La ciudad de Río Grande en el centro del karate-do internacional

La Escuela Municipal de Karate-Do JKA de Río Grande fue anfitriona de la IV Copa Mitsuo Inoue, un acontecimiento internacional que reunió a casi 200 competidores de distintos puntos de la Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile. Para el sensei 5º Dan Vicente Sosa, director de la institución, la llegada de este certamen a la ciudad representa mucho más que una competencia: es la concreción de un sueño perseguido durante 44 años, un homenaje en vida a quien considera su maestro y, quizás, el primer paso hacia un nuevo desafío, llevar un Nacional a Tierra del Fuego.

Río Grande.- Durante el último fin de semana, el Polideportivo Carlos Margalot se transformó en el gran escenario del karate-Do JKA con la realización de la IV Edición de la Copa Mitsuo Inoue, una competencia que por primera vez tuvo a Río Grande como sede y que reunió a exponentes de diferentes puntos de la Argentina y de países de Latinoamérica.

Uruguay, Paraguay y Chile dijeron presente, además de delegaciones provenientes de distintas provincias argentinas, conformando un marco que, por su nivel y convocatoria, colocó a la ciudad en el centro de la escena del karate internacional.

Para Vicente Sosa, la elección de Río Grande como sede tuvo un significado especial. “Gracias a unas votaciones salió sede Río Grande por primera vez en un evento de esta característica, de alto nivel y, a su vez, internacional”, explicó el sensei 5º Dan, quien no ocultó su satisfacción por haber alcanzado un objetivo que comenzó a gestarse mucho tiempo atrás.

La expectativa inicial apuntaba a superar los 200 participantes, una cifra que finalmente quedó muy cerca de concretarse. “Estamos a dos de 200 competidores de todo el país y Latinoamérica, así que por una parte estamos contentos”, resumió Sosa.

Pero detrás de ese número existe mucho más que una estadística. Hay meses de preparación, organización, sacrificio y una estructura que permitió que Río Grande estuviera a la altura de una competencia de semejante magnitud.

Una jornada sin pausa

Desde las primeras horas de la mañana, la actividad fue intensa. Las eliminatorias obligaron a poner en funcionamiento una logística aceitada y dinámica, utilizando entre cuatro y seis tatamis, incluyendo el gimnasio anexo del Polideportivo Carlos Margalot.

La cantidad de competidores llevó incluso a modificar los tiempos inicialmente previstos para el protocolo de inauguración. La prioridad fue darle continuidad a la competencia y aprovechar cada minuto.

“Desde que empezó no paramos. Hasta las 13 horas fue competencia tras competencia”, graficó Vicente, reflejando la intensidad de una jornada que dejó en evidencia la dimensión alcanzada por la Copa.

Luego del primer tramo competitivo llegaron las semifinales y la definición de las distintas categorías, mientras que también entraron en disputa las tradicionales Copas Challenger.

Y allí apareció otro de los momentos cargados de simbolismo.

Con la edición realizada en Río Grande se alcanzó la Copa Challenger número 13. Tres de ellas fueron donadas por Río Grande y otra por Neuquén, en una iniciativa que también tuvo como objetivo reconocer al maestro Mitsuo Inoue.

En esta oportunidad, una de esas copas fue entregada personalmente al maestro, como homenaje en vida y como reconocimiento a una trayectoria que excede ampliamente los límites de una competencia deportiva.

Un homenaje que emociona

La presencia de Mitsuo Inoue le otorgó a la competencia una dimensión especial. Su figura, reconocida dentro del karate JKA, fue uno de los grandes motivos que transformaron a esta Copa en un acontecimiento diferente.

Vicente Sosa lo siente particularmente así.

Más allá de los resultados, las delegaciones y el nivel competitivo, para quienes forman parte de la organización existe un sentimiento que atraviesa todo el evento: el reconocimiento a un maestro que marcó generaciones.

“Se genera un ambiente que no tiene implicación, es un homenaje en vida al maestro y el sentimiento es otro”, señaló Sosa.

Y ese sentimiento quedó expuesto en una situación que el propio Vicente recordó con particular emoción. Durante una entrevista previa, una pregunta tocó una fibra muy profunda y las lágrimas aparecieron inevitablemente.

“Me tocaron lo más profundo. Se me cayeron un par de lágrimas y me costó terminar la nota”, confesó.

Son esos momentos, quizá, los que terminan quedando grabados para siempre. Porque detrás de cada tatami, de cada combate y de cada ceremonia existe una historia construida durante décadas.

Cuarenta y cuatro años para llegar a este momento

Vicente Sosa lleva 44 años ligado al karate. Cuatro décadas en las que atravesó buenos y malos momentos, dificultades, diferencias de ideas, cambios y transformaciones, pero siempre con la misma determinación: seguir adelante.

Por eso, la llegada de una competencia internacional de estas características a Río Grande no puede medirse solamente por la cantidad de participantes.

“Yo aspiraba hace 44 años a hacer un evento grande y tuve que esperar”, relató.

El contexto también fue cambiando. Durante mucho tiempo, la ciudad no contaba con la infraestructura necesaria para recibir un acontecimiento de esta magnitud. Faltaban hoteles, restaurantes y servicios suficientes para albergar a delegaciones numerosas.

