El tradicional torneo interno de una firma electrónica de la ciudad de Río Grande renovó su propuesta y amplió sus horizontes. Futsal, vóley, básquet y quemado conforman una competencia que reúne a trabajadores, familias y compañeros de distintas áreas de la empresa, con una premisa que va mucho más allá de ganar: compartir, integrarse y encontrar en el deporte un espacio para desconectarse de las preocupaciones cotidianas.
Río Grande.- Hay competencias que se juegan para ganar y hay otras que, sin dejar de lado la sana rivalidad deportiva, terminan convirtiéndose en algo mucho más importante. El Torneo Interno “Las Malvinas son Argentinas”, impulsado por los trabajadores de una empresa electrónica local, pertenece claramente a este segundo grupo.
La iniciativa, que ya transita su segunda edición bajo un formato ampliado, nació hace varios años como un campeonato interno exclusivamente de futsal y destinado fundamentalmente a los varones. Con el tiempo, la propuesta comenzó a transformarse hasta convertirse en un verdadero espacio de integración entre compañeros de diferentes sectores de la empresa.
Vanina Mieri, integrante del cuerpo de delegados, fue una de las voces encargadas de explicar el espíritu de una competencia que, durante varias semanas, logró reunir a trabajadoras y trabajadores, familias y amigos alrededor de distintas disciplinas deportivas.
“Esto se arrancó hace varios años, pero era un interno y sólo se hacía con futsal”, recordó Vanina al hablar de los primeros pasos de la iniciativa.
La necesidad de incorporar a más personas fue el punto de partida para modificar el formato. Así, el año pasado se tomó una decisión fundamental: abrir la competencia y hacerla mixta.
“Queríamos que se integre más gente. Entonces lo hicimos mixto: tenía que haber sí o sí una mujer y un senior de 45 años en adelante”, explicó.
Pero la transformación no quedó solamente en la incorporación de mujeres y jugadores mayores. También se amplió la cantidad de disciplinas. En aquella primera experiencia renovada se disputaron futsal, vóley y básquet, una fórmula que tuvo una respuesta que sorprendió gratamente a los propios organizadores.
“Salió muy lindo, se prendió mucha gente que nunca había participado”, destacó Mieri.
Un mismo equipo, cuatro desafíos
El buen resultado de aquella experiencia llevó a repetir la propuesta durante este año y a incorporar una nueva disciplina: el quemado.
La modalidad elegida tiene una particularidad que convierte al torneo en un verdadero desafío colectivo: el mismo equipo debe afrontar todas las disciplinas.
Cada conjunto puede estar integrado por hasta 15 personas y debe cumplir con las condiciones de inclusión establecidas por la organización. Puede contar con una mujer y un senior, o bien con dos mujeres o dos jugadores senior, garantizando de esa manera que distintas edades y géneros tengan su lugar dentro de la competencia.
El recorrido comenzó con el futsal. Durante el primer fin de semana se disputaron los encuentros de esa disciplina y el equipo campeón comenzó a sumar los primeros puntos de una clasificación general acumulativa.
El segundo fin de semana fue el turno del vóley; posteriormente llegó el básquet y, al momento de la entrevista, la competencia se encontraba cerrando su etapa inicial con el quemado.
La primera fase tiene una característica que mantiene abierta la expectativa hasta el último instante: los puntos obtenidos en cada disciplina se acumulan y determinan a los cuatro mejores equipos.
Esos cuatro conjuntos avanzarán a las semifinales, pero allí comenzará prácticamente otro torneo.
“Van a haber cuatro semifinalistas. Este fin de semana, esos cuatro equipos van a hacer los cuatro deportes de nuevo, se borran todos los puntos acumulados y arrancan de cero”, explicó Vanina.
La definición también fue pensada para que la exigencia deportiva no termine convirtiéndose en un desgaste excesivo. Por eso, los cruces serán distribuidos durante el fin de semana: futsal y vóley por un lado, mientras que básquet y quemado se desarrollarán en otra jornada.
De esos cuatro semifinalistas surgirán los dos finalistas, que volverán a enfrentarse en las cuatro disciplinas para determinar al campeón definitivo.
Mucho más que una competencia
Sin embargo, detrás de las planillas, los puntos y los resultados existe un objetivo que para los organizadores tiene un valor mucho mayor: generar un espacio de encuentro.
En un contexto donde las preocupaciones económicas y laborales forman parte de la vida cotidiana, el deporte aparece como una pausa necesaria, una manera de cambiar el escenario durante unas horas y compartir con quienes, durante la semana, forman parte del mismo ámbito laboral.
“Todos tenemos muchos problemas económicos, de trabajo, y es una forma de desestresarse. Acá compartimos con los mismos compañeros, te despejás un poco y además vienen con la familia”, resumió Mieri.
Y justamente allí aparece uno de los aspectos que más satisfacción genera entre quienes impulsan el torneo. No solamente participan las y los jugadores. Las familias acompañan, los chicos se acercan a las tribunas y el espacio deportivo termina convirtiéndose en un punto de encuentro que trasciende los horarios de trabajo.
Pero el efecto integrador también se percibe durante los días de la semana.
Vanina contó que varios trabajadores se reúnen fuera del horario laboral para practicar las disciplinas en las que deben competir. Algunos tenían experiencia en futsal, pero nunca habían jugado vóley o quemado. Otros encontraron en esas disciplinas una posibilidad que antes no tenían.
