Estudiar fuera de Tierra del Fuego ya cuesta hasta $1,5 millones por mes

La Fundación Volver a Casa advirtió que el costo de sostener a un joven estudiando en el norte del país se volvió “muy oneroso” y que el esfuerzo familiar ya no alcanza en numerosos casos. Darío Rodríguez señaló que solo un alquiler parte de los $600.000 y que, sumando expensas, servicios, salud, conectividad, transporte y esparcimiento, el gasto mensual llega a entre $1.200.000 y $1.500.000. Varias familias ya rescindieron alquileres y repatriaron a sus hijos, postergando carreras que no pueden cursarse en Tierra del Fuego.

Río Grande.- La situación económica que atraviesan las familias fueguinas también empieza a impactar de manera directa sobre quienes tienen hijos estudiando fuera de la provincia. El costo de mantener a un joven en otra jurisdicción, particularmente en los principales centros universitarios del norte del país, alcanzó valores que para muchas familias resultan difíciles o directamente imposibles de sostener.

Darío Rodríguez, integrante de la Fundación Volver a Casa, explicó en diálogo con FM Aire Libre que el escenario genera preocupación entre las familias que realizan un esfuerzo económico para que sus hijos puedan acceder a carreras universitarias que no están disponibles en Tierra del Fuego.

“Hoy por hoy, de acuerdo al contexto social y económico que estamos viviendo a lo largo de todo el país, nosotros no somos ajenos a eso. Como padres de chicos que se encuentran estudiando en el norte del país, vivimos esta situación con mucha preocupación”, señaló.

Rodríguez puso el foco en el conjunto de gastos que implica sostener a un estudiante lejos de su hogar al señalar que “los costos son muy onerosos, el esfuerzo que hacen los padres es muchísimo”, sostuvo, y enumeró entre los principales desembolsos el “alquiler, alojamiento, salud, servicios, transporte y las necesidades vinculadas a la vida cotidiana de los jóvenes”.

 

Menos familias pueden enviar a sus hijos

 

La Fundación Volver a Casa fue creada en 2020 y, desde entonces, lleva adelante comparaciones y estadísticas internas sobre la situación de las familias fueguinas que envían a sus hijos a estudiar a otras provincias.

Rodríguez explicó que “tradicionalmente el período comprendido entre octubre y febrero concentra una importante cantidad de consultas de nuevas familias que buscan alternativas para que sus hijos puedan iniciar una carrera universitaria fuera de Tierra del Fuego”.

Sin embargo, ese movimiento se redujo considerablemente durante el “último período, lo que teníamos el año pasado, que es de octubre a febrero, por lo general tenemos muchas consultas de nuevos jóvenes, de nuevas familias que intentan mandar a sus hijos a estudiar en el norte. En lo que es la finalización del año pasado y este año, esa comunicación, esa solicitud ha mermado muchísimo”, explicó.

La disminución de consultas no responde, según indicó, a una menor demanda de formación universitaria, sino a las “dificultades económicas para afrontar los costos asociados al desarraigo y la permanencia de un estudiante en otra provincia”.

“Este año nos hemos enterado que hay muchas familias que ya les está costando mantener el alquiler, e incluso algunos chicos que están volviéndose, dados los costos para la familia, y que ya no están pudiendo sostener muchísimos de los gastos”, afirmó.

 

Un alquiler de $600.000 como punto de partida

 

El alquiler constituye uno de los principales componentes del presupuesto familiar. De acuerdo con Rodríguez, el valor depende de la ciudad, la zona y, especialmente, de la cercanía con las universidades, pero actualmente parte de aproximadamente $600.000 mensuales.

“Estamos hablando de que un alquiler, depende de la zona, depende del lugar, depende de la provincia, está rondando los $600.000 para arriba solamente del alquiler”, detalló, al tiempo que agregó que “ese monto corresponde a un estudiante que puede encontrarse en un departamento de una habitación o en determinadas residencias y albergues”.

Pero el alquiler es apenas el “comienzo de una estructura de gastos mucho más amplia, dado que a ese valor deben agregarse expensas, internet, telefonía celular, electricidad y el resto de los servicios necesarios para sostener la vida cotidiana para un chico que está estudiando en el norte, entonces estamos hablando de $600.000 como base para empezar”, enumeró.

 

El componente sanitario

 

Rodríguez remarcó que la cobertura de salud adquiere especial importancia cuando los jóvenes permanecen durante largos períodos lejos de sus familias.

A esto se suman otros gastos que muchas veces no aparecen contemplados inicialmente, pero que forman parte de la vida cotidiana de un estudiante como lo es la “actividad física, espacios de recreación y otras alternativas que permitan sobrellevar el desarraigo y sumado a eso, la obra social, es necesario también”, explicó.

