Álvaro Miranda clasificó a los IV Juegos Suramericanos 2026 y al Panamericano U17

El luchador fueguino Álvaro Miranda volvió a hacer historia en el Campeonato Nacional Selectivo clasificatorio para los IV Juegos Suramericanos de la Juventud y el Campeonato Panamericano U17. Luego de superar la balanza en horas de la mañana, comenzaron los combates preliminares y, tras imponerse en cuatro exigentes luchas, disputó una final durísima en la que demostró carácter y determinación.

Río Grande.- Tras ir perdiendo el primer tiempo 4 a 0, en el segundo período sacó chapa de campeón y, con coraje y determinación, remontó el resultado para derrotar a su rival de la Provincia de Buenos Aires por 5 a 4, logrando así la doble clasificación a las dos competencias continentales más importantes de la categoría.

El Polideportivo N° 1 de la ciudad de San Fernando, en la provincia de Buenos Aires, fue testigo de este nuevo logro histórico de Miranda, quien volvió a demostrar el alto grado de preparación, concentración y disciplina que lo caracteriza y que hoy lo posiciona entre los mejores luchadores juveniles de la República Argentina. Detrás de ese crecimiento deportivo también se encuentra el trabajo constante de su entrenador, Horacio Miranda, quien además es su padre y lo acompaña desde sus primeros pasos en la lucha.

El antecedente familiar también marca el camino recorrido. En 2021, su hermano Máximo Miranda, en el torneo clasificatorio realizado en Posadas, provincia de Misiones, quedó a un paso de lograr la clasificación a los III Juegos Suramericanos de la Juventud, disputados en Rosario. Posteriormente logró clasificar al Campeonato Panamericano U17, realizado en Buenos Aires, donde finalizó en el quinto lugar, tras caer ante un luchador mexicano en la pelea por la medalla de bronce.

Esta vez fue Álvaro Miranda quien dio el paso que faltaba. Con su clasificación consolidó el trabajo que viene desarrollando la lucha de Tierra del Fuego, sumando un nuevo logro y asegurando la presencia fueguina en dos de los eventos juveniles más importantes del continente americano.

Para el luchador riograndense no importaron el calor ni la humedad agobiante del recinto, ni los miles de kilómetros que separan a Tierra del Fuego de los grandes centros deportivos del país. En ese momento solo existía el combate, el orgullo de representar a su tierra y la decisión de no rendirse jamás. Cada punto fue el reflejo de largas horas de entrenamiento por la mañana, por la tarde y por la noche; de sacrificios hechos bajo el viento helado y el frío fueguino, incluso en días feriados cuando muchos descansan.

Horacio Miranda, su entrenador y también su padre, señalo que, “nada de aquello ocurrido en San Fernando fue casualidad, y mucho menos magia. Desde afuera puede parecer sencillo, casi natural, pero quienes estuvieron cerca saben bien lo que hay detrás. Son años de trabajo silencioso, de madrugadas que el mundo no vio, de disciplina cuando el cuerpo pedía rendirse y de levantarse cada vez que el piso se sentía demasiado frío”.

“Detrás de ese triunfo hay kilómetros recorridos con las piernas pesadas, horas interminables de entrenamiento físico y táctico, kilos de barras y discos que moldearon no solo el cuerpo sino también el carácter. Hay golpes, lesiones y lágrimas derramadas en silencio cuando los resultados no llegaban y la duda comenzaba a susurrar. Sin embargo, siempre estuvo presente una convicción inquebrantable: seguir adelante, aprender de cada experiencia y no bajar nunca los brazos en la búsqueda de los sueños”, expresó.

Álvaro no solo ganó una final: confirmó que en el fin del mundo también se forman campeones. Y que cuando el talento se encuentra con el sacrificio, los sueños dejan de ser promesas para transformarse en historia.

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