Con una actuación sobresaliente en Villa María, Córdoba, los representantes riograndenses se consagraron campeones iberoamericanos en sus respectivas categorías y modalidades. Thiago Martínez, de apenas 19 años, estableció récords mundiales e iberoamericanos en sentadilla, despegue y total, mientras que Tomás Álvaro se impuso en banco raw y banco equipado. Marcos Martínez, segundo entrenador de la Selección Argentina, analizó las actuaciones, las dificultades que debieron superar y el enorme potencial de los deportistas.
Río Grande.- El Campeonato Iberoamericano de Powerlifting, disputado el sábado 3 y el domingo 4 de octubre de 2026 en Villa María, Córdoba, dejó un balance extraordinario para la delegación fueguina. Thiago Martínez y Tomás Álvaro se subieron a lo más alto del podio en sus respectivas categorías, coronando un fin de semana de grandes marcas, récords y aprendizajes competitivos. Desde el cuerpo técnico, Marcos Martínez, quien viajó como segundo entrenador de la Selección Argentina, acompañó de cerca cada movimiento, cada decisión y cada intento de sus dirigidos.
Detrás de los resultados hubo mucho más que fuerza. La competencia exigió interpretar las condiciones físicas de cada atleta, administrar la ansiedad, elegir las cargas adecuadas y saber cuándo arriesgar y cuándo preservar al deportista. En ese escenario, Thiago protagonizó una actuación de enorme dimensión internacional, mientras que Tomás construyó dos jornadas de consagración, primero en banco raw y luego en banco equipado.
Thiago Martínez: récords mundiales con apenas 19 años
La actuación de Thiago Martínez fue una de las grandes noticias del certamen. Con 19 años y un peso corporal de 108,800 kilogramos, compitió en la categoría de hasta 110 kilos y consiguió una marca total de 790 kilogramos, estableciendo récords mundiales e iberoamericanos en su categoría. Una producción que adquiere todavía mayor relevancia si se tiene en cuenta que, según explicó su entrenador, llevaba apenas tres meses de preparación en esa categoría.
La primera gran demostración llegó en sentadilla, donde Thiago completó con éxito sus tres intentos: 290, 307,5 y 320 kilogramos. Las tres marcas fueron válidas y representaron récords mundiales e iberoamericanos, una secuencia que confirmó su capacidad para responder ante cargas de máxima exigencia y comenzar la competencia con una actuación impecable.
En banco, el representante argentino consiguió levantar 160 y 170 kilogramos. Sin embargo, la exigencia acumulada comenzó a pasarle factura y sufrió una fuerte contractura en la zona lumbar, que le dificultaba incluso respirar con normalidad.
Marcos Martínez describió la situación con preocupación: “Salió muy contracturado de la espalda y no le dejaba entrar aire. Al estar tan arqueado y exigir tanto el cuerpo, se le contracturó muchísimo la zona lumbar. Era como si te metieran una piña en los lumbares; no podía respirar”.
Ante ese panorama, el cuerpo técnico tomó una decisión que resultaría determinante para preservar al deportista y permitirle completar la competencia. En lugar de insistir con un tercer intento en banco, optaron por detenerse y reservar fuerzas para el despegue.
“Preferí guardarlo y que descansara. Estaba quemado como para subir dos, cinco kilos más y correr el riesgo de que se lastimara”, explicó Martínez, quien entendió que insistir en ese momento podía comprometer tanto la integridad física de Thiago como el resultado final.
La determinación no fue una renuncia a la ambición deportiva, sino una lectura inteligente de las circunstancias. El objetivo era mantener al atleta en condiciones de afrontar el último movimiento, una instancia decisiva para cerrar una actuación que ya venía siendo histórica.
Un despegue extraordinario y un total de 790 kilos
En el despegue, Thiago volvió a demostrar su enorme capacidad. Comenzó con 285 kilogramos y luego levantó 300, marcas que le permitieron establecer nuevos récords mundiales e iberoamericanos. Con esos registros, alcanzó un total de 790 kilogramos, también récord mundial e iberoamericano para su categoría.
La tercera tentativa fue de 310 kilogramos. Thiago consiguió despegar la barra del suelo y elevarla hasta superar la zona de las rodillas, pero no logró completar el movimiento. El esfuerzo fue enorme y el desgaste acumulado, especialmente después de la exigencia en banco, terminó condicionando la ejecución.
Martínez consideró que, de haber sido válida esa última carga, su dirigido habría alcanzado un total de 800 kilogramos. Aun así, el resultado obtenido fue excepcional: 790 kilos, con récords en sentadilla, despegue y total, además de la consagración como campeón iberoamericano subjunior.
“Hizo récord mundial y solamente llevaba tres meses entrenando en una categoría en la que antes competía en 100 kilos. Hoy tiene acaparados los cuatro récords de la categoría de 100 kilos, a nivel mundial e iberoamericano, y ahora estamos avanzando también en la categoría de 110”, destacó el segundo entrenador argentino.
La evolución de Thiago refleja un crecimiento que trasciende una medalla. Su capacidad para adaptarse a una nueva división, responder ante cargas extraordinarias y establecer registros de alcance internacional abre una perspectiva alentadora para su futuro deportivo.