El resultado es un presupuesto que, en términos generales, se ubica entre “$1.200.000 y $1.500.000 por mes para mantener un chico”, afirmó Rodríguez.

El impacto se multiplica cuando una familia tiene más de un hijo estudiando fuera de la provincia, para lo cual, manifestó que “tengamos en cuenta que hay familias que tienen un chico, dos o incluso más, y que demanda mantener un joven en el norte del país”.

 

Vivir cerca de la universidad también tiene un costo

 

La problemática presenta algunas diferencias dependiendo de la ciudad y de la ubicación elegida para vivir. 

Rodríguez explicó que el valor general se mantiene relativamente similar, aunque existen variaciones importantes en función de la distancia respecto de las universidades.

“La variable es prácticamente la misma. La diferencia está cuando son las cercanías a las universidades, donde más cercano de la universidad está, el mercado es un poco más caro”, indicó.

La elección, entonces, implica una “permanente búsqueda de equilibrio entre distintos gastos, dado que vivir cerca de la universidad permite reducir o incluso evitar el costo del transporte, pero generalmente supone afrontar alquileres y expensas más elevados, entonces lo que por ahí uno se ahorra, por un lado, lo pierde por el otro”, resumió.

La cercanía también es evaluada desde otro aspecto como lo es la “seguridad”, dado que la cercanía a las universidades es otro tipo de seguridad por el afluente de tránsito que hay de personas”, explicó Rodríguez.

Por eso, la ubicación de la vivienda termina siendo una “decisión en la que confluyen el presupuesto disponible, el transporte y la seguridad del estudiante”.

 

Jóvenes que tuvieron que volver

 

Uno de los datos más sensibles aportados por la Fundación Volver a Casa es que el problema ya dejó de ser una cuestión exclusivamente vinculada a la dificultad para iniciar una carrera y manifestó que “hemos tomado conocimiento de varias familias que, dada esta situación económica, han tenido que rescindir los contratos de alquiler y repatriar sus hijos ya sea en nuestra provincia”, confirmó Rodríguez.

La decisión implica mucho más que cancelar un alquiler o reducir gastos, dado que detrás de cada estudiante existe un “proyecto familiar construido alrededor de una carrera, una expectativa profesional y el esfuerzo para superar las limitaciones de la oferta académica local, sinceramente, uno genera un esfuerzo muy importante para mandar un chico al norte del país, más allá de lo económico y el desarraigo que esto genera”, sostuvo.

Rodríguez destacó que, pese a las dificultades, las familias realizan ese esfuerzo porque existe un objetivo concreto que es “acompañar a sus hijos en la elección de una carrera que muchas veces no tienen posibilidad de estudiar en Tierra del Fuego, entonces, como padre, uno está pensando en el sueño de sus hijos, en la carrera que uno elige por ahí que vayan, que se vayan de la provincia a otro lugar a estudiar”, explicó.

 

Carreras que no existen en la provincia

 

El problema adquiere una dimensión particular en Tierra del Fuego porque una parte de las carreras universitarias que los jóvenes eligen no se encuentran disponibles localmente.

Rodríguez mencionó entre ellas “Medicina, Arquitectura y Psicología, además de otras alternativas académicas que obligan a los estudiantes a trasladarse a centros universitarios del continente”, señaló.

El referente de la Fundación reconoció que la provincia cuenta con una oferta académica propia a través de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, pero aclaró que esa “propuesta no incluye todas las carreras que demandan los jóvenes”, dijo, al tiempo que agregó que “si bien acá nosotros tenemos una currícula académica con la Universidad de Tierra del Fuego, pero son carreras que no existen acá”, explicó.

Por ese motivo, el traslado hacia otras provincias termina siendo una “necesidad para quienes quieren seguir determinadas profesiones”.

Y es allí donde el contexto económico comienza a poner en tensión el acceso a esos proyectos educativos. Para una familia fueguina, sostener un “estudiante fuera de la provincia implica afrontar un presupuesto que puede alcanzar $1.500.000 mensuales, además del esfuerzo emocional que supone el desarraigo”.

El escenario descripto por Rodríguez muestra así una problemática que excede el costo de un alquiler: la crisis económica empieza a condicionar la posibilidad concreta de que jóvenes fueguinos puedan estudiar las carreras que eligieron, especialmente cuando esas opciones no están disponibles en la provincia.

Mientras las familias intentan equilibrar alquileres, servicios, salud, transporte, pasajes y las necesidades básicas de sus hijos, algunas ya tuvieron que tomar una decisión extrema: rescindir contratos, hacer regresar a los jóvenes a Tierra del Fuego y postergar, al menos temporalmente, sus estudios universitarios.