“Hay chicos que jugaron futsal solamente, chicos que nunca jugaron al quemado, chicos que nunca jugaron al vóley. Y lo bueno es que fuera de horario se han juntado a practicar”, relató.
Ese detalle, aparentemente pequeño, terminó siendo uno de los grandes logros de la propuesta: compañeros que quizás no tenían una relación cotidiana comenzaron a conocerse, compartir entrenamientos y descubrir capacidades que permanecían ocultas.
La mujer ganó su lugar en la cancha
Uno de los cambios más significativos de la propuesta fue también la incorporación y participación activa de las mujeres.
Durante mucho tiempo, las competencias internas estuvieron vinculadas principalmente al futsal masculino. El nuevo formato rompió esa lógica y permitió que las trabajadoras ocuparan un lugar protagónico en todas las disciplinas.
Vanina destacó especialmente la presencia de un equipo denominado “Modo Avión”, conformado mayoritariamente por mujeres.
“Siempre son pocas chicas las que participaron. De hecho, tenemos un equipo, Modo Avión, que la mayoría son mujeres”, contó con satisfacción.
La respuesta no sólo fue positiva desde lo organizativo. También hubo sorpresas dentro de la cancha.
“Tenemos muchas compañeras que hacen todos los deportes y te digo que sorprendieron acá. Juegan futsal y fútbol, pero sorprendieron en el básquet y en el vóley”, señaló.
Así, el torneo también permitió derribar algunos prejuicios habituales: que una mujer no puede jugar determinados deportes o que una persona mayor de 45 años ya no tiene lugar en una competencia de estas características.
La filosofía de los organizadores es justamente la contraria.
“No porque tenés más de 45 años no podés participar, no porque sos mujer no podés participar”, remarcó Mieri.
Todos tienen un lugar
Otro de los puntos destacados por la delegada es que el torneo no establece diferencias entre los distintos sectores de la empresa.
No se trata de una competencia reservada exclusivamente para los operarios. Pueden participar trabajadores de cocina, personal de limpieza, supervisores, jefes y empleados de distintas áreas. “Acá el que quiera, participa”, sintetizó.
Y esa apertura también permitió que personas que no se sentían cómodas jugando al futsal encontraran su disciplina.
Vanina recordó el caso de un compañero que reconoció que no se animaba a participar porque consideraba que no tenía buen nivel futbolístico. Sin embargo, descubrió que tenía mejores condiciones para el vóley u otras disciplinas.
Ese es, quizás, uno de los mayores aciertos del formato: darle a cada trabajador la posibilidad de encontrar su espacio.
Una tradición que continúa
El éxito de la propuesta ya permite pensar en nuevas ediciones. La intención del cuerpo de delegados es mantener el torneo todos los años, renovando parte de las disciplinas para evitar que la competencia pierda atractivo.
La idea es sostener tres deportes como pilares -futsal, vóley y básquet- y alternar una cuarta disciplina.
Este año fue el quemado. Para futuras ediciones ya aparecen otras posibilidades, como tenis, de acuerdo con las sugerencias que puedan realizar los propios compañeros.
Pero el calendario deportivo no termina con esta competencia
Una vez finalizado el torneo interno, llegará otro clásico esperado: el tradicional Boca-River, que reúne a trabajadores identificados con ambos clubes en un partido de fútbol de cancha abierta con once jugadores por equipo.
A eso se suma otra experiencia que también nació desde los propios trabajadores: una bicicleteada que tuvo una importante convocatoria y permitió que compañeras y compañeros que no participaban del torneo encontraran otra manera de sumarse a las actividades. “Todos participan en algo”, destacó Vanina.
El premio más importante
La competencia tendrá, naturalmente, un campeón. Habrá puntos, semifinales, finales y reconocimientos. Pero el verdadero premio parece estar en otro lugar.
La organización tiene previsto entregar un presente y un reconocimiento a todos los participantes, como una manera de agradecer el compromiso y estimular la continuidad de la propuesta.
Porque si algo quedó demostrado durante estas semanas es que el resultado no se mide únicamente en victorias.
Se mide en compañeros que se encontraron fuera del horario laboral para entrenar; en mujeres que se animaron a ocupar espacios que antes parecían reservados para otros; en trabajadores de distintas áreas que terminaron compartiendo equipo; en familias que acompañaron desde la tribuna y, fundamentalmente, en la posibilidad de dejar durante algunas horas las preocupaciones cotidianas afuera de la cancha.
Vanina quiso cerrar con un agradecimiento especial a todos quienes hicieron posible esta experiencia.
“Todos somos competitivos, pero no hubo pelea. Comparten, nos doblamos de risa, la familia viene, los chicos nos ayudan”, contó.
También reconoció el esfuerzo de sus compañeras y compañeros del cuerpo de delegados, que durante sábados y domingos permanecen al frente de la organización.
“Estamos todo el fin de semana metidos acá”, expresó entre risas, aunque inmediatamente aclaró que el cansancio vale la pena.
“Lo hacemos con gusto porque nos vamos contentos de que nuestros compañeros se van felices a la casa”.
Y quizás allí esté resumida la verdadera esencia del Torneo Interno “Las Malvinas son Argentinas”: en una época donde las obligaciones, las dificultades y las preocupaciones suelen ocupar demasiado espacio, un grupo de trabajadores decidió abrir una cancha, poner una pelota en movimiento y recuperar algo tan simple como necesario: el placer de compartir.
