Medir para conocer, conocer para transformar a niñas y niños en buenos deportistas

Sebastián Bendaña destacó el valor de la primera evaluación de condición física y salud realizada a niños y niñas de las Escuelas Deportivas Municipales y presentó al reconocido entrenador y preparador físico, Magíster Horacio Anselmi. “No nos queremos quedar solamente con el elogio, queremos profundizar en el trabajo y saber qué es lo que se está generando”, sostuvo. La iniciativa busca conocer el estado actual de las infancias, detectar necesidades y proyectar políticas deportivas, educativas y de salud para las generaciones que vienen.

Río Grande.- En una ciudad que desde hace años sostiene como una de sus principales banderas el concepto de “Ciudad del Deporte”, la Municipalidad de Río Grande decidió dar un paso más profundo: dejar de observar únicamente cuántas personas practican una disciplina, cuántos espacios deportivos existen o cuántas actividades se ofrecen, para comenzar a preguntarse cómo están físicamente los niños y niñas que forman parte de sus Escuelas Deportivas Municipales.

Ese interrogante comenzó a transformarse en una experiencia concreta con la realización de la primera evaluación de condición física y salud destinada a las infancias que participan de las propuestas municipales. Una iniciativa inédita para la ciudad que permitió comenzar a construir una verdadera radiografía del estado físico y motriz de los más pequeños.

En ese marco, el gerente de la Agencia Municipal de Deportes, Cultura y Juventud, Sebastián Bendaña, presentó públicamente al reconocido entrenador y preparador físico, Magíster Horacio Anselmi, quien llegó para conocer de primera mano los resultados obtenidos y aportar su mirada y experiencia.

“Para nosotros es un placer, es un gusto cada vez que te recibimos, Horacio, y tenemos la oportunidad de escucharte, de verte en una entrevista o a través de uno de tus libros”, expresó Bendaña al darle la bienvenida, dejando en claro la importancia que tiene para el ámbito deportivo local contar con la presencia de un profesional de semejante trayectoria.

Pero la visita de Anselmi no fue solamente protocolar. Su presencia estuvo vinculada directamente con un proceso que pretende convertirse en una herramienta concreta para comprender la realidad de las nuevas generaciones.

De la cantidad a la calidad

Bendaña recordó que Río Grande cuenta actualmente con más de 20 espacios deportivos estrictamente municipales distribuidos a lo largo de toda la ciudad. A esa infraestructura se suman clubes, instituciones, asociaciones y federaciones que amplían considerablemente la oferta deportiva disponible para los vecinos.

“Cuando hay más espacios, cuando hay más oferta, eso también acompaña a la demanda”, señaló. Sin embargo, planteó que ese crecimiento necesariamente debe estar acompañado por una discusión relacionada con la calidad del trabajo que se realiza.

Y allí aparece uno de los puntos centrales de esta evaluación.

“Nosotros decimos que no nos queremos quedar solamente con el elogio, sino profundizar en el trabajo y saber qué es lo que se estaba generando, principalmente en nuestras escuelas deportivas”, explicó.

Con esa premisa, el equipo de la Dirección de Deportes comenzó a trabajar junto a los profesionales, profesores e instructores vinculados a las escuelas municipales para detectar qué estaba ocurriendo con los niños y niñas que participan de ellas y cómo se estaban desarrollando desde edades tempranas.

La iniciativa contempla especialmente a chicos y chicas que se incorporan a las propuestas deportivas desde los 3 y 4 años, entendiendo que las primeras etapas de la vida resultan fundamentales para el desarrollo de las capacidades motrices y para la construcción de hábitos que pueden acompañarlos durante toda su vida.

Para Bendaña, se trata de un trabajo que “no tiene precedentes, por lo menos en nuestra ciudad”. Y como sucede con todo diagnóstico inicial, los primeros resultados pueden no coincidir necesariamente con las expectativas previas.

Pero precisamente allí reside su valor.

