Este sábado 21 de febrero, en Río Grande, se plantó una lenga en la plaza ubicada en calles Cambaceres y Pellegrini, que marca el extremo sur de la Ruta Verde, un bio-corredor de 18.300 kilómetros que une Alaska con Tierra del Fuego mediante la plantación de especies nativas. La iniciativa, impulsada por Juan Carr y la Red Solidaria, busca ser una respuesta continental al cambio climático y al calentamiento global. Cabe recordar que Sofía Herrera tenía 3 años, cuando desapareció un 28 de septiembre del 2008, en el camping Jhon Goodall.
Río Grande. – Este sábado 21 de febrero, se plantó una lenga en la plaza ubicada en calles Cambaceres y Pellegrini, que marca el extremo sur de la Ruta Verde, un bio-corredor de 18.300 kilómetros que une Alaska con Tierra del Fuego mediante la plantación de especies nativas. La iniciativa, impulsada por Juan Carr y la Red Solidaria, busca ser una respuesta continental al cambio climático y al calentamiento global.
El gesto simbólico tuvo un profundo valor humano: participaron los padres de Sofía Herrera, María Elena Delgado y su esposo Fabian Herrera, invitados especialmente por Carr. La presencia de la familia, atravesada por la desaparición de Sofía el 28 de septiembre de 2008, resignificó la acción como un acto de memoria y acompañamiento.
La lenga plantada en Río Grande se suma al pino de la costa que el año pasado fue colocado en Juneau, Alaska, marcando el extremo norte del corredor. Así, el continente queda unido por dos árboles que representan la vida, la resistencia y la necesidad de cuidar la tierra.
“Queremos que la Ruta Verde sea una respuesta de toda América, de 900 millones de personas, frente al cambio climático”, señalaron los organizadores. El evento, sencillo en su forma, pero enorme en su significado, convocó a vecinos y organizaciones locales que se acercaron para acompañar.
La conjunción de naturaleza y memoria convierte a este árbol en un símbolo doble: límite sur de un corredor ambiental y recordatorio de las ausencias que aún duelen en Tierra del Fuego.

