El investigador de la CTA Autónoma advirtió que la destrucción del empleo registrado lleva 14 meses consecutivos y alcanza los 370.000 puestos durante la gestión de Javier Milei. Cuestionó el rumbo económico, alertó sobre el deterioro industrial y advirtió que la informalidad y las aplicaciones no pueden absorber a los trabajadores que quedan afuera del mercado laboral.
Río Grande.- El mercado laboral argentino continúa profundizando su deterioro, con una caída sostenida del empleo registrado, una industria golpeada y cada vez mayores dificultades para generar nuevos puestos de trabajo. Así lo advirtió Luis Campos, investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma, en diálogo con FM Centro, donde analizó los últimos datos oficiales y alertó sobre las consecuencias económicas y sociales del modelo impulsado por el Gobierno nacional.
Según explicó, los datos correspondientes a julio confirmaron 14 meses consecutivos de retroceso del empleo formal. Desde el inicio de la gestión de Javier Milei, la pérdida acumulada asciende a aproximadamente 370.000 puestos de trabajo registrados.
“Van 14 meses seguidos de un retroceso del empleo formal a nivel nacional. En la gestión de Javier Milei son 370.000 puestos de trabajo formales que se perdieron”, señaló.
Campos distinguió tres etapas en esta evolución como lo fue “el ajuste inicial del primer semestre de 2024, una posterior estabilización entre mediados de ese año y mediados de 2025, y una nueva fase de destrucción de empleo que comenzó a partir de entonces”.
Para el investigador, la continuidad de esta última tendencia impide atribuir el deterioro exclusivamente a la situación económica heredada y en este marco manifestó que “hace ya 14 meses, mediados de 2025, que volvimos a entrar a una pendiente negativa en materia de empleo formal, de la cual ya ni siquiera se salvan los sectores ganadores del modelo”, advirtió.
La industria, entre la caída del consumo y las máquinas apagadas
El investigador identificó a la “industria manufacturera, la construcción y el comercio entre los sectores más afectados por la pérdida de empleo”.
A diferencia de lo que ocurre en algunas actividades financieras, donde los cambios tecnológicos reducen la necesidad de determinados puestos, en estos rubros el “problema está directamente relacionado con la contracción de la actividad económica, efectivamente, el consumo está por el suelo, la obra pública se frenó en seco y la obra privada tampoco arranca”, sostuvo.
La situación industrial resulta especialmente preocupante por los elevados niveles de capacidad ociosa, donde, Campos señaló que “los indicadores de agosto mostraron niveles de inactividad productiva cercanos a los registrados durante la pandemia, con numerosas empresas que mantienen parte de sus líneas de producción detenidas”.
“Hay muchas industrias que no necesariamente están cerrando sus puertas, pero sí que tienen líneas de montaje, líneas de producción paradas, y esto no es algo que se pueda sostener durante mucho tiempo”, explicó.
Como ejemplo, mencionó a la industria metalmecánica, particularmente relevante para Tierra del Fuego, donde la “capacidad ociosa ronda el 65%”, según los datos citados durante la entrevista.
Para Campos, la “falta de demanda impide que las empresas recuperen sus niveles de producción y genera un escenario de incertidumbre sobre la continuidad de los puestos laborales”.
Tierra del Fuego, la provincia más golpeada por la caída del empleo formal
Uno de los datos más preocupantes fue el referido a la situación laboral fueguina, donde, Campos afirmó que “la provincia presenta el peor desempeño del país en materia de empleo registrado, seguida por Santa Cruz, en dos años y medio perdió casi uno de cada cinco puestos de trabajo formales”, advirtió sobre Tierra del Fuego.
El investigador vinculó esta caída principalmente con “las dificultades de la industria metalmecánica y textil, dos actividades centrales para la estructura productiva provincial”. En Santa Cruz, en cambio, señaló que “el retroceso está más relacionado con la situación de los yacimientos convencionales de petróleo y gas”.
En este contexto, también se refirió a la posibilidad de que algunas empresas intenten reducir costos mediante negociaciones laborales a la baja, incluyendo modificaciones de convenios y adicionales salariales.
Sin embargo, cuestionó que ese camino pueda resolver los problemas de fondo. “Por más que sigan bajando los costos laborales, si esas empresas no tienen a quién venderles, no van a llevar adelante procesos de inversión y de contratación de personal”, afirmó.
Y agregó que “el problema en nuestro país es que pueden seguir ajustando a la baja, pero en tanto y en cuanto el consumo interno no empiece a repuntar, no van a tener a quién venderles”.
Críticas a las reformas laborales y al modelo económico
Campos cuestionó que las reformas laborales puedan presentarse como una solución suficiente para recuperar el empleo y recordó que “durante la gestión de Milei ya se aprobaron modificaciones en esta materia, incluidas las disposiciones incorporadas en la Ley Bases, mientras el mercado laboral continuó perdiendo puestos registrados”.
“Durante los dos años de vigencia de la Ley Bases, lo único que pasó en el mercado laboral fue una destrucción continua del puesto de trabajo”, sostuvo.
A su entender, el problema excede las condiciones de contratación y está relacionado con la orientación general de la economía. En ese sentido, afirmó que “el modelo vigente reserva un espacio limitado para buena parte de la producción industrial, en el horizonte del Gobierno, la producción industrial no tiene mucho lugar en la economía de nuestro país”, señaló.
Entre las actividades más comprometidas mencionó la metalmecánica, la industria automotriz y los textiles. En contraposición, identificó como sectores favorecidos por el esquema económico a la agroindustria de gran escala, el petróleo, la minería, la energía y la intermediación financiera.
Informalidad y cuentapropismo: alternativas que no reemplazan al empleo perdido
Otro de los ejes centrales del análisis fue la dificultad para absorber a los trabajadores que pierden sus empleos formales. Campos advirtió que “las aplicaciones digitales y las actividades por cuenta propia pueden funcionar como alternativas individuales, pero no tienen capacidad para reemplazar masivamente los puestos de trabajo destruidos”.
“Uber no puede absorber a 10 millones de trabajadores, no hay posibilidad, no hay a quién transportar”, afirmó.
El investigador también descartó que “millones de personas puedan reconvertirse rápidamente en trabajadores de aplicaciones, peluqueros o barrenderos para compensar la pérdida de empleos industriales”.
Campos comparó el escenario actual con los años noventa, aunque destacó diferencias importantes y explicó que “entonces no existían con la misma extensión las plataformas digitales como alternativa de ocupación, por lo que la pérdida de empleo se traducía más directamente en un aumento de la desocupación abierta”.
También señaló que “hoy existen mecanismos de contención social más amplios, como la Asignación Universal por Hijo y la Tarjeta Alimentar, que permiten sostener parte de los ingresos de los hogares afectados”.
En los años noventa, recordó, “cuando un trabajador, una trabajadora queda desocupado, el ingreso se reducía a cero”.
En la actualidad, esos instrumentos permiten que “continúe circulando algo de dinero en barrios donde predominan el desempleo y las ocupaciones precarias, aunque no solucionan la falta de empleo formal”.
La organización de los trabajadores, clave frente a la crisis
De cara al futuro, Campos consideró que “la defensa de los puestos laborales tendrá un lugar cada vez más importante en los conflictos sociales y sindicales”.
Frente a un modelo económico que, según su diagnóstico, reduce el “espacio para amplios sectores industriales, sostuvo que la respuesta dependerá en buena medida de la capacidad de organización de los trabajadores”.
“¿Qué puede pasar en materia económica?, ahí va a depender mucho de la capacidad de organización y de conflicto social”, afirmó.