“Cuando se da una iniciativa a través de un trabajo de esta índole y salen resultados, no son los que a priori se terminaban esperando, pero sirve para empezar a trabajar”, sostuvo.

El deporte cambió y las infancias también

Uno de los aspectos que más preocupación genera y que Bendaña puso sobre la mesa está relacionado con la transformación que experimentó la vida cotidiana de los niños y adolescentes.

El gerente de la Agencia Municipal planteó que basta con retroceder una, dos o varias décadas para advertir que las formas de jugar, divertirse y relacionarse con el movimiento eran completamente diferentes.

Recordó aquellos tiempos en los que los recreos escolares eran espacios para correr, saltar, cambiar de dirección, perseguirse o participar de diferentes juegos que, casi naturalmente, implicaban actividad física.

Hoy, ese escenario cambió.

Las pantallas, los teléfonos celulares y las nuevas formas de entretenimiento ocupan una parte cada vez mayor del tiempo libre de las infancias. Bendaña puso como ejemplo una situación cotidiana que le relató su propia hija adolescente de 15 años: el teléfono puede ser retirado durante las clases, pero vuelve a las manos de los alumnos durante los recreos.

Aquello que décadas atrás significaba movimiento y juego, hoy muchas veces se transforma en tiempo frente a una pantalla.

“Ese espacio que hace 30 años nosotros utilizábamos para jugar algún juego en el que tenías que correr, cambiar de dirección o quizás saltar, era algo tan natural que se ha ido perdiendo”, reflexionó.

Y esa pérdida de capacidades motrices básicas es justamente una de las cuestiones que la evaluación pretende ayudar a identificar.

Una alerta que invita a actuar

Bendaña remarcó que muchos profesores e instructores que trabajan en las Escuelas Deportivas Municipales ya participaron de encuentros donde comenzaron a conocerse los primeros resultados de este proceso.

A partir de allí, la intención es profundizar el trabajo y establecer qué herramientas pueden utilizarse para acompañar a las generaciones que vienen.

La preocupación no está limitada exclusivamente al rendimiento deportivo. El objetivo es mucho más amplio: detectar dificultades vinculadas con lo motriz y lo dinámico, con la posibilidad de realizar movimientos esenciales que anteriormente formaban parte natural de la infancia.

El uso creciente de pantallas aparece, para Bendaña, como uno de los factores que necesariamente debe ser considerado.

“Hoy, cuando vemos a muchos de nuestros hijos con pantallas los fines de semana, a la tarde, a la mañana, en el momento que sea, son horas que quizás en otro momento se destinaban a algo totalmente diferente”, explicó.

Por eso, la evaluación representa apenas el comienzo de un proceso que incluye también una fuerte tarea de concientización destinada a las familias y a toda la comunidad.

Una política deportiva que también es salud

El funcionario municipal remarcó que sería sencillo quedarse únicamente con los números vinculados a la actividad deportiva: gimnasios llenos, una amplia infraestructura y más de 10.000 personas que pasan por los espacios municipales durante los días de semana.

Sin embargo, la propuesta busca ir más allá.

“Acá hemos hecho y estamos haciendo un buen trabajo, que es de deportes, pero también es de salud”, afirmó.

En ese sentido, destacó la inversión que Río Grande viene realizando en políticas deportivas y recreativas y su impacto directo sobre la salud de la población.

Bendaña recordó que esta línea de trabajo fue optimizada a partir de la gestión del intendente Martín Pérez, que lleva ya siete años, y que actualmente cuenta con más de 15 dispositivos vinculados al abordaje de distintas necesidades.

La articulación con la Secretaría de Salud también forma parte de esa estrategia, bajo una concepción que entiende al deporte como una herramienta transversal.

Porque practicar una disciplina no significa solamente mejorar físicamente. El deporte también transmite valores, respeto, compromiso y convivencia, al mismo tiempo que puede convertirse en una herramienta fundamental para la salud y la educación.

