Maximiliano Uriona, delegado y operario de Aires del Sur, describió el dramático escenario que atraviesan las 140 familias despedidas tras el cierre de la empresa. Guardias permanentes en la planta, compañeros que abandonaron la provincia, padres que no pueden ver a sus hijos por no poder pagar alimentos y una justicia que avanza lentamente forman parte de un cuadro desesperante. Mientras el gobierno nacional solo sugirió “armar una cooperativa”, los trabajadores siguen sosteniendo la fábrica y peleando por una continuidad laboral que todavía no aparece.
Río Grande.- La crisis industrial de Río Grande tiene en Aires del Sur uno de sus casos más crudos y dolorosos. A más de cuatro meses del conflicto y tras el despido de 140 trabajadores, los operarios continúan resistiendo dentro de la planta, organizando guardias permanentes y sobreviviendo gracias a la solidaridad de distintos sectores de la comunidad, mientras esperan respuestas que no llegan ni de la empresa ni del gobierno nacional.
Así lo expresó Maximiliano Uriona, delegado y operario de Aires del Sur, en una extensa entrevista radial con FM La Isla, donde expuso la angustia, el desgaste emocional y el deterioro social que atraviesan decenas de familias que quedaron a la deriva luego del abandono empresarial.
“Ya llevamos cuatro meses soportando esto”, resumió Uriona, al describir un conflicto que se extiende en el tiempo y que, según advirtió, golpea cada vez con más fuerza a los trabajadores.
A pesar de la desesperación, destacó el “acompañamiento solidario que han recibido por parte de distintos sectores de Río Grande, lo menos que podemos hacer es agradecer a la gente que nos dio un espacio en la Mega Feria de la Trucha, a la peña, a todos esos gestos que fueron para conseguir alimentos, que es lo que podemos llevar a la casa”, señaló.
Sin embargo, dejó en claro que “ninguna ayuda alcanza cuando lo que está en juego es la continuidad laboral de más de un centenar de familias”, dijo, al tiempo que agregó que “todo cuesta y cuesta demasiado, hay muy poca changa en la calle, pero seguimos resistiendo”, afirmó.
Puntualizó que “la fábrica se transformó en el centro de reunión, contención y organización de los trabajadores despedidos”, lugar donde realizan guardias las 24 horas para custodiar las instalaciones y mantener la planta en condiciones operativas.
“Nuestro lugar para charlar y ver cómo van las cosas es la fábrica, hacemos guardias de 24 horas y esas horas que nos toca a cada uno estamos hablando, poniéndonos al día y a veces no son las mejores noticias, a veces son cachetazo tras cachetazo”, relató.
En ese contexto, describió situaciones personales devastadoras que atraviesan muchos de sus compañeros y al respecto describió que “hay compañeros que no pueden ver a sus hijos por el tema de la cuota alimentaria, compañeros que dejaron de cobrar asignaciones y que se quedaron sin cobertura de salud”, explicó.
Uriona reveló además que la “Nación cortó prácticamente toda la asistencia vinculada a los trabajadores despedidos”, dijo, al tiempo que agregó que “nos cortaron absolutamente todo, desde las asignaciones hasta el sistema de salud, por suerte la UOM siguió sosteniendo la obra social y eso fue un alivio dentro de todo”, indicó.
En cuanto a la situación judicial, explicó que “las novedades avanzan lentamente y que esa espera permanente termina afectando psicológicamente a los trabajadores”.
“La espera es lo que más nos come la cabeza, día por día sabiendo que hay que seguir esperando, ese es el puntazo que tenés todos los días”, describió.
No obstante, destacó como un hecho positivo la “reciente visita de un técnico químico que inspeccionó la planta y comprobó que las instalaciones siguen en perfectas condiciones gracias al cuidado de los propios operarios”.
“Vino el químico, revisó la planta y vio que estaba totalmente en condiciones porque la mantenemos nosotros, no ingresa nadie a la planta, solamente estamos en la parte de los comedores, todo está cerrado con llave y tomamos medidas de seguridad para que nadie pueda entrar”, detalló.
Actualmente, de los 140 trabajadores originales, permanecen alrededor de 116 realizando turnos rotativos dentro de la fábrica, el resto, explicó, no logró soportar la situación.
