Una nueva forma de luchar y no será en el tatami, esta vez es con las palabras

La deportista paralímpica fueguina, representante de Tierra del Fuego en los Juegos Paralímpicos de París 2024, presentó este miércoles su primer libro en el Paseo del Muelle “Mingo Gutiérrez” de Río Grande. Una obra nacida de la necesidad de expresar sus vivencias, transformar las emociones en literatura y compartir con los demás una manera singular de comprender el mundo.

Río Grande.- Hay luchas que se disputan sobre un tatami, frente a un rival y bajo la mirada atenta de quienes siguen cada movimiento. Otras, en cambio, se desarrollan en el silencio, en la intimidad de los pensamientos, allí donde las emociones buscan una salida y las palabras se convierten en el vehículo capaz de darles forma. Rocío Ledesma Duré conoce ambos escenarios. Su trayectoria deportiva la llevó a representar a Tierra del Fuego en los Juegos Paralímpicos de París 2024, pero este miércoles protagonizó otro acontecimiento trascendente de su vida: la presentación de su primer libro, Sangrando Tinta.

El encuentro tuvo lugar en el Paseo del Muelle “Mingo Gutiérrez” de Río Grande, donde la deportista fueguina compartió con el público una faceta que durante mucho tiempo permaneció detrás de su identidad como atleta. La escritura, ese espacio personal al que recurría después de entrenar o de competir, dejó de estar encerrada en las páginas de sus cuadernos y en publicaciones dispersas para convertirse en una obra destinada a encontrarse con otros.

La presentación representó mucho más que la aparición de un libro. Fue la oportunidad de mostrar una parte de sí misma que, según reconoció, había quedado enmascarada detrás de la deportista. Porque, mientras el judo le exigía preparación física, disciplina y concentración para afrontar los desafíos sobre el tatami, la literatura le ofrecía otro territorio para expresar aquello que sentía, procesar sus experiencias y encontrar palabras para su propia realidad.

“Era pasar de luchar cuerpo a cuerpo con el otro en el tatami a empezar a luchar a través de las palabras”, explicó Rocío al describir esta transición. Una definición que sintetiza el espíritu de una obra en la que el combate no desaparece, sino que cambia de escenario: ya no se trata de vencer a un adversario, sino de poner en palabras aquello que atraviesa la propia existencia.

“Sangrando Tinta”, una poesía de supervivencia

El título de su primera publicación no es una elección casual. Detrás de esas dos palabras existe una manera de entender la escritura, pero también una historia personal marcada por la necesidad de encontrar herramientas para interpretar una realidad que no siempre se presenta de forma completa.

Rocío tiene discapacidad visual e hipoacusia, dos condiciones que influyen en la manera en que recibe la información de su entorno. Ella misma lo explicó con una imagen tan sencilla como reveladora: muchas veces, la información le llega por fragmentos y debe reconstruir el resto, completar los espacios vacíos y elaborar una interpretación a partir de aquello que consigue percibir.

“Me llega por pedazos y el resto tengo que ir construyendo con la información que tengo, ir llenando los huecos”, relató.

En ese contexto, los libros adquirieron un significado particular. Cuando se sumergía en una lectura, encontraba un universo completo, una historia que podía recorrer y comprender dentro de sus propias reglas. El libro se convertía en un espacio donde la información estaba allí, reunida, disponible para ser explorada.

De tanto leer nació también el deseo de escribir. Primero aparecieron las ganas de expresar sus propias ideas y vivencias; luego llegaron los cuentos y, actualmente, trabaja en una novela construida a través de versos. Ese recorrido fue abriendo el camino hasta Sangrando Tinta, un proyecto que comenzó a tomar forma después de su participación en los Juegos Paralímpicos de París.

La exigencia de alcanzar un nivel deportivo de semejante magnitud demanda mucho más que entrenamiento. Supone sacrificio físico, disciplina, concentración y una enorme inversión de energía mental. Después de atravesar esa experiencia, la escritura encontró su espacio como otra forma de elaborar lo vivido, darle sentido a las emociones y convertirlas en algo que pudiera trascender lo estrictamente personal.

Por eso, Rocío definió su obra como una “poesía de supervivencia”, una especie de “poesía del aguante”. No se trata solamente de reunir versos sobre una página, sino de encontrar en la palabra una manera de seguir adelante, de comprenderse y de expresar aquello que, de otro modo, podría permanecer guardado.

Cuando escribir también es una manera de sangrar

Para Rocío, Sangrando Tinta representa su forma de expresar lo que lleva dentro. La sangre aparece como metáfora de aquello que se entrega desde lo más profundo, mientras que la tinta simboliza el arte y la posibilidad de transformar las experiencias en una manifestación creativa.

Sin embargo, su mirada va más allá de la literatura. Entiende que cada persona encuentra su propio lenguaje para exteriorizar lo que siente: algunos lo hacen mediante la música, otros a través de la danza y también están quienes encuentran esa expresión en actividades tan cotidianas como cocinar.

Cada una de esas formas puede convertirse en un canal para mostrar lo que sucede en el interior. La escritura es el suyo, pero no pretende establecerla como una única vía ni como una expresión superior a las demás.

En esa concepción reside uno de los planteos centrales de su obra: el arte no debe limitarse a una definición rígida ni quedar reducido a un objeto que se lee y se guarda. Un libro puede contener preguntas, provocar reflexiones, despertar recuerdos y ofrecer distintas interpretaciones según la experiencia de quien se acerque a sus páginas.

“Quiero que la gente también entienda eso, que el libro no es solo un libro, sino que tiene algo para decirnos”, señaló.