Deporte, educación y formación profesional

La mirada integral que planteó Bendaña también alcanzó a la formación de nuevos profesionales.

Recordó que hace cinco años Río Grande se convirtió en el primer municipio en impulsar en la gestión del Intendente Martín Pérez, una propuesta para desarrollar la carrera de Profesorado de Educación Física a distancia.

Una iniciativa que permitió que numerosos jóvenes pudieran formarse en la propia ciudad, con docentes que desarrollan las actividades académicas y prácticas en espacios municipales.

Bendaña destacó especialmente que muchos de esos estudiantes se encuentran actualmente transitando su último año de carrera y que, si todo se desarrolla de acuerdo con lo previsto, en los próximos meses comenzarán a convertirse en nuevos profesionales de la educación física.

La formación y la infraestructura, entonces, vuelven a encontrarse dentro de una misma política pública.

Construir una sociedad más sana

Finalmente, Sebastián Bendaña explicó que el verdadero propósito de la evaluación realizada en las Escuelas Deportivas Municipales es comenzar a identificar con mayor precisión “dónde estamos parados” respecto de las infancias de Río Grande.

Conocer cómo están los niños y niñas, cuáles son sus fortalezas, dónde aparecen las dificultades y qué aspectos necesitan ser reforzados permitirá diseñar estrategias más precisas hacia adelante.

La intención, sostuvo, es que Río Grande no sea solamente reconocida como la Ciudad del Deporte o la Ciudad de los Deportistas, sino que pueda avanzar hacia una comunidad “mucho más sana y mucho más transformativa”.

Porque detrás de cada medición, de cada dato y de cada evaluación existe una pregunta mucho más importante: ¿qué infancia queremos construir para la ciudad de los próximos años?

La respuesta no parece estar únicamente en sumar actividades o abrir nuevos espacios. También está en conocer, acompañar, prevenir, educar y generar hábitos saludables desde los primeros años.

En ese camino, la evaluación de condición física y salud de las Escuelas Deportivas Municipales constituye un primer paso. Un punto de partida para transformar los resultados en herramientas, las herramientas en políticas y las políticas en oportunidades para las nuevas generaciones.

“Eso es también lo que queremos desde nuestra Municipalidad: un trabajo en comunidad y mucho más ágil desde todo punto de vista”, concluyó Bendaña, antes de agradecer a quienes participaron de la jornada y reafirmar el compromiso de continuar fortaleciendo el proyecto deportivo de Río Grande.

Una ciudad que ya tiene los espacios, las instituciones y la oferta. Ahora busca algo todavía más importante: saber cómo están sus niños para ayudarlos a crecer más sanos, más activos y preparados para el futuro.

Por su parte, el reconocido entrenador y preparador físico, Horacio Anselmi observó el trabajo desarrollado en la ciudad y encontró allí una oportunidad para plantear una discusión mucho más profunda: qué hacer con las nuevas generaciones, cómo recuperar hábitos que se fueron perdiendo y de qué manera el deporte puede convertirse en una herramienta capaz de transformar no solamente a un atleta, sino también a toda una comunidad.

Su mensaje comenzó con una valoración concreta hacia el trabajo que viene desarrollando Río Grande y hacia la decisión de evaluar para conocer dónde se encuentra parada la población infantil.

“Lo que acabo de escuchar es una demostración más. Ustedes saben perfectamente lo que hay que hacer”, sostuvo, luego de escuchar la presentación de la experiencia.

Para Anselmi, la evaluación representa precisamente eso: una herramienta para saber dónde se está parado y, a partir de allí, tomar decisiones.

Y esa mirada adquiere todavía mayor relevancia dentro de un contexto nacional que describió como particularmente complejo.

“La crisis es una oportunidad”

Anselmi recordó sus primeras visitas a Río Grande y comparó aquella ciudad con la que encontró en esta oportunidad. Destacó especialmente la evolución de la infraestructura y puso como ejemplo el Centro de Deportes de Combate, al que calificó como un espacio modelo, además de mencionar otras iniciativas vinculadas con la educación y la formación.