“Hay compañeros que no pudieron más y se fueron de la provincia, otros decidieron desvincularse mediante abogados a través del autodespido y otros directamente no pueden ni acercarse a la fábrica porque les genera mucha angustia”, sostuvo.
El delegado reconoció que el impacto emocional del conflicto es enorme y que muchas veces resulta imposible contener el sufrimiento de quienes ven derrumbarse su proyecto de vida.
“Lo más difícil es cuando un compañero te dice que regaló todo por dos pesos y se vuelve a su provincia porque no puede seguir y uno no puede reprocharle nada porque es una decisión familiar desesperada”, expresó.
También se refirió a las situaciones derivadas de incumplimientos alimentarios producto de la pérdida de ingresos.
“Hay compañeros que no pueden pagar alimentos y eso genera problemas gravísimos, no es culpa del trabajador, pero tampoco podés culpar a la otra parte, son acuerdos que se rompen por una situación extrema”, lamentó.
En relación al vínculo con las instituciones provinciales y municipales, Uriona reconoció que “han encontrado acompañamiento político y gestiones de distintos sectores”.
“Nos abrieron las puertas todos, el Ejecutivo provincial, concejales, legisladores, el municipio, todos nos dieron apoyo y demostraron interés en solucionar el problema”, afirmó.
Sin embargo, advirtió que el “conflicto de Aires del Sur puede ser apenas el inicio de una crisis industrial mucho más profunda en Río Grande”.
“Aires del Sur fue la primera, pero el problema industrial en Río Grande está aumentando, nosotros somos el reflejo de lo que puede seguir pasando”, alertó.
Y agregó que “el mercado laboral no mejora, el mercado interno no mejora y los despidos siguen apareciendo, ojalá no vuelva a pasar algo así, pero desgraciadamente va a seguir sucediendo”.
Sobre la empresa, Uriona aseguró que “nunca hubo respuestas concretas ni voluntad de los supuestos dueños de afrontar la situación”.
“Los últimos que dijeron ser dueños fueron Ceretti y Lamo, pero en realidad nunca supimos bien quiénes eran los responsables, antes habían presentado otras personas y nunca apareció documentación en la justicia”, denunció.
Según explicó, el síndico todavía intenta “reconstruir documentación y localizar a los responsables de la firma, mientras los trabajadores ya dejaron de esperar una solución empresarial”.
“Nosotros ya sabemos que no los vamos a esperar más, estamos discutiendo la continuidad laboral porque la planta está operativa y veremos de qué manera los trabajadores podemos reorganizarnos para volver a producir”, adelantó.
Consultado sobre la posibilidad de conformar una cooperativa, contó que fue prácticamente la única “respuesta” que surgió desde el gobierno nacional.
“El único comentario que llegó desde Nación fue ‘Hagan una cooperativa y arréglense’, eso fue lo único que aportaron”, cuestionó.
De todos modos, aclaró que cualquier alternativa productiva todavía depende del avance del proceso judicial y de la obtención de documentación clave de la empresa.
“Todavía queda un trecho largo”, reconoció.
En relación a la intervención judicial, confirmó que el “síndico les otorgó un rol central en el cuidado de la planta, nos dijeron que nosotros somos los responsables de la fábrica hasta que aparezcan los papeles”, indicó.
Incluso relató que inicialmente existió la intención de clausurar las instalaciones y desalojar a los trabajadores, pero la situación cambió cuando las autoridades comprobaron el estado impecable de la planta.
“Verificaron que están todas las máquinas, que están los materiales remanentes y que la capacidad operativa existe, está todo tan bien cuidado que pasamos de tomar la fábrica a ser los responsables de cuidarla”, señaló.
Pese al desgaste, la incertidumbre y la angustia acumulada durante estos meses, los trabajadores continúan sosteniendo la presencia dentro de la planta con la esperanza de recuperar su fuente laboral.
“140 familias siguen luchando”, resumió Uriona al cerrar la entrevista, sintetizando una pelea que todavía no encuentra salida y que refleja el costado más duro de la crisis industrial que atraviesa Tierra del Fuego.