Hoy la realidad es diferente.

Río Grande cuenta con una estructura hotelera y gastronómica que permite pensar en eventos nacionales e internacionales con otra perspectiva. Ese crecimiento de la ciudad también abrió una puerta que durante mucho tiempo permaneció cerrada.

Y Vicente decidió atravesarla.

El trabajo que no se ve

Un evento de estas características no se construye solamente dentro de un gimnasio. Detrás de cada competencia existe una enorme cantidad de personas que trabajan durante meses para que todo funcione.

Sosa destacó especialmente el acompañamiento recibido desde la Agencia Municipal de Deportes, Cultura y Turismo y el trabajo de sus responsables y colaboradores.

“Gracias a ellos tenemos la infraestructura, tenemos el personal y hoy se manejó muy rápido todo”, valoró.

También remarcó el aporte de Ushuaia, particularmente a través de los jueces que colaboraron durante el desarrollo de la competencia, generando una verdadera integración provincial alrededor de la Copa.

Pero si existe un grupo al que Vicente considera fundamental, es el de sus alumnos mayores.

Ellos estuvieron desde el primer momento, aportando tiempo, trabajo y esfuerzo para alcanzar el objetivo.

Y cuando no alcanzaba con el trabajo dentro del dojo, hubo que salir a buscar recursos de otra manera.

“Nos hemos levantado de madrugada para cumplir el objetivo. Hicimos pollos, choripanes, todo lo que nos pudiera generar algo de dinero. El 25 de mayo nos juntamos en el Club San Martín”, recordó.

No hubo atajos.

Hubo compromiso, voluntad y una causa común.

El próximo sueño ya está en marcha

Cuando todavía no había terminado la IV Copa Mitsuo Inoue, en el seno de la comisión ya había comenzado a aparecer una nueva inquietud.

La pregunta surgió durante una reunión realizada el jueves previo al cierre de la organización.

“¿Qué les parece si traemos el Nacional acá, a Río Grande?”, plantearon.

Para Vicente, lejos de tratarse de una fantasía, el proyecto comienza a adquirir forma.

“Creo que no es un sueño imposible”, sostuvo.

Lo más significativo, sin embargo, fue descubrir que la idea no nació solamente de los dirigentes o de los instructores.

Nació de los jóvenes.

Y ese detalle fue especialmente valorado por Sosa, porque significa que el futuro del karate fueguino comienza a tomar decisiones y a plantearse objetivos cada vez más ambiciosos.

Después de 44 años de trayectoria, Vicente sabe que una historia no puede depender exclusivamente de una persona.

Por eso espera que quienes continúen el camino puedan incluso superar lo realizado hasta ahora.

“Ojalá esto, cuando se vaya Vicente Sosa, no sea cerrar la puerta. Al contrario, los que queden tienen que demostrar más y quizás hacer un poquito más que yo”, afirmó.

Aunque inmediatamente agregó una condición cargada de humor y experiencia: primero tendrán que aguantar 44 o 45 años.

Marcar el camino para los que vienen

La frase resume una filosofía de vida.

Sosa entiende que quienes llevan muchos años enseñando tienen una responsabilidad que trasciende las técnicas y los resultados deportivos.

“Una vez escuché un comentario: cuando uno se hace viejo se hace invisible. Pero yo creo que no. Nosotros somos los que marcamos el camino”, reflexionó.

En ese recorrido también hubo errores, diferencias y momentos difíciles. Pero para Vicente, cada obstáculo forma parte del aprendizaje.

“Hay equivocaciones, seguro, pero nosotros seguimos para adelante”, expresó.

Y quizás allí esté una de las claves de una trayectoria que ya lleva casi medio siglo: aprender de las dificultades sin detenerse.

Río Grande ya no se pone límites

La IV Copa Mitsuo Inoue dejó mucho más que campeones, medallas y estadísticas.

Dejó una certeza: Río Grande está en condiciones de recibir acontecimientos deportivos de alto nivel y de abrir sus puertas al karate nacional e internacional.

Para la Escuela Municipal de Karate-Do JKA, además, significó demostrar que el trabajo sostenido durante décadas puede desembocar en acontecimientos que alguna vez parecían imposibles.

La competencia terminó, pero el camino continúa.

Ya está en el horizonte el Nacional de Neuquén, hacia donde Sosa pretende llevar una delegación fueguina, aunque sea reducida.

“Tenemos que estar presentes”, aseguró.

Y mientras ese próximo desafío comienza a tomar forma, en Río Grande queda flotando una idea que hasta hace poco podía parecer demasiado ambiciosa: recibir un Campeonato Nacional.

Después de haber esperado 44 años para concretar uno de sus grandes sueños, Vicente Sosa sabe que todavía hay páginas por escribir.

Tal vez la próxima tenga como escenario nuevamente al Polideportivo Carlos Margalot.

Tal vez esta vez no sea una Copa Internacional.

Tal vez sea un Nacional.

Lo que sí parece seguro es que, mientras haya alumnos dispuestos a continuar el camino, el sueño seguirá avanzando.