial con Estados Unidos profundizaría un perfil agroexportador y minero, ahora con un fuerte componente energético y de minerales estratégicos”.

Señaló que el Gobierno nacional viene promoviendo ese modelo y que la cordillera argentina es vista como un “área de gran potencial para abastecer a industrias tecnológicas de países desarrollados”.

Pero inmediatamente introdujo un matiz crítico al sostener que “todo el desarrollo de sectores vinculados a recursos naturales trae interrogantes serios. ¿Cómo convive la minería con la ley de glaciares y con las regulaciones ambientales? ¿Qué tipo de extractivismo se habilita?”

 

La tensión interna en Estados Unidos y la incidencia sobre el acuerdo

 

García también analizó la dimensión política dentro de Estados Unidos, donde el anuncio generó polémica entre sectores agropecuarios, teniendo en cuenta que “somos competidores en productos como la soja. La política interna norteamericana está presionando. Por eso aparecen cláusulas vinculadas al ganado en pie, al ingreso de cárnicos o a productos frescos, buscando un equilibrio que no perjudique a sus productores”.

Incluso sugirió que Washington podría intentar condicionar la relación comercial de Argentina con China, un punto especialmente sensible, dado que “Argentina compite con Estados Unidos en el acceso al mercado chino. Eso mete ruido en Washington, y es probable que intenten influir sobre nuestra posición”.

 

Riesgos geopolíticos: presiones laborales y reconfiguración de alianzas

 

Entre los elementos más delicados, García mencionó posibles exigencias vinculadas a estándares laborales, donde “Estados Unidos justifica barreras comerciales contra Asia por sus regulaciones más laxas, y podría exigir que Argentina adopte posturas similares, esto podría complicar la relación con China, que es hoy un socio comercial mucho más importante para nosotros que Estados Unidos”.

 

Falta de estrategia productiva de largo plazo: el mayor problema

 

Para cerrar, García ubicó el debate dentro de un problema estructural del país: la ausencia de una política consistente y estable de desarrollo.

“Nos cuesta construir una mirada productiva de largo plazo acompañada de una política comercial coherente. Vamos de un extremo al otro, y eso impide que haya inversiones y que se consoliden modelos de crecimiento.”

El académico fue contundente al asegurar que “el no modelo —esta oscilación permanente— es el peor de los escenarios. No obtenemos los beneficios de ningún enfoque y quedamos expuestos a todos los riesgos”.

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