Domingo Montes, un cantautor fundamental

A sus 87 años, el cantautor Domingo Montes fue testigo y protagonista de más de seis décadas de la historia de Río Grande. Cuando vino en 1960 los fueguinos de Río Grande y Ushuaia no superaban las tres mil almas y solo el 30 por ciento eran argentinos. Entre copla y copla, por Radio Universidad fue hilvanando sus recuerdos de otros tiempos y enlazó la cultura y la política en un tapiz de vivencias.

Río Grande (Ramón Taborda Strusiat).- Con su guitarra a cuestas, don Domingo Montes visitó los estudios de Radio Universidad y la Redacción de Provincia 23 donde desgranó recuerdos y anécdotas.

Nació en la provincia de Río Negro en 1936 y allí vivió hasta los 12 años. Finalizó sus estudios secundarios en 1956 y ese mismo año ingresó al Servicio Militar en el Palomar (Buenos Aires). Luego entró a YPF y fue en 1960 cuando comenzó a desempeñarse en el Ministerio del Interior.

Entre copla y copla, mantuvo un mano a mano imperdible con el Director de ambos medios, Néstor Alberto Centurión y destacó que “tanto la radio como el diario son lugares de difusión de la cultura y además medios de comunicación directa con la gente. Hace muchos años cuando llegamos a la Isla, los medios de comunicación eran muy escasos”, reflejó.

“En este crecimiento poblacional, económico y tecnológico, también ha habido -y nos alegra mucho- este progreso en las comunicaciones que nos permite no solo estar mejor comunicados entre nosotros, sino también visibilizar lo que hacemos y lo que nos pasa a otros lugares de nuestra querida Argentina, a nuestros hermanos de Latinoamérica e incluso a España, por lo que me han contado”.

Ya contando algo sobre su vida, Domingo Montes contó que “hice mi bachillerato en Santa Fe, muy cerquita de Entre Ríos, por eso tengo muchos amigos entrerrianos; me radiqué en Buenos Aires donde tenía un buen pasar, pero vislumbraba que no tenía futuro ahí porque es una ciudad muy cosmopolita, así que decidimos con un amigo mirar hacia otros lugares menos poblados donde nosotros podíamos tener un futuro”.

Agregó que “la primer mirada fue hacia el norte y como mi amigo era del norte me dijo que no, que venía de allí y si bien en el norte está el paisaje, el calor y muchas cosas lindas, no había trabajo y por eso muchos norteños estaban llegando cada vez más a Buenos Aires y al Gran Buenos Aires, lo que hoy llaman AMBA, donde estaban los cordones industriales”.

“Entonces miramos hacia el sur y como nací en la Patagonia dije que no tenía problemas, además como patagónico conozco el frío, conozco el viento y las soledades pero también conozco la solidaridad y las ganas de salir delante de los patagónicos, más allá del clima porque la gente del sur nos hacemos amigos del clima”, dijo.

“Nos fijamos en la Isla -continuó- que estaba como anexada a Santa Cruz y conformaba a la provincia patagónica; llegué en 1960 y recién acababa de producirse el cambio y (Tierra del Fuego) volvió a ser el territorio marítimo y era uno de los pocos Territorios Nacionales que quedaban porque ya en la época del justicialismo se empezaron a provincializar todos los territorios, como el del Chaco, de La Pampa y Río Negro. El único que quedó sin provincializar fue Tierra del Fuego”.

 

 

Tierra del Fuego en 1960

 

Contó que el primer dilema era cómo venir a Tierra del Fuego “así que fuimos al Ministerio del Interior y nos dijeron que trabajo había, pero que nadie quería venirse para acá, va a ver trabajo en el petróleo pero ustedes pueden ir como agentes de policía porque nos hacen falta policías y nos preguntaron qué sabíamos hacer y les respondimos que éramos bachilleres y que sabíamos escribir a máquina. En esos tiempos saber escribir a máquina era como ahora saber computación”.

“Nosotros sabíamos escribir a máquina con todos los dedos y de memoria, éramos dactilógrafos especializados y además teníamos una buena ortografía porque los bachilleratos de antes eran muy completos; en mi caso tenía tres años de francés, dos años en inglés, un año de latín y algo de griego. En el colegio jesuita donde estudié, eran muy exigentes en estas cosas”, recordó.