La invitación, entonces, no consiste únicamente en leer sus poemas, sino en detenerse frente a ellos, buscar sus sentidos y descubrir qué despiertan en cada lector. Porque las palabras pueden haber nacido de las vivencias de Rocío, pero el encuentro con quien las lee abre la posibilidad de que esas experiencias encuentren resonancia en otras historias.

La decisión de escribir con su propia voz

La construcción de Sangrando Tinta también tuvo un recorrido técnico y editorial que puso a prueba las convicciones de su autora. Rocío reconoció que no se siente especialmente hábil con la computadora, por lo que, en una primera etapa, tenía sus poemas escritos en el teléfono celular y necesitaba ayuda para trasladarlos a otro formato.

En esa tarea fue fundamental Abril, una conocida a quien aprovechó para enviarle un saludo y agradecerle su colaboración. Ella pasó los textos a la computadora, permitiendo que el material pudiera avanzar hacia el proceso editorial.

Pero las dificultades no terminaron allí. Durante el trabajo con la editorial surgieron diferencias en torno a la corrección de los poemas. Rocío no quería modificar sus escritos para ajustarlos a las convenciones habituales de la redacción. Su preocupación era preservar aquello que consideraba esencial: la manera en que siente, interpreta y comprende el mundo.

“Yo quería que se refleje la forma en la que yo siento el mundo”, explicó.

La postura fue clara. Lo que para algunos podría parecer un error, para ella forma parte de una voz propia que no desea borrar en busca de una escritura convencional. La elección no responde a una falta de interés por el trabajo editorial, sino a una decisión consciente sobre cómo quiere que su obra llegue a los demás.

Por eso, su libro propone también un desafío para quienes lo abran. No exige solamente acercarse a una colección de poemas, sino aceptar que existen otras maneras de construir el lenguaje y transmitir una experiencia.

Con una expresión provocadora, Rocío sostuvo que Sangrando Tinta “no es para gente normal”, en referencia a quienes conciben la literatura únicamente como un libro sujeto a las formas tradicionales. Su intención es invitar a una lectura diferente, dispuesta a abandonar por un momento las reglas conocidas para encontrarse con una sensibilidad que no pretende disimular sus particularidades.

En esa decisión se afirma la identidad de la obra: escribir sin renunciar a la propia percepción, aun cuando eso implique apartarse de lo que otros consideran correcto.

La deportista detrás de la escritora

Durante años, la imagen pública de Rocío estuvo ligada fundamentalmente al deporte. Sus entrenamientos, sus competencias y el camino que la llevó hasta los Juegos Paralímpicos de París 2024 constituyeron una parte central de su vida. Sin embargo, detrás de esa rutina también existía otra actividad, menos visible para quienes seguían su trayectoria deportiva.

“Siempre iba a entrenar, volvía y me quedaba escribiendo”, recordó.

La escritura aparecía después de una jornada de preparación o tras un torneo, tanto en los momentos de satisfacción como en aquellos en los que los resultados no eran los esperados. Lo que sucedía en la competencia podía convertirse en el punto de partida para poner en palabras sus pensamientos, aunque esos textos terminaran guardados o perdidos entre alguna publicación en las redes sociales.

Así fue creciendo, en paralelo, una faceta que no siempre encontraba el espacio necesario para mostrarse. El deporte ocupaba buena parte de su tiempo y de su identidad pública, mientras que la literatura permanecía en un plano más reservado.

La presentación de Sangrando Tinta modificó esa dinámica. Le permitió compartir con otras personas algo que llevaba tiempo guardando y descubrir que reconocerse en distintas facetas también forma parte del crecimiento personal.

“Es una emoción muy grande poder compartir con otros algo que venía encajonando, por decirlo así, enmascarando detrás de la deportista”, expresó.

Sus palabras dejan al descubierto una dimensión que trasciende los resultados deportivos. Detrás de la atleta que entrenó, compitió y representó a su provincia existe una escritora que observa, siente, cuestiona y construye su propio lenguaje. Dos caminos que no se contradicen, sino que conviven y se enriquecen mutuamente.

Un libro que abre nuevas posibilidades

La presentación de Sangrando Tinta en Río Grande marca un nuevo capítulo en el recorrido de Rocío Ledesma Duré. Su experiencia paralímpica forma parte de una historia de exigencia y perseverancia, pero su presente también encuentra en la literatura una oportunidad para ampliar horizontes y establecer un vínculo diferente con la comunidad.

El libro no pretende ofrecer respuestas universales ni acomodarse necesariamente a las formas que otros esperan. Su apuesta consiste en compartir una mirada propia y permitir que cada lector encuentre, entre sus páginas, aquello que pueda interpelarlo.

La escritura, que comenzó como una necesidad íntima y acompañó silenciosamente su vida deportiva, ahora tiene la posibilidad de circular, despertar preguntas y encontrarse con nuevas interpretaciones. Y mientras avanza con otros proyectos, entre ellos una novela escrita a través de versos, Rocío descubre el valor de no quedar definida por una sola de sus capacidades o actividades.

Su historia invita a mirar más allá de las etiquetas. La deportista y la escritora son parte de una misma persona, con experiencias que se transforman en movimiento sobre el tatami y en palabras sobre el papel.

Este miércoles, en el Paseo del Muelle “Mingo Gutiérrez”, la fueguina compartió con Río Grande mucho más que su primera publicación. Presentó una manera de sentir y de narrar la vida, una voz que se niega a ser corregida hasta perder su esencia y una invitación a comprender que cada persona tiene su propio modo de expresar lo que lleva dentro.

Porque, en el universo de Rocío Ledesma Duré, luchar también puede significar escribir; resistir puede convertirse en poesía, y aquello que alguna vez permaneció guardado puede encontrar en la tinta el camino para llegar a los demás.