En su mirada, detrás de esas obras existe algo todavía más importante: ideas claras sobre qué hacer y cómo hacerlo.

Pero el escenario deportivo argentino, advirtió, atraviesa momentos difíciles.

Y lejos de plantear la crisis como una excusa para detenerse, propuso interpretarla de una manera completamente diferente.

“Ante las situaciones de crisis como la que estamos viviendo en el deporte argentino, la crisis es una oportunidad”, afirmó.

¿Una oportunidad para qué?

Para “apretar el botón de reseteo”.

Para volver a pensar el sistema, revisar aquello que se viene haciendo y animarse a construir nuevas respuestas desde las propias características de la Argentina.

“Tenemos que hacer las cosas como solamente los argentinos podemos hacer”, planteó.

Un país con recursos humanos extraordinarios

En ese punto, Anselmi desarrolló una particular reflexión sobre la identidad argentina.

Sostuvo que los argentinos son, en muchos sentidos, una “raza especial”, aunque inmediatamente explicó que esa particularidad tiene que ver con ser un verdadero crisol de razas, formado por generaciones de personas que llegaron al país buscando un futuro.

Y en la Patagonia, esa historia adquiere una dimensión todavía más profunda.

El preparador físico apeló a la memoria de los abuelos y al esfuerzo de aquellas generaciones que construyeron sus vidas en condiciones muchas veces adversas.

“Tenemos en nuestro ADN a alguien al cual no vimos, que nos llevó a la plaza, que nos llevó a jugar, que se rompió el alma para que nosotros seamos lo que somos”, expresó.

Esa herencia, para Anselmi, no debería ser olvidada. Por el contrario, debe transformarse en una herramienta para afrontar el presente.

También destacó que la Argentina tuvo en distintos momentos una educación pública de enorme nivel y que eso permitió construir una cantidad extraordinaria de recursos humanos.

Pero existe otra característica que consideró fundamental: la capacidad de compartir conocimientos.

Anselmi señaló que conoce a referentes de su especialidad en distintos lugares del mundo y que en muchos países ese conocimiento se encuentra concentrado en muy pocas personas. En la Argentina, en cambio, existe una importante cantidad de profesionales de alto nivel y una particular solidaridad entre ellos.

“Lo que sabemos nos lo sabemos todos”, sintetizó.

Y justamente ese conocimiento colectivo es el que pretende poner al servicio del país.

Un legado que empieza en el interior

Con una definición profundamente personal, Anselmi explicó por qué continúa involucrándose en este tipo de proyectos.

Reconoció que el paso del tiempo es inevitable, que su reloj biológico también avanza, pero dejó en claro que pretende aprovechar cada momento para construir un legado.

“No me va a correr antes que deje el legado”, afirmó.

¿Y cuál quiere que sea ese legado?

Que la generación que viene detrás sea todavía mejor y que la Argentina pueda, quiera o no quiera, organizarse deportivamente.

Porque, según su concepción, el deporte no termina en una cancha, en una pista o en un gimnasio.

“El deporte deriva de la salud, el deporte deriva en una sociedad”, sostuvo.

Por eso está en Río Grande.

Y por eso también lanzó una definición que seguramente quedó resonando entre quienes escuchaban su exposición: las respuestas no necesariamente están en los grandes centros urbanos.

“No busquen las soluciones en Buenos Aires, porque no las van a encontrar. No las busquen en Córdoba, no las busquen en Rosario”, desafió.

Para Anselmi, muchas de las respuestas pueden encontrarse justamente en el denominado “interior del interior”, en aquellos lugares donde todavía existen hábitos, formas de vida y características culturales diferentes a las de las grandes ciudades del mundo.

Recuperar hábitos antes de que sea demasiado tarde

Allí apareció uno de los ejes centrales de su exposición: los hábitos de las nuevas generaciones.

