Después de más de seis años sin realizarse, Río Grande volvió a vivir un torneo escolar de ajedrez que reunió a estudiantes de instituciones públicas y privadas en el gimnasio del Colegio Don Bosco. La iniciativa, impulsada por Federico Torres desde el espacio Pensar en Grande, convocó a cerca de 100 niños y niñas, promovió valores deportivos, sumó un fuerte acompañamiento familiar y dejó como saldo a tres representantes fueguinos clasificados al certamen nacional que se disputará en Buenos Aires. Además, el evento tuvo un fin solidario y reabrió el debate sobre la necesidad de que el ajedrez vuelva a ocupar un lugar dentro de las escuelas.
Río Grande.- Después de varios años de ausencia, el ajedrez escolar volvió a tener su gran fiesta en Río Grande y lo hizo con una convocatoria que superó ampliamente las expectativas. El gimnasio del Colegio Don Bosco fue escenario de una jornada extensa, intensa y profundamente enriquecedora, donde cerca de 100 niños y niñas de nivel primario, pertenecientes a escuelas públicas y privadas de la ciudad, participaron de un torneo que además otorgó plazas para el Campeonato Nacional que se desarrollará próximamente en la ciudad de Buenos Aires.
La iniciativa fue impulsada por Federico Torres, referente del espacio Pensar en Grande, quien no ocultó su satisfacción por la respuesta obtenida y por todo lo que dejó una jornada que fue mucho más allá de una simple competencia deportiva.
“La verdad que estamos muy conformes. Después de seis o siete años sin tener un torneo escolar de estas características en Río Grande, lograr reunir cerca de 100 chicos realmente es muchísimo”, expresó Torres una vez finalizada la actividad.
El organizador remarcó que la convocatoria no fue sencilla. Las dificultades para ingresar a las escuelas y difundir la propuesta complicaron el trabajo previo, especialmente teniendo en cuenta que estaba destinada a niños de edad primaria, quienes en muchos casos no manejan redes sociales y dependen de la comunicación institucional.
“Muchas escuelas estuvieron atravesadas por paros y también existen protocolos que muchas veces no permiten ingresar a las aulas para contarles a los chicos de qué se trata la actividad. Eso hace que llegar a ellos sea muy difícil. Aun así, se anotaron casi 100 chicos de toda la ciudad y eso nos pone muy contentos”, sostuvo.
Cinco horas de concentración sin celulares
Uno de los aspectos que más llamó la atención durante la jornada fue observar a decenas de chicos concentrados durante largas horas frente a un tablero, alejados completamente de las pantallas y del ritmo vertiginoso de la tecnología actual.
Durante más de cinco horas, los participantes analizaron movimientos, pensaron estrategias, compartieron partidas y socializaron con otros estudiantes de distintas instituciones.
Torres destacó este fenómeno con entusiasmo.
“Hoy (por sábado) vivimos algo que realmente impacta. Los chicos estuvieron cinco horas y media jugando, pensando, divirtiéndose y socializando sin necesidad de un celular, sin preguntar por WiFi, sin buscar distracciones externas. Solamente estaban ellos, sus piezas y el tablero”, señaló.
Y agregó: “Eso demuestra que todavía hay espacios donde los chicos pueden conectar con otras cosas, desarrollar paciencia y disfrutar desde otro lugar”.
Lejos de tratarse únicamente de un juego, el ajedrez volvió a demostrar su enorme valor pedagógico y formativo.
Aprender a ganar, perder y volver a intentarlo
Federico Torres remarcó que uno de los principales aportes del ajedrez está vinculado al desarrollo emocional de niñas, niños y adolescentes.
Cada ronda dejaba imágenes muy valiosas: chicos que ganaban, otros que perdían, algunos empataban, pero todos terminaban sus partidas estrechándose las manos y preparándose para volver a competir.
“Muchas veces se habla de la poca tolerancia a la frustración que tienen los adolescentes. Bueno, acá vimos todo lo contrario. Si cada chico se frustrara por perder una partida, no hubiésemos llegado al final del torneo con más de 60 chicos todavía jugando y disfrutando”, explicó.
En ese sentido, subrayó que el ajedrez enseña a convivir con tres posibilidades permanentes: ganar, empatar o perder. Y cualquiera de esos resultados debe asumirse con naturalidad.
“Eso también forma personas. Aprenden a saludar al rival, a respetarlo y a entender que una derrota no define nada”, remarcó.
Padres comprometidos y una verdadera jornada familiar
Otro aspecto sumamente valorado por los organizadores fue el comportamiento ejemplar de las familias que acompañaron a los pequeños ajedrecistas durante toda la jornada.
Desde el inicio hasta el cierre del evento, madres, padres y familiares permanecieron en el lugar alentando, acompañando y celebrando cada logro.
“Al principio muchos padres se quedaban porque sus hijos eran pequeños, pero después se terminaron enganchando con el torneo. Sacaban fotos, alentaban y estaban pendientes de cada partida. Fue realmente muy lindo ver ese acompañamiento”, destacó Torres.
Incluso señaló que, por momentos, los padres parecían estar más nerviosos que los propios competidores.
