Con más de 150 instituciones y la llegada de veteranos de todo el país, Roma Alancay anticipó un acto atravesado por la emoción, la memoria y el recambio generacional. En este marco confirmó una organización “a pulmón” y con fuerte impronta generacional. Anticipó un acto cargado de simbolismo y advirtió que “ese lugar es un cementerio”.
Río Grande.- En el corazón de la Semana de Malvinas 2026, la carpa montada junto al monumento a los caídos vuelve a ser el epicentro emocional de Río Grande. Allí, entre mates compartidos, recuerdos indelebles y una agenda que no da respiro, los veteranos de guerra sostienen una tradición que ya trasciende generaciones.
Desde ese espacio cargado de historia, Roma Alancay, secretario del Centro de Veteranos de Guerra “Malvinas Argentinas”, describió en diálogo con FM del Pueblo el detrás de escena de una vigilia que, este año, no sólo convoca a miles de personas, sino que también podría representar un punto de inflexión.
“La verdad que estamos prácticamente todo el día acá. Desde que empezamos a armar la carpa, ya venimos trabajando con planificación previa, organización, coordinación. Nos vamos a dormir a casa nada más”, resumió, dando cuenta del compromiso que implica sostener una estructura que es mucho más que logística: es memoria viva.
Una semana que se vive con el alma
La escena se repite cada año, pero no pierde intensidad. Alancay destacó el vínculo directo con la comunidad, especialmente con los más jóvenes.
“Entra un grupo de chicos y el veterano se levanta enseguida, con alegría, para explicarles, eso nos da fuerza, nosotros tenemos el deber de rendir homenaje a nuestros compañeros”, afirmó.
La carpa no es sólo un espacio físico: es un aula abierta, un lugar de transmisión, una trinchera simbólica donde la causa Malvinas se mantiene vigente. Escuelas, familias, instituciones y medios forman parte de ese entramado que convierte a la semana en un fenómeno social único en el país.
Recambio generacional: los hijos toman la posta
Uno de los aspectos más significativos de esta edición es el avance del recambio generacional. Según explicó Alancay, los “hijos de veteranos comenzarán a asumir roles centrales en la conducción del acto”.
“Se fueron preparando durante años, acompañándonos, este año ya se largan solos, van a estar a cargo”, señaló, en referencia a una transición que había sido impulsada por referentes históricos como Miguel Vázquez.
En ese marco, sostuvo que “el discurso central de la vigilia estará a cargo del veterano Bernardo Ferreiro, mientras que la organización protocolar también comenzará a reflejar este traspaso simbólico”.
¿La última carpa?
Entre los anuncios más relevantes, Alancay dejó entrever que “esta podría ser la última vigilia desarrollada en la tradicional carpa”.
“Con el edificio fijo va a ser distinto, ya no vamos a tener que venir a ver si se soltó una soga o si el viento rompió algo, nos va a permitir trabajar de otra manera”, explicó, en referencia a la futura infraestructura impulsada por el Municipio.
Sin embargo, dejó en claro que el espíritu no cambiará porque “va a ser el mismo trabajo, seguir hablando con los alumnos, con la comunidad, eso no se negocia”.
Una vigilia masiva y federal
El acto central del 2 de abril volverá a ser, como cada año, el más convocante del calendario local. Con más de 150 instituciones confirmadas para el desfile, la dimensión del evento reafirma su carácter multitudinario.
A esto se suma la llegada de veteranos de distintos puntos del país, muchos de ellos participando por primera vez.
“Vienen a sentir el frío, el viento, lo que representa Malvinas. Eso se llevan”, describió Alancay.
La agenda incluye actividades culturales, presentaciones de libros, espectáculos musicales y homenajes, consolidando una propuesta integral que articula memoria, cultura y educación.
El protocolo y la política, en segundo plano
Consultado sobre la presencia de figuras políticas, Alancay confirmó que fue invitada formalmente la vicepresidenta Victoria Villarruel, aunque admitió versiones cruzadas sobre su asistencia.
Más allá de nombres propios, marcó una postura clara al señalar que “todos son bienvenidos, pero acá se viene a compartir la vigilia como ciudadanos”.
En esa línea, también se refirió a los debates sobre la cuestión Malvinas en el plano internacional y al respecto dijo que “nosotros siempre vamos a sostener la soberanía. Son temas que deben pasar por el Congreso. Son decisiones delicadas”.
“Ese lugar es un cementerio”
Uno de los momentos más contundentes de la entrevista llegó al abordar la polémica por la instalación de puestos de comida durante la vigilia.
Alancay fue categórico al indicar que “ese lugar es un cementerio para todos los argentinos. Se está rindiendo un homenaje solemne. Tiene que haber respeto”.
Si bien aclaró que “la regulación depende del Municipio, dejó en claro que el espíritu del acto exige un marco de respeto absoluto”.
De un “tachito” a un evento nacional
La vigilia de Río Grande ya no es un hecho local. Con transmisión en vivo, cobertura nacional y repercusión en todo el país, el evento creció exponencialmente desde sus inicios más humildes.
“El veterano fue el que salió a hablar de Malvinas cuando no se hablaba. Hoy esto se ve en todo el país”, recordó Alancay.
Esa expansión, lejos de diluir el sentido original, parece reforzarlo. La vigilia se convirtió en un símbolo colectivo, replicado en otras provincias, pero con un sello distintivo que sigue anclado en el sur.
Una invitación abierta
En la antesala del 2 de abril, el mensaje final fue claro y directo al indicar que “los esperamos con una bandera argentina, es un momento para conmemorar a nuestros compañeros”.
“En Río Grande, la memoria no se declama, se vive y este año, entre homenajes, recambios y despedidas, la vigilia vuelve a encender una llama que, lejos de apagarse, sigue iluminando la historia”, concluyó.