Anselmi llamó a mirar hacia aquellos lugares donde un chico todavía conserva costumbres alejadas de las sociedades altamente urbanizadas y desarrolladas, porque entiende que en esas diferencias puede encontrarse una ventaja.

La evaluación realizada en Río Grande adquiere entonces un valor estratégico.

No se trata solamente de determinar quién corre más rápido, quién salta más alto o quién posee mejores condiciones físicas.

Se trata de conocer qué está sucediendo con los chicos y qué hábitos están construyendo.

Y en ese análisis apareció también una cuestión que Horacio vinculó directamente con la alimentación moderna.

La comida también forma parte del problema

Anselmi explicó que buena parte de la tecnología alimentaria que hoy forma parte de la vida cotidiana tiene raíces en las necesidades generadas durante los grandes conflictos bélicos del siglo XX.

Recordó cómo, durante la Segunda Guerra Mundial, fue necesario desarrollar alimentos que pudieran transportarse, conservarse durante largos períodos y alimentar a enormes cantidades de soldados: productos enlatados, sopas deshidratadas, jugos en polvo, chocolate sólido y otros alimentos de larga duración.

Aquellos avances, sostuvo, terminaron modificando posteriormente los hábitos de consumo de la sociedad.

“Detrás de cada paquete de galletitas que la mamá le da a su nene para que vaya al colegio hay tecnología de la Segunda Guerra Mundial”, resumió.

Su planteo no apuntó solamente a cuestionar un producto determinado, sino a invitar a pensar qué alimentación estamos construyendo para quienes serán los futuros deportistas y ciudadanos.

Y allí realizó una propuesta concreta: recuperar el vínculo con la comida tradicional, con los productos frescos y con aquellas elecciones que las generaciones anteriores realizaban de manera más natural.

Incluso apeló a la figura de la abuela y a su cultura alimentaria como una referencia posible para recuperar determinados hábitos.

El campeón como faro para toda una comunidad

Pero quizás uno de los conceptos más fuertes de la exposición de Anselmi apareció cuando comenzó a hablar de los campeones.

¿Por qué ese afán de construir un campeón?

La respuesta fue contundente: porque el campeón es un ejemplo para la sociedad.

En primer lugar, porque representa un modelo de esfuerzo.

Pero también porque puede convertirse en una referencia para aquellos que lo rodean.

Anselmi explicó que las generaciones anteriores encontraban en sus propios abuelos modelos concretos de esfuerzo y sacrificio. Con el paso del tiempo, esos ejemplos pueden diluirse.

Entonces aparece el deporte.

Y aparece el campeón como un nuevo faro.

“No necesito solamente un campeón. Necesito el campeón de mi cuadra”, planteó en una de las frases más gráficas de su exposición.

Ese chico que entrena, que se esfuerza, que aprende a ganar y también a perder, que comprende que existen límites y que el crecimiento exige constancia, puede transformarse en un modelo para todos los demás.

Y allí aparece una idea todavía más profunda: no todos tienen que convertirse en campeones del mundo para beneficiarse del deporte.

La mejor versión de cada chico

Anselmi puso el foco en un concepto que atraviesa toda su filosofía: cada niño merece alcanzar su mejor versión.

“No vas a ser el mejor del mundo. ¿Qué vas a ser? Tu mejor versión”, planteó.

Y esa mejor versión, desde su mirada, será también una versión más saludable.

El deporte organizado permite establecer hábitos, pautas, límites y objetivos. Permite que un niño aprenda a cuidarse y que ese aprendizaje lo acompañe durante toda su vida.

Por eso el campeón que se construye no solamente ilumina el camino de quienes compiten.

También puede ayudar a prevenir enfermedades y problemas de salud en el futuro.

Anselmi graficó esa idea al hablar de evitar que una persona llegue a convertirse en un diabético a los 45 años o en un hipertenso a los 50.

La competencia, entonces, deja de ser un fin en sí mismo para convertirse en una herramienta de prevención y salud.