“Llegué a Ushuaia donde cumplí funciones administrativas de escribiente en la Policía, en 1960, y estuve un mes hasta que pedí el traslado a Río Grande. En Ushuaia no había ni mil habitantes y acá en Río Grande había unos 1.500 y podía llegar a 2.000 con la zona rural y había una población que no era estable que era la gente del Batallón de Infantería de Marina N° 5, que era una población ambulante y también había gente que solo venía por un tiempo para la zafra de la esquila o a las faenas en el Frigorífico CAP”, agregó.

“Mucha gente se volvía a Tierra del Fuego porque en el norte no había trabajo y se fueron asentando con los años, Río Grande y la provincia en general fue y es muy generosa con los migrantes”, destacó.

Dijo que “nosotros los argentinos éramos el 30 por ciento, el resto era gente chilena, había también yugoslavos -croatas-, austriacos, rusos, vascos, árabes e hijos de árabes, como la familia Raful, y algunos judíos y muchos de ellos eran antiguos pobladores. Llegué a conocer a gente de los pueblos ancestrales como los selk’nams y a los yaganes y fui vecinos de ellos en la manzana que se llamaba ‘Manzana de los Indígenas’ que es la que está frente al Museo Municipal ‘Virginia Choquintel’, en Alberdi esquina Rivadavia”.

Don Domingo Montes relató que “conversaba mucho con don Rupatini, con doña Rafaela Ishton, conocía desde chica -desde los 12 ó 14 años- a la Amalia Gudiño quien después fue Diputada Nacional”.

 

El antiguo pueblo de Río Grande

 

Hincha de Boca Juniors y peronista al igual que toda su familia, Domingo Montes trajo a la memoria la vida social de Río Grande en la década de los ’60. “De familia era hincha de Boca y mi familia era ferroviaria y casi todos los ferroviarios eran peronistas a secas porque no había otro referente y vengo de esa referencia si bien no tengo referencia ahora porque me siento sapo de otro pozo porque ha cambiado todo, sin desmerecer a la política y respeto lo que se está haciendo ahora, pero soy de otra época y conservo mi identidad de aquella época”.

Domingo Montes tiene cuatro hijos, tres mujeres y un varón que le dieron en total cinco nietos, uno de los cuales es vasco, “ya que una de mis hijas se casó con un vasco y vive cerca de Bilbao. Los vascos tienen toda una historia en la Patagonia, incluso acá conocí a casi todos los Bilbao de Río Grande. No conocí al patriarca, a don Francisco Bilbao, pero sí a sus hijos, había un radical y un peronista, ‘Patxi’ (Francisco hijo) Bilbao”.

“Pedí la baja de la Policía y ellos no querían que me fuera porque según dijeron yo era un elemento al que no podían reemplazar tan fácilmente. Mi jefe era el comisario Aníbal Allen y también estaba el comisario Suzani y en ese tiempo en la Policía teníamos mucha gente que había venido de los territorios nacionales, por ejemplo del Chaco y de Misiones, también había muchos correntinos, unos doce o quince ellos integraban la plana mayor y mezclaban mucho el castellano con el guaraní y lo mismo conservaban los modos y sus costumbres; teníamos mucho respeto mutuo nosotros los sureños con ellos los litoraleños y la pasamos muy bien”.

Don Domingo Montes contó que una vez que se fue de la Policía “me fui a trabajar de docente en La Misión Salesiana y también en la Dirección de Rentas, donde trabajé muchísimos años y casi todos mis compañeros de trabajo eran fueguinos, solo muy pocos eran de afuera”.

Consultado sobre los amigos que hizo en la ciudad contó que “con las hermanas Lodeiro, ellas eran maestras y también habían estudiado en el Colegio María Auxiliadora, pertenecían a una familia muy respetada, muy responsable y muy recta. Años después también conocí a la Hermana Carla (Riva) quien además de docente era enfermera y también a la Hermana Claudia (Ibáñez)”.

“En esos tiempos se usaba mucho el caballo, acá cerquita don Julio Andrade tenía palenques y demás porque él trabajaba mucho con la gente de campo y acá llegaba mucho la gente de la zona rural, los paisanos que venían a comprarle a los Andrade y don Julio anotaba a cuenta y cuando los gauchos cobraban, venían y pagaban sus cuentas. Antes la palabra valía mucho, la gente tenía código, incluso dejaban dinero a cuenta porque antes no había banco, solo estaba el Banco Nación”.