Lejos de los conflictos que muchas veces aparecen en otros deportes, el clima fue de absoluto respeto.
“No hubo problemas, no hubo discusiones, no había local ni visitante. Todos entendieron que esto era para los chicos”, señaló.
El trabajo conjunto de los clubes de Río Grande
Otro de los puntos destacados de la jornada fue la colaboración entre distintas instituciones ajedrecísticas de la ciudad, que dejaron de lado diferencias para trabajar en conjunto por un objetivo común.
Participaron activamente el Club de Ajedrez Río Grande, Peón Peón y el Polo Creativo.
Cada uno aportó desde su realidad y experiencia:
El Club de Ajedrez Río Grande con su trayectoria histórica y su fuerte perfil competitivo.
Peón Peón con su desarrollo orientado a las infancias.
El Polo Creativo ofreciendo una alternativa gratuita con apoyo estatal.
“Nadie puso excusas. Prestaron tableros, relojes, colaboraron con árbitros voluntarios y trabajaron todos juntos. Eso también es muy valioso”, destacó Torres.
Una competencia con sentido solidario
Además de lo deportivo, el torneo tuvo un fuerte componente solidario.
Cada participante llevó alimentos no perecederos que serán destinados a un comedor de la ciudad a través de la parroquia del Colegio Don Bosco.
Torres destacó que esta propuesta buscó sumar una mirada comunitaria al evento.
“Era una actividad gratuita y además ayudábamos a un comedor. Los chicos también entendieron eso y respondieron muy bien”.
El Colegio Cono Sur se quedó con el título
En el plano estrictamente competitivo, el gran ganador de la jornada fue el Colegio Cono Sur, que logró una actuación sobresaliente.
El equipo campeón sumó 17 de los 21 puntos posibles, una marca contundente que le permitió sacar una diferencia de tres unidades sobre su inmediato perseguidor.
Uno de sus representantes logró una actuación perfecta al obtener 7 puntos sobre 7 posibles, algo que fue especialmente destacado durante la premiación.
“Fue una actuación impresionante y merecida”, señaló Torres.
En tanto, también valoró la participación de la Escuela Nº 2, institución que presentó una numerosa delegación gracias al fuerte compromiso de sus directivos.
Los tres clasificados al Nacional en Buenos Aires
El torneo también definió a los tres representantes que viajarán a Buenos Aires para disputar el Campeonato Nacional Escolar.
Los clasificados fueron:
Augusto Garau
Fausto Straccio
Quimey Carvajal
Los tres se mantuvieron en los puestos de vanguardia durante toda la competencia.
Augusto Garau logró una campaña perfecta con 7 puntos sobre 7 posibles, mientras que Fausto Straccio y Quimey Carvajal finalizaron con seis unidades, perdiendo únicamente frente al campeón.
Ahora comenzará una nueva etapa organizativa junto a las familias para diagramar el viaje y la participación en el certamen nacional.
Desde la organización confían plenamente en que podrán representar de gran manera a Río Grande y a toda Tierra del Fuego.
El desafío de recuperar el ajedrez en las escuelas
Uno de los mensajes más fuertes que dejó Federico Torres estuvo vinculado al rol educativo del ajedrez dentro de las instituciones escolares.
Destacó especialmente al Colegio Cono Sur por ser una de las pocas instituciones -y quizás la única- que actualmente sostiene clases de ajedrez dentro de su estructura educativa.
“Ellos invierten, compran tableros y sostienen profesores. Eso claramente genera resultados”, expresó.
Y fue más allá: “Ojalá esto sirva para que el ajedrez vuelva a las escuelas. Hay muchísimos chicos interesados y quedó demostrado”.
Torres también sostuvo que estas actividades fortalecen el sentido de pertenencia institucional de los estudiantes.
“Los chicos estaban orgullosos de representar a sus escuelas. Decían con alegría de qué institución venían. Eso también educa y genera identidad”.
Agradecimientos y cierre de una jornada inolvidable
Antes de finalizar, Federico Torres agradeció profundamente a todos los sectores que hicieron posible el regreso del torneo.
Reconoció especialmente al Colegio Don Bosco por ceder sus instalaciones, el mobiliario, el personal de limpieza y toda la logística necesaria para recibir a los participantes.
También destacó el aporte de Ezequiel y su trabajo con impresión 3D, que sorprendió a los chicos durante la jornada.
Finalmente, valoró a cada familia, árbitro, colaborador y dirigente que apostó por una propuesta que volvió a demostrar que el ajedrez sigue más vigente que nunca.
Después de seis años de ausencia, Río Grande recuperó una competencia escolar histórica.
Y lo hizo con una certeza inapelable: mientras haya chicos dispuestos a pensar, competir sanamente y disfrutar frente a un tablero, el ajedrez siempre tendrá futuro.
Participaron niñas y niños de las Escuelas primarias del Cono Sur, Don Bosco, EPEIM, Escuela N° 14, Escuela N° 2, Escuela N° 21, Escuela N° 27, Escuela N° 44, Escuela N° 8 y el JIF (Juvenil Instituto Fueguino).