El deporte como respuesta social

En esa misma línea, Anselmi vinculó la práctica deportiva con otra de las grandes preocupaciones de la sociedad actual: las adicciones.

Su razonamiento fue directo. Una persona que construye desde pequeño una identidad deportiva, que aprende a entrenar, competir, cuidarse y proyectarse, desarrolla también herramientas para enfrentar distintas situaciones de riesgo.

Incluso llevó el planteo a un extremo para mostrar su dimensión social: imaginó un mundo donde nadie comprara drogas.

Si no existieran consumidores, tampoco existiría el incentivo económico para quienes comercializan esas sustancias.

Por eso defendió al deporte en su versión más competitiva, no como una actividad reservada exclusivamente para quienes llegarán al alto rendimiento, sino como un modelo capaz de contagiar hábitos saludables al conjunto de la sociedad.

Ese pequeño porcentaje puede convertirse en un faro

En referencia a los resultados de la evaluación, Anselmi se detuvo especialmente en un dato que llamó la atención: aproximadamente un 7% de los chicos evaluados presentó características que despertaron especial interés.

El dato, explicó, no debe ser interpretado como una etiqueta ni como una sentencia sobre el futuro de esos niños.

Por el contrario, allí puede encontrarse una oportunidad.

Dentro de ese grupo pueden aparecer aquellos chicos con condiciones particulares que, acompañados correctamente, podrían transformarse en referencias deportivas.

“Entre esos pibitos que te llaman la atención tenemos que construir el que sea el faro en el cual se miren todos los demás”, sostuvo.

Porque el objetivo final no es producir una pequeña cantidad de campeones y dejar al resto al margen.

Es utilizar ese talento como inspiración para que todos puedan alcanzar su mejor versión.

Los grandes campeones pueden nacer en cualquier lugar

La mirada de Anselmi volvió entonces sobre la Patagonia y el interior del país.

Su convicción es que los grandes talentos no necesariamente nacen en las capitales deportivas del mundo.

Por el contrario, muchas veces aparecen en lugares alejados de los grandes centros, en pequeñas comunidades, en regiones extremas o en sitios donde todavía existen hábitos que favorecen determinados procesos de desarrollo.

“Los campeones del mundo salen de lugares como Río Grande”, afirmó.

No necesariamente de Nueva York, Tokio o las grandes ciudades.

Pueden surgir de una isla, de una comunidad pequeña o de una región alejada.

Y allí aparece el verdadero desafío.

“¿Qué hacemos con los buenos después?”, se preguntó.

Porque detectar el talento es apenas el comienzo. Acompañarlo, formarlo, cuidarlo, sostenerlo y brindarle las condiciones necesarias para que pueda desarrollarse es el verdadero trabajo.

El desafío recién comienza

Al finalizar su exposición, Horacio Anselmi dejó una idea que resume buena parte de su visita a Río Grande.

La evaluación realizada a los niños y niñas de las Escuelas Deportivas Municipales no debe ser vista como una fotografía aislada, sino como el primer capítulo de una historia mucho más grande.

Una historia que habla de deporte, pero también de salud.

De competencia, pero también de educación.

De campeones, pero también de ciudadanos.

De resultados, pero fundamentalmente de futuro.

Anselmi llegó para conocer los números de una evaluación y terminó planteando una pregunta que trasciende cualquier estadística: qué hacemos con aquello que descubrimos cuando miramos de verdad a nuestras infancias.

La respuesta, para él, está en trabajar, organizar, compartir conocimientos y aprovechar las características propias de cada comunidad.

Porque quizá el próximo gran campeón no necesite nacer en una de las grandes capitales del deporte mundial.

Quizá pueda estar entrenando hoy, en silencio, en uno de los gimnasios de Río Grande.

Y si ese chico logra convertirse en el faro, su verdadera victoria no será solamente ganar una competencia.

Será conseguir que muchos otros, a su alrededor, también quieran convertirse en la mejor versión de sí mismos.