También tuvo un recuerdo muy especial para con la familia Sevillano, incluso le hizo un acróstico a ‘Coco’ (Benigno). “Ellos vinieron a probar suerte, con sus sueños de un futuro a cuestas y ese sueño se hizo realidad pero acompañado con mucho trabajo, escuerzo y perseverancia”.

Asimismo, “con la familia Granja, con mi tocayo Domingo salíamos por las noches, era un hombre nocturno, pero también muy trabajador, después vino su hermano Ramiro y con mucho esfuerzo lograron hacer un negocio. Domingo empezó con una carpintería que después se le quemó. Pero empezó de nuevo, me dijo que la carpintería no iba más porque se le podía volver a quemar y me dijo que se iba a dedicar a algo que no se queme y es así que empezó con la construcción, repuntó haciendo baldosas, bloques, a tomar licitaciones y ya se armó también de su equipo administrativo con Gonzalo Verategua y Domingo fue un hombre que ayudó a mucha gente. Lo traigo a la memoria porque era una persona muy solidaria, no pensaba solo en él y su familia, sino que pensaba en la comunidad y asimismo le dio trabajo a mucha gente; colaboró con muchas instituciones, incluso el Padre (José) Zink me contó que colaboró con La Misión Salesiana, lo mismo con las hermanas del colegio María Auxiliadora”.

“También conocí a la familia de Esteban ‘Chiquito’ Martínez, a su mamá que nació en Malvinas y hablaba inglés. Creo que el único que no hablaba inglés era ‘Chiquito’. En 1973 vinieron 18 chicos desde Malvinas a conocer Tierra del Fuego, hecho que fue cubierto por Canal 13 y estuvieron una semana acá; los recibí en Comodoro Rivadavia, luego vinimos en avión hasta Río Grande y de acá nos fuimos por tierra hasta Ushuaia y pernoctamos en la casa de don Adrián Goodall”, recordó.

Confesó que “a mí me hubiera gustado ir a Malvinas, la amo; incluso una de mis hijas que nació en 1970 le pusimos Laura Malvina”.

También recordó el Operativo Cóndor (1966), cuando unos jóvenes argentinos secuestraron un avión de Aerolíneas Argentinas y aterrizaron en Malvinas. “Yo fui padrino de casamiento de uno de los jóvenes y la madrina fue la mamá de ‘Chiquito’ Martínez”, memoró.

 

La vida social pasaba por los clubes

 

Domingo Montes relató que la vida social de los riograndenses pasaba por los clubes sociales. “Los clubes no solo promovían y auspiciaban al deporte, sino también la parte cultural y educativa; además era el punto de encuentro obligado de las familias riograndenses, se hacían bailes, traían orquestas y teníamos una muy buena relación con nuestros amigos chilenos, especialmente de Porvenir y de Punta Arenas, compartíamos mucho y nunca tuvimos ningún problema”.

Recordó que en esos tiempos “yo jugaba al fútbol de salón y también al de cancha grande, incluso tenía un compañero de trabajo que ya no está, Rogelio Pacheco, le decíamos ‘Chingolo’ y era el papá del ‘Chika’ y de ‘Chiquito’ Pacheco, era un gran jugador. Después estaba también Bernabé Hernández, hermano del sargento Hernández, era un jugador notable, también ‘Pachi’ Barrientos y asimismo el ‘Chango’ Medina, entrerriano él quien también se fue, era un gran arquero, además de ser un gran decidor de cosas”.

“Cuando llegué no había todavía un movimiento cultural y nosotros, cuando aún estaba en la Policía, formamos un club que se llamaba ‘Brisas del Mar’ y estaba ubicado en donde hoy está el Comité Local de los radicales (Elcano 691) que lo fundamos con otros muchachos y me río porque en vez de brisas las ráfagas de viento eran muy fuertes. En todos los clubes había semilleros, algunos de folklore, otros de tango y otros de canciones mexicanas que les gustaba especialmente a los chilenos. Ahí conocí a mucha gente, a muchas familias de las cuales hoy quedan sus hermanos, sobrinos o sus nietos. Uno de estos vecinos era ‘Chamaniño’, quien nunca fue a una academia pero sabía tocar muy bien la guitarra, había aprendido en el campo y siempre acompañaba a las orquestas que se formaba. No tocaba con los dedos, sino con una púa. Hace mucho que murió. Después había otro artista, de apellido Gallardo, un cantor al que le decíamos ‘Tormo’ por Antonio Tormo a quien imitaba muy bien. También estaban Saavedra y ‘Cacho’ Olsen, los hermanos Maldonado que todavía viven que tienen gomería y otros negocios. Ahora están los chicos y las chicas, son una familia de guitarreros y artistas. También el amigo chileno Salinas que tocaba muy bien el violín y asimismo había un boxeador, el ‘Pantera’ que tocaba los platillos y demás. Era el hombre del ritmo y los clubes se llenaban entonces”.

