“Vivimos con miedo”

Una mujer de Río Grande expuso públicamente la violencia que sufre desde hace años por parte de José Cárdenas Almonacid. El hombre recuperó la libertad hace dos semanas y, según sus dichos, la amenaza, la acosa y hasta introdujo a su hijo de 12 años en el consumo y venta de estupefacientes. La justicia actúa, pero las medidas no alcanzan.

Río Grande. – “Hoy estamos con miedo, o sa, él salió de estar preso hace dos semanas por otra causa, por otras situaciones, pero está libre. Y nosotros estamos con miedo de salir a la calle, miedo de ir al supermercado, miedo porque sabemos que él está libre de nuevo”, relató la mujer, que acumula más de 18 denuncias contra Cárdenas Almonacid. “La desobediencia hay más de siete en el transcurso de todos estos años. Y de todas las desobediencias, creo que una sola vez nomás lo metieron preso unos meses”.

La violencia, según su testimonio, comenzó en 2016, cuando logró escapar de la casa con sus hijos: “Empieza en 2016, si bien después no tuvimos violencia física, porque gracias a Dios nunca más volví a estar al lado de él tan cerquita, siempre eran llamadas por teléfono o si me lo cruzaba en la calle. Desde ahí fue violencia de todo tipo: llamadas, venir acá afuera, marcarme el auto, romper vidrios, aceleraba con el auto en la calle. Los vecinos son testigos”.

El relato más estremecedor refiere a su hijo, que en 2024 sufrió una sobredosis con apenas 12 años: “Cuando estábamos en el hospital, él confiesa que el papá era el que lo hacía consumir, con el papá se sentaban a fumar marihuana con cocaína, la preparaba así, consumían crack, marihuana, pastillas. Mi hijo se hizo dependiente, más la sobredosis que tuvo fue por clonazepam. El papá buscaba del hospital las cajas y le enseñaba cómo tomar, cuánto tomar. También lo hacía vender: mi hijo te la sabe preparar, te la sabe cerrar, te la sabe pesar, sabe cuánto vale”.

La mujer denunció todo el 8 de octubre de 2024: “Le sacan el teléfono a mi hijo, están todas las pruebas ahí, porque estaba hasta los grupos donde el papá vendía, los mensajes con el hijo, fotos, todo. Pero lo peor es que hace dos años que yo denuncié que lo hacía consumir, lo hacía vender a un niño de 12 años siendo el hijo, y sigue libre”.

 

La justicia y las medidas insuficientes

 

Aunque hubo intervenciones judiciales, las medidas no alcanzan: “Yo ya tuve todo, o sea, tuvimos el aparatito, la tobillera, la custodia en casa, las provisiones de acercamiento de 500 metros, 200, lo que querían. Siempre las violó. Y ahora no me asegura nada que yo tenga una provisión de acercamiento de 500 metros. Siempre van a esperar que él llegue a mi casa, como hizo siempre”.

La mujer reclama medidas más seguras: “Primero que todo, que me pongan algo más seguro, prefiero vivir otra vez con el aparatito y de última, como yo explicaba, si suena yo ya me preparo, sé que se está acercando la policía. No es justo que nosotros tengamos que vivir con un policía cuando el que tiene que estar cuidado es él”.

 

Sin cuota alimentaria ni causa federal

 

Además de la violencia, la mujer denuncia que Cárdenas Almonacid no pasa cuota alimentaria: “Yo del papá de ellos obviamente no cobro nada, él quedó sin trabajo hace tres años y no aporta”. Tampoco tiene conocimiento de que exista una causa federal por narcotráfico: “Nunca tuve nada más que la cámara Gesell que le hicieron a mi hijo. Después no sé qué movimientos hicieron”.

 

Un pedido desesperado y los antecedentes de “Chueco” Cárdenas Almonacid

 

El testimonio concluye con un pedido claro: “Hasta ayer mismo mandé un mensaje a la fiscalía diciéndole que no puedo vivir así, que no es justo, que tenemos miedo todo el tiempo. Es feo vivir así. Lo que espero ahora es tener una consigna o el aparatito para estar más segura”.

José Cárdenas Almonacid acumula un historial de violencia de género y desobediencia judicial en Río Grande. En diciembre de 2024 fue detenido tras agredir brutalmente a su pareja: la golpeó con una silla en la espalda y la pateó mientras estaba en el suelo. Por ese hecho, en mayo de 2025 el juez Pedro Fernández lo condenó a un año y tres meses de prisión de cumplimiento efectivo por “lesiones agravadas por el vínculo”.

La sentencia incluyó además una prohibición de acercamiento. Sin embargo, apenas seis días después de la condena, Cárdenas fue encontrado junto a la víctima en su domicilio, violando la medida. Esa desobediencia derivó en una nueva causa y en su inmediata detención.

Durante el proceso, el acusado transitó períodos en libertad con tobillera electrónica, pero reincidió en incumplimientos. Su prontuario revela un patrón: múltiples denuncias de mujeres, medidas de restricción quebrantadas y causas acumuladas por violencia de género y desobediencia.

 

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