Río Grande y Ushuaia comenzaron a caminar juntas detrás de un mismo objetivo. La preselección femenina Sub-17 de Tierra del Fuego ya transita su preparación para los Juegos Binacionales de la Araucanía, con 47 jugadoras que buscan convertirse en parte del equipo que representará a la provincia en la Región de Los Ríos, Chile. Maricel Rausch, integrante del cuerpo técnico junto a Diego Limache y Catalina, destacó la calidad técnica del grupo, la necesidad de adaptar las virtudes del futsal al fútbol once y, sobre todo, el enorme compromiso de las jóvenes que afrontan el desafío incluso bajo la lluvia y el frío.
Río Grande.- Hay entrenamientos que sirven para mejorar un pase, ajustar una presión o aprender un movimiento táctico. Y hay otros que significan algo más. La concentración de la preselección femenina Sub-17 de Tierra del Fuego en el césped sintético del Club San Martín pertenece a esta segunda categoría.
Por primera vez, jugadoras de Río Grande y Ushuaia se encontraron en una misma cancha para comenzar a construir el equipo que tendrá la responsabilidad de representar a toda la provincia en los Juegos Binacionales de la Araucanía. No es un detalle menor.
Durante años, cada futbolista desarrolló su camino en su club, defendiendo sus propios colores y compartiendo torneos con otras jugadoras que ahora serán compañeras. Esta vez, el desafío es diferente: dejar atrás las camisetas particulares para empezar a reconocerse en una sola identidad.
Son 47 las jugadoras convocadas en esta primera etapa. Una cifra que habla por sí sola del crecimiento y del potencial que existe en el fútbol femenino fueguino.
“Tenemos un plantel bastante largo, muchas chicas que se están acercando al fútbol once. Algunas no han jugado y otras ya han viajado, así que es un lindo trabajo”, explicó Maricel Rausch.
La entrenadora forma parte de la conducción técnica junto a Diego Limache y Catalina, profesora que desarrolla su tarea en Ushuaia. Matías Ramos, en tanto, acompaña desde el aspecto logístico y organizativo.
El primer diagnóstico es alentador: hay material, hay talento y, principalmente, hay ganas.
“Tenemos muy buena base, muy buena técnica. Después falta acercarlas a algunos conceptos, pero la verdad que estamos contentos con el material que hay”, sostuvo Rausch.
El calendario, sin embargo, no permite relajarse. El proceso comenzó hace aproximadamente tres semanas y quedan alrededor de ocho semanas para continuar trabajando y llegar de la mejor manera posible a la competencia. El tiempo apremia.
La escuela del futsal como punto de partida
La realidad deportiva de Tierra del Fuego ofrece una particularidad que puede convertirse en una fortaleza: gran parte de sus futbolistas femeninas se forman y compiten en el futsal.
Río Grande y Ushuaia poseen una importante tradición en esta disciplina, y esa formación aparece ahora como una herramienta fundamental para afrontar el salto al fútbol once.
Pero no se trata de trasladar automáticamente un deporte al otro.
Una cancha de fútbol once obliga a recorrer mayores distancias, interpretar espacios diferentes y tomar decisiones en tiempos distintos. También cambian las referencias, las funciones y las exigencias físicas.
Rausch lo sabe y por eso el objetivo no es borrar lo aprendido, sino aprovecharlo.
“Yo creo que técnicamente es muy completo el plantel y eso te permite hacer un juego lindo, un juego bonito”, explicó.
La técnica aparece así como uno de los grandes argumentos de este seleccionado.
“Obviamente hay otras deficiencias propias de que es otro deporte, otro elemento, otros espacios y otras técnicas, pero tratando de utilizar lo bueno que tenemos, que es esa parte técnica, y potenciarlo dentro de esta cancha”, agregó.
El desafío consiste en tomar esa identidad que las jugadoras adquirieron en el futsal y hacerla funcionar en un terreno mucho más amplio.
“Agarrar lo mejor que tenemos del futsal, como los Juegos Fueguinos, esa identidad que tenemos, y meterlo a esta cancha y adaptar ese juego a nuestras potencialidades”, resumió.
No se parte desde cero. Se parte desde una base que ahora debe crecer.
De rivales a compañeras: construir una identidad
Entre las jugadoras convocadas aparecen representantes de distintos clubes, entre ellos Estrella Austral, ADEFU, Camineros, Defensores y HVJ.
Muchas ya se conocen. Algunas incluso han compartido partidos, aunque desde veredas opuestas.
Ahora deberán aprender a jugar juntas.
Y allí aparece uno de los objetivos que Rausch considera centrales: construir una identidad colectiva.
“Se enfrentan y demás, pero compartir un equipo y generar una identidad es nuestro objetivo, que todas sean una, que todas jueguen a lo mismo y que todas vayan hacia adelante”, manifestó.
La idea es que esa identidad se vea en cada acción.
Que una presión sea acompañada por las diez compañeras. Que un repliegue sea colectivo. Que nadie quede desconectada del funcionamiento general.
“Si una quiere presionar, todas presionan; si una repliega, todas repliegan”, graficó.