La jornada dejó, además, una enseñanza fundamental: en el powerlifting, la fuerza debe ir acompañada de estrategia. El cuerpo técnico supo priorizar la recuperación cuando la contractura amenazaba con complicar la continuidad y, gracias a esa decisión, Thiago pudo cerrar su participación con un resultado de enorme valor.
Tomás Álvaro: dos jornadas, dos títulos iberoamericanos
La actuación de Tomás Álvaro también tuvo un lugar destacado en Villa María. El sábado 3 de octubre, después de realizar el pesaje oficial el viernes, compitió en banco raw, modalidad en la que logró imponerse en la categoría de hasta 90 kilogramos, dentro de la división Master 1, reservada para atletas de entre 40 y 49 años.
Tomás completó satisfactoriamente sus tres intentos: 142,5, 152,5 y 155 kilogramos. La progresión le permitió asegurar el primer puesto y consagrarse campeón iberoamericano.
Sin embargo, el rendimiento pudo haber sido todavía mayor. De acuerdo con el análisis de Marcos Martínez, el atleta estaba en condiciones de intentar una carga superior, cercana a los 160 kilogramos, pero los nervios propios de la competencia y la ansiedad inicial influyeron en el desarrollo de la prueba.
“En banco raw anduvo bien. Por ser el primer día, nos fallaron un poco los nervios y la ansiedad de Álvaro. Estaba para un poquito más, para unos 160 kilos, pero igual ganó la categoría y salió todo muy bien”, señaló el entrenador.
La conquista inicial fue importante no solamente por la medalla, sino también por la confianza que podía aportar de cara al siguiente desafío. Tomás debía volver a pesarse el sábado y presentarse el domingo 4 para competir en banco equipado, una modalidad que exige una preparación específica y una administración precisa de los intentos.
Banco equipado: récords y una cuarta tentativa de 185 kilos
Con la primera medalla asegurada, Tomás llegó a la segunda jornada en mejores condiciones anímicas. La experiencia del sábado le permitió controlar los nervios y afrontar la competencia con mayor tranquilidad. El cuerpo técnico preparó una estrategia que priorizaba asegurar una marca válida y, a partir de allí, buscar un nuevo récord.
La primera tentativa fue de 163 kilogramos, que le permitió establecer un récord iberoamericano. Luego avanzó hasta los 172,5 kilogramos, también récord iberoamericano, y en el tercer intento levantó 180 kilogramos, completando otra marca récord para el certamen.
Ese tercer levantamiento tenía una importancia especial: asegurar los 180 kilos le abría la posibilidad de solicitar una cuarta tentativa de 185 kilogramos, destinada a buscar una marca superior. La estrategia consistió en consolidar primero un resultado válido antes de asumir el riesgo de una carga mayor.
“Aseguré bien la tercera con 180 para que quedara como récord y le diera margen para probar una cuarta. Nos fuimos a 185; para mí la hacía, pero era una carga que nunca habíamos probado”, explicó Martínez.
El intento final no pudo concretarse. La ansiedad volvió a jugarle una mala pasada al atleta, que intentó bajar la barra demasiado rápido y perdió la trayectoria al sacarla. De ese modo, los 185 kilogramos quedaron registrados como intento nulo, aunque no empañaron la excelente actuación del representante argentino.
Tomás volvió a consagrarse campeón iberoamericano, esta vez en banco equipado, categoría hasta 90 kilogramos, Master 1. Con los 180 kilos válidos, cerró una competencia en la que logró superar sus dificultades iniciales y transformar la experiencia del primer día en una actuación de alto nivel durante la segunda jornada.
El valor del trabajo técnico y la mirada hacia el futuro
Más allá de las medallas y los récords, la participación fueguina en Villa María dejó en evidencia la importancia del trabajo colectivo. La función de Marcos Martínez como segundo entrenador de la Selección Argentina resultó clave para acompañar a ambos deportistas, evaluar sus condiciones físicas, ajustar las cargas y tomar decisiones en momentos de máxima exigencia.
En el caso de Thiago, la prioridad fue preservar su salud ante una contractura lumbar que podía comprometer la continuidad. En el de Tomás, el desafío consistió en manejar la ansiedad, construir una progresión segura y aprovechar las oportunidades para establecer nuevos registros.
Los dos atletas respondieron con títulos iberoamericanos y demostraron que el rendimiento deportivo no depende exclusivamente de la capacidad para levantar más peso, sino también de la preparación, la concentración y la lectura técnica de cada situación.
Para Thiago Martínez, los récords mundiales e iberoamericanos obtenidos en sentadilla, despegue y total representan una señal contundente de su proyección internacional. Para Tomás Álvaro, las victorias en banco raw y equipado confirman su competitividad en la categoría Master 1 y su capacidad para sobreponerse a los nervios de una cita de alto nivel.
Villa María fue, en definitiva, mucho más que una competencia para los representantes fueguinos. Fue el escenario de una conquista que combinó fuerza, inteligencia deportiva y perseverancia. Thiago y Tomás regresaron con los títulos iberoamericanos, mientras que el equipo técnico sumó experiencia y certezas de cara a los próximos desafíos.
Con 19 años, Thiago ya dejó su nombre en los registros mundiales de su categoría. Tomás, por su parte, completó un fin de semana con dos consagraciones. Dos caminos distintos, una misma bandera y un resultado que ratifica el crecimiento del powerlifting argentino en el ámbito internacional.