 

“El crecimiento de Tierra del Fuego fue gracias a los fueguinos”

 

El entrevistado destacó que “el doblamiento y el crecimiento de Tierra del Fuego fue obra y gracia de los propios fueguinos. Ellos tuvieron la visión geopolítica y fueron a tocar puertas a Buenos Aires con argumentos convincentes y así se pudo lograr la Ley 19640 y otras cosas, más porque entendieron que no hay soberanía sin población”.

“Río Grande nunca se quedó atrás, siempre iba un pasito adelante por la pujanza de su gente y cuanto más fuerte era la crisis, más se afianzaba el arraigo. Acá vinieron argentinos de todas las provincias del país trayendo su propio cultura y eso no fue de ningún modo un obstáculo, al contrario, sumó su bagaje a este crisol de pueblos que es Río Grande que también absorbió giros lingüísticos chilenos”, completó.

Confió que “uno de los momentos más difíciles y amargos que vivimos los riograndenses fue en el 78 con el conflicto por el Beagle con Chile, había muchas razzias y muchos de nuestros amigos tuvieron que volverse a Chile. A nosotros se nos partía el corazón porque muchos eran amigos nuestros, vecinos y compañeros de trabajo. Yo trabajaba en el petróleo y ahí es donde más se notó todo esto. La amistad no tiene frontera ni nacionalidad. Uno tiene una amistad con alguien y es amigo, no hay medias tintas. Fue un tiempo muy triste porque mucha gente no volvió más, tuvo que vender su casa y demás pertenencias”.

Agregó que “después intervino el Papa Juan Pablo Segundo y vino el Cardenal (Antonio) Samoré y se firmó el tratado de paz entre ambos países, pero quedaron secuelas, heridas muy profundas que se fueron cicatrizando con el tiempo”, lamentó.

Asimismo recordó que “otro momento doloroso y triste fue la guerra de Malvinas en 1982. Toda la comunidad estaba unida y a pesar de que Chile tenía un dictador como (Augusto) Pinochet que ayudó a los ingleses, la comunidad chilena en Río Grande nos acompañó y fue muy solidaria, recibió a nuestros soldados”.

 

Advenimiento de la democracia

 

Domingo Montes recordó que hacia 198/83 “nosotros teníamos un objetivo con una idea muy clara: no poner gente, la gente vendría después; es decir, primero definir la política y después busquemos a los nombres. Teníamos todos los cargos cubiertos, menos la intendencia. Nosotros queríamos que el Intendente sea un hombre del trabajo, que fuera peronista, que fuera fueguino, que tuviera buenos antecedentes y que la gente lo quisiera. Algunos nombraron a otros, pero la mayoría dijimos que sea ‘Chiquito’ y el único que no sabía era él. Trabajaba en el petróleo y lo fuimos a buscar. Fue todo un trabajo poderlo convencer y por último aceptó. Lo que le preocupaba era el equipo de trabajo y le dijimos: – ‘el equipo está todo armado, tenemos todo listo. Lo único que tenés que hacer es sentarte ahí y sos Gardel y así fue’. Se definió así, sin internas. La primera vez nos ganó el Movimiento Popular fueguino pero la segunda la ganamos con ‘Chiquito’. Él fue cuatro veces intendente y con sobra de votos”, recordó.

En ese sentido comentó que “el momento más duro fue el golpe de Estado. Hubo una primera etapa que culminó con el golpe de estado de 1955 pero previo a eso hubo dos partidos tradicionales: el peronismo y el radicalismo, después vino el MID (Movimiento de Integración y Desarrollo) que fue un desprendimiento de la Unión Cívica Radical, de Arturo Frondizi. Cuando llegué en 1960 el MID se estaba conformando acá y ahí estaba el contador Grieco, Ameri y los hermanos Mora que después se hicieron peronistas”.