Parece una frase sencilla, pero resume buena parte del trabajo que tienen por delante.
Porque una selección no se construye solamente reuniendo a las mejores jugadoras disponibles. También necesita generar sociedades, confianza y sentido de pertenencia.
Sin magia: trabajo, adaptación y ocho semanas
La preparación tendrá una dificultad adicional: el tiempo.
“Tenemos un tiempo acotado. Empezamos hace tres semanas”, recordó Rausch.
Por eso no existen grandes misterios ni fórmulas revolucionarias.
“No buscamos nada nuevo ni magia, sino adaptar lo mejor posible el juego que ya tenemos a las necesidades del torneo y de nuestras jugadoras”, aseguró.
La definición muestra claramente cuál será la hoja de ruta.
Conocer a las futbolistas. Observar sus características. Encontrar las sociedades más adecuadas. Incorporar conceptos. Adaptar el juego del futsal al fútbol once. Y, sobre todo, conseguir que todas interpreten la misma idea.
Cada entrenamiento tendrá entonces un doble propósito: mejorar futbolísticamente y construir un grupo.
Porque cuando llegue la hora de competir en los Juegos de la Araucanía, ya no importará demasiado de qué club proviene cada jugadora.
Importará cuánto puede aportar a la selección.
El frío y la lluvia tampoco frenan el proyecto
La preparación también está condicionada por una realidad inevitable en Tierra del Fuego: el clima.
Las futuras concentraciones podrían realizarse tanto en Río Grande como en Ushuaia, de acuerdo con la cantidad de jugadoras convocadas en cada ciudad, la disponibilidad de espacios y las posibilidades logísticas que determine la Secretaría de Deportes.
Ushuaia presenta además una dificultad adicional durante esta época del año, cuando las bajas temperaturas y las precipitaciones pueden complicar cualquier planificación al aire libre.
Pero hasta el momento las jugadoras están demostrando que no necesitan condiciones ideales para comprometerse con el proyecto.
Rausch recordó jornadas de entrenamiento con lluvia y mucho frío.
Y hubo una que quedó especialmente grabada.
“El lunes pasado, con lluvia, todo mojado, éramos 25 entrenando”, contó.
Veinticinco futbolistas decidieron presentarse pese a las condiciones adversas.
Para cualquier cuerpo técnico, ese dato vale.
“La verdad que el compromiso de las chicas es muy grande, así que eso también te alienta a seguir trabajando, seguir planificando, seguir metiéndole lo mejor”, reconoció.
La cancha mojada, el frío y la lluvia terminaron convirtiéndose, casi sin proponérselo, en una prueba anticipada del carácter que necesitará este grupo.
Un proyecto que también busca visibilizar al fútbol femenino
Más allá de los resultados que pueda conseguir esta selección, el proyecto representa una oportunidad para darle mayor visibilidad al fútbol femenino.
Durante décadas, la presencia de las mujeres en este deporte estuvo relegada frente al protagonismo masculino. El panorama comenzó a cambiar y las cifras actuales permiten observar que existe una generación que reclama naturalmente su espacio.
Las 47 jugadoras convocadas son una prueba concreta.
Hay talento, clubes, competencia y una nueva camada que quiere crecer.
Por eso Rausch valoró especialmente que se pueda contar lo que ocurre detrás de escena.
“Para las chicas es recontra importante que se empiece a visibilizar el deporte y cómo estamos trabajando para esto”, expresó.
No se trata únicamente de preparar un equipo para una competencia determinada. También de mostrar que existe un fútbol femenino que trabaja, que se organiza y que tiene jóvenes dispuestas a asumir nuevos desafíos.
El verdadero desafío: que las 47 sean una sola
Todavía quedan semanas de trabajo y seguramente habrá modificaciones, evaluaciones y decisiones que definirán finalmente quiénes tendrán la posibilidad de integrar el seleccionado que viajará a Chile.
Pero la primera fotografía ya está tomada.
Cuarenta y siete jugadoras.
Dos ciudades.
Varios clubes.
Una cancha de césped sintético.
Mucho frío.
Alguna que otra jornada de lluvia.
Y un sueño que comienza a tomar forma.
El camino hacia los Juegos Binacionales de la Araucanía recién empieza, pero la primera misión ya está clara: construir una selección que no dependa de individualidades, sino que pueda reconocerse como un verdadero equipo.
Maricel Rausch y su cuerpo técnico saben que no hay tiempo para inventar milagros. Hay que trabajar, adaptar, corregir y aprovechar las virtudes que las jugadoras ya poseen.
El futsal será el punto de partida. El fútbol once, el nuevo desafío. La identidad colectiva, la gran búsqueda.
Y mientras las 47 futbolistas pelean por un lugar, todas comparten algo que ninguna convocatoria puede garantizar por sí sola: las ganas de representar a Tierra del Fuego.
Porque cuando llegue el momento de salir a la cancha en Chile, ya no habrá camisetas de Estrella Austral, ADEFU, Camineros, Defensores, HVJ ni de ningún otro club.
Habrá una sola.
La celeste y blanca fueguina.
Y detrás de ella, 47 corazones empujando en una misma dirección.
