El biólogo del CADIC Emiliano Arona advirtió que la actividad de perros asilvestrados creció más de un 1000% en cinco años, que ya se reproducen solos en el bosque fueguino y que la producción ovina podría desaparecer si no hay una decisión política urgente. El problema dejó de ser rural, es “ambiental, sanitario y potencialmente humano”, dijo. Resaltó que “revertir lo que creció en cinco años va a llevar mucho más que cinco años”, advirtió, al tiempo que agregó que “si no se actúa ahora, la producción ovina podría desaparecer, la fauna silvestre seguirá perdiendo terreno, y el riesgo para las personas dejará de ser hipotético”.
Ushuaia.- La matanza de 120 corderos en pocos horas días atrás, con cercanía a la ciudad, no es un hecho aislado, es una señal y para el biólogo del CADIC y becario del CONICET, Emiliano Arona, esa señal confirma algo que viene advirtiéndose hace años como lo es que “la población de perros asilvestrados en Tierra del Fuego no solo existe, sino que crece de manera exponencial, se reproduce sin intervención humana y ya genera impactos productivos, ambientales y sanitarios de escala crítica”.
En diálogo con FM Espectáculo 93.1, Arona fue claro al manifestar que “desde que empezamos el trabajo a fines de 2018 hasta ahora aumentó más del 1000% la actividad registrada de perros”.
El dato surge del monitoreo con cámaras trampa en cinco estancias que abarcan unas 40.000 hectáreas. En ese espacio, que representa una fracción mínima del territorio rural fueguino, identificaron más de 210 perros en menos de cinco años, con jaurías de hasta 17 individuos.
“No es una percepción, es un proceso en expansión”, sostuvo.
Dos perros alcanzan
Uno de los puntos que más impacto generó es la dimensión del daño que pueden producir pocos animales.
Según Arona, los propios responsables del establecimiento afectado vieron “apenas dos perros en el ataque que dejó más de un centenar de corderos muertos”.
“Dos perros tienen toda la capacidad de hacer ese desastre”, explicó.
La razón es biológica al describir que “el perro desciende del lobo y conserva intacta la capacidad de caza en grupo, cuando se asilvestra, es decir, cuando nace y crece sin contacto humano, deja de ser un animal doméstico y se convierte en un depredador plenamente funcional”.
El problema ya no depende únicamente del abandono urbano
“Las poblaciones de asilvestrados hoy se mantienen por sí solas”, advirtió el investigador, al tiempo que agregó que “en las cámaras se registran cachorros nacidos en el campo. Eso significa que el ecosistema ya ofrece refugio y condiciones suficientes para que se reproduzcan sin intervención humana”.
“En el ecotono, la franja central de la provincia donde confluyen estepa y bosque, el fenómeno es más grave. El bosque actúa como cobertura y refugio. Allí la presión sobre el ganado ovino y bovino es creciente. En pocos años, la producción ovina cayó en casi 100.000 animales, según los propios productores”.
“La estepa no está exenta. Solo es menos propicia para la persistencia”, detalló.
El riesgo ya no es solo productivo
El discurso durante décadas fue el de “un problema de productores” y Arona lo reconoce al marcar que “durante años las advertencias del sector rural fueron minimizadas. Hoy la situación cambió”.
“Los perros asilvestrados no solo atacan ovejas y vacas, también depredan guanacos, aves y fauna nativa, son transmisores de enfermedades y, en otros países, han protagonizado ataques fatales a personas”.
“Ya es un peligro”, sostuvo el biólogo y agregó que “alambradores que deben treparse a árboles para evitar jaurías, pescadores en zonas sin señal que escuchan ladridos en medio del monte. En países como Turquía o India se registran muertes por ataques de perros. En Australia existen antecedentes documentados”.
“Tierra del Fuego es una isla. Si el fenómeno se consolida, la contención será todavía más compleja”.
La fábrica de perros
Arona utilizó una definición incómoda pero precisa al asegurar que “las ciudades somos la fábrica de perros”.
“El problema rural y el urbano están conectados, aunque hoy exista reproducción autónoma en el campo, el flujo histórico provino del abandono, la falta de tenencia responsable y la ausencia de controles efectivos”.
Si no se actúa en paralelo, el ciclo se repite porque “si erradicás los perros del campo pero no reforzás la tenencia responsable en las ciudades, en unos años vuelven”, explicó.
Sin embargo, sostuvo que “las herramientas disponibles están desbordadas, los municipios tienen perreras saturadas, caniles con animales que pasan años encerrados y sin adopción y las protectoras no dan abasto, no hay capacidad para capturar perros asilvestrados vivos ni posibilidad real de reinsertarlos socialmente”.
“Un perro nacido en estado salvaje no puede reconvertirse en mascota, no hay romanticismo posible en eso”, aseveró.
La discusión que nadie quiere dar
En ese contexto, la palabra que incomoda apareció en la entrevista como lo es la eutanasia.
Arona fue cuidadoso, pero directo al manifestar que “no se trata de salir a matar perros”, aclaró, sino de “reconocer que debe existir dentro de la caja de herramientas del Estado una política que permita intervenir cuando otras alternativas son inviables”.
“El debate es antipático, pero la omisión también es una decisión”.
“La ley 1146 prevé financiamiento para abordar el problema, equivalente al 50% del impuesto inmobiliario rural, el monto ronda los 7.000 dólares para un fenómeno que creció más de 1000% en cinco años”.
El número habla solo
Peor aún, según señaló el propio Arona, “parte de esos recursos ni siquiera se estarían ejecutando, por lo tanto, sin presupuesto adecuado ni decisión política, cualquier plan es retórico.
El tiempo juega en contra
“Revertir lo que creció en cinco años va a llevar mucho más que cinco años”, advirtió, al tiempo que agregó que “si no se actúa ahora, la producción ovina podría desaparecer, la fauna silvestre seguirá perdiendo terreno, y el riesgo para las personas dejará de ser hipotético”.
Hay experiencias internacionales
Por otro lado, resaltó que “hay países europeos que lograron controlar el problema mediante políticas sostenidas de tenencia responsable, control poblacional, legislación firme y recursos constantes, por ejemplo, Australia implementó incluso barreras físicas para frenar la expansión de especies problemáticas”.
Sin embargo, manifestó que “esas soluciones requirieron algo que hoy parece escaso, decisión política sostenida”.
Recordó que “en Tierra del Fuego existe un comité interinstitucional, hay matrices de trabajo, diagnósticos técnicos y proyectos legislativos en discusión, pero lo que falta es coordinación, recursos acordes a la magnitud del problema y una estrategia integral que asuma que esto ya no es un tema sectorial”.
Por último, expuso que existe “una crisis ambiental, productiva y sanitaria, y como toda crisis que se posterga, se vuelve más cara y más dolorosa, cuanto más se la niega”, concluyó.