“El golpe de 1976 fue muy duro, quedé cesante y me metieron preso en el Batallón y en algunas comisarías. Estuve un año como preso político en Río Grande pero alguna semana en uno u otro lugar. Tengo que decir que nunca me torturaron ni me trataron mal porque de hecho todos me conocían, tanto los policías como los marinos con quienes hice aportes culturales y además sabíamos que todos éramos peronistas, acá montoneros no había. A veces bromeaba con ellos y les decía que ‘- ustedes me confunden con monto y en realidad soy Montes’. Después me dieron la libertad con foja limpia”.

“Después volvía a ingresar a la administración pública no con el peronismo, sino paradójicamente con el radicalismo de la mano de (Ramón) Trejo Noel y (Adolfo) Sciurano, ellos fueron los que me reivindicaron y para mi fue un honor lo mismo que para otros compañeros, por eso mi reconocimiento y le agradezco mucho al partido Radical por esta mirada plural que tuvieron”, agregó.

Montes confió que “el momento más lindo que tuvimos fue el retorno de la democracia en 1983 y después todas las cosas que hemos hecho a favor de la cultura de Tierra del Fuego, como la Peña Horizonte Fueguino que nucleamos a artistas de todos los lugares de Tierra del Fuego, de los nacidos acá y también de los que han venido. Fue un grupo de gente linda que realizó un aporte desde todas las culturas de las provincias y de Latinoamérica que había en la ciudad”.

Asimismo resaltó la fundación de la Casa de la Cultura en la gestión de ‘Chiquito’ Martínez, “pero no por el edificio, sino porque la llenamos de contenido con los talleres culturales, si bien en los años previos había un movimiento cultural importante en los clubes y por eso mi reconocimiento también a los pioneros de la cultura en la ciudad. También en esa época se inauguró la Banda de Música del Municipio de Río Grande”, destacó.

En este punto valoró el apoyo que tuvo de Daniel ‘Nené’ Martínez, “quien me apoyó muchísimo y el otro que me apoyó mucho fue el ingeniero Mario Ferreyra quien es Decano de la UTN”.

 

Zamba del Centenario, una creación de Domingo Montes

 

 

Don Domingo Montes, compartió con LRA 24 Radio Nacional Río Grande, el gran estreno de La Zamba del Centenario para celebrar los cien años de Río Grande en el 2021.

Canción de su autoría, que según él, fue escrita con el corazón y con la ayuda de los riograndenses. Montes, se tomó el trabajo de recorrer distintos puntos de nuestra ciudad preguntando a los ciudadanos qué significaba Río Grande para cada uno. Cada respuesta fue la inspiración para el inicio de cada estrofa en esta letra centenario.

La grabación la hizo en los estudios de Radio Nacional, todo un símbolo.

 

Aquí la letra

 

Festejamos tu cumpleaños muy felices

Centenario de Río Grande, mi ciudad.

Motivados por el mismo sentimiento

que anhelamos y queremos proclamar.

Emociones contenidas en el alma

que expresamos desde nuestra libertad.

 

 

Que el paso sigiloso del guanaco,

la memoria de la gente que no está

nuestros selk’nam, trashumantes cazadores

que habitaron esta estepa junto al mar

pueblo antiguo con sus mitos y leyendas

que en el viento y en la nieve siempre está.

 

ESTRIBILLO

 

Sos mi cuna, mi raíz, vos sos mi sueño

Río Grande generosa y fraternal

sos el faro emergiendo junto al río

capital de la Vigilia Nacional.

Sos mi tierra, mi lugar vos sos mi orgullo

Río Grande queridísima ciudad.

 

Los pioneros que llegaron de muy lejor

o simplemente desde la vecindad

construyeron con empeño la colonia

el inicio de la aldea y la ciudad

y dejaron un mensaje en esta impronta

“la cultura del trabajo es dignidad”

 

El presente y el futuro es desafío

que debemos todos juntos afrontar

su hay proyecto y voluntad todo se puede

la riqueza está aquí adentro y en el mar

avancemos con arraugo y con valores

entre todos lo podemos realizar.

 

Se repite el estribillo.

 

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