El ingeniero en desarrollo de TotalEnergies, Bernardo Díaz, detalló el corazón técnico del parque eólico inaugurado en el norte de Tierra del Fuego. En este sentido, señaló que es un sistema diseñado para enfrentar la variabilidad extrema del viento y garantizar energía confiable a la industria hidrocarburífera. Con aerogeneradores adaptados al entorno, almacenamiento en baterías y control inteligente, el proyecto, impulsado junto a Wintershall DEA y Pan American Energy, combina innovación tecnológica, eficiencia y cuidado ambiental en una obra sin precedentes en la región.
Río Grande.- En el marco de la inauguración del parque eólico más austral del mundo, ubicado en el norte de Tierra del Fuego, en cercanías de Río Cullen, el ingeniero en desarrollo de TotalEnergies, Bernardo Díaz, brindó precisiones técnicas clave sobre el funcionamiento del proyecto, su diseño y los desafíos que implicó su implementación en un entorno climático exigente.
“Inauguramos el parque eólico en Tierra del Fuego, diseñado para manejar la variabilidad del viento y abastecer de energía confiable a la industria petrolera y gasífera”, explicó Díaz, sintetizando el objetivo central de una obra que combina innovación tecnológica con eficiencia operativa.
Desde el punto de vista técnico, el ingeniero destacó que “uno de los mayores desafíos fue precisamente adaptar el sistema a un recurso energético tan variable como el viento, a nivel técnico, el principal punto del proyecto es, justamente, manejar la variabilidad del viento, los recursos que pueden subir a su máximo, bajar a 0, totalmente, intermitentemente, y aplicarlo a una industria que necesita ser muy confiable, como la industria de petróleo y gas”, detalló.
Para resolver esa complejidad, el parque se estructura sobre “tres pilares fundamentales, el primero es la conversión de la energía del viento en energía eléctrica, que se hace con los aerogeneradores, que tienen una conversión electrónica de esta energía, que es energía mecánica del viento, en energía eléctrica”, explicó.
El segundo eje es el “almacenamiento, eso va y se almacena en baterías, que permiten, instantáneamente, almacenar o entregar energía según sea necesario, si yo tengo muchísimo viento, puedo almacenar esa energía, y cuando me falte viento, la entrego”, señaló.
El tercer componente es el “sistema de control inteligente, que funciona como el cerebro del parque, un sistema de control que mira minuto a minuto lo que pasa en la planta y en los aerogeneradores, y termina decidiendo o arbitrando qué fuente de generación usar: si usar las baterías, los aerogeneradores u otra fuente”, agregó.
En relación a las condiciones de viento en Tierra del Fuego, Díaz aportó datos precisos que explican la elección del lugar al señalar que “Tierra del Fuego, si bien como en todo lugar del mundo no es homogéneo a lo largo del año, tiene un viento bastante constante en el día, eso es algo muy bueno, porque hace que el aerogenerador funcione mejor”, indicó.
En términos de operación, detalló los rangos de funcionamiento de los equipos, marcando que “los aerogeneradores funcionan entre 2 o 3 metros por segundo, que son unos 6 nudos, y tienen un rango hasta 10 donde la potencia va en aumento; entre 10 y 20 se mantiene constante, y a partir de 23 empieza a bajar”.
El diseño del parque se basó en condiciones concretas del sitio, “nosotros tenemos una velocidad promedio de diseño de 11 metros por segundo, hay días con más viento y días con menos, pero el proyecto tiene en cuenta ese promedio”, explicó.
Además, subrayó que las máquinas fueron específicamente adaptadas al entorno, dado que “se hizo lo que se llama un estudio de aceptabilidad de sitio, en el cual el fabricante, en este caso Holtwind, una empresa china, simuló el viento y aseguró que las máquinas puedan soportar esas condiciones”.
En cuanto a la capacidad energética, Díaz brindó cifras contundentes al marcar que “la potencia es de 8,4 megawatts, y estimamos que a lo largo del año es como si estuviesen entregando esa potencia el 55% del tiempo, lo que significa aproximadamente 50 gigawatt hora por año”.
“Este volumen de generación permite abastecer de manera sostenida a la industria energética local, consolidando al parque como una pieza clave dentro del esquema productivo de la provincia”, explicó.
Finalmente, el ingeniero se refirió al proceso de selección del emplazamiento, destacando que no solo primaron criterios técnicos, sino también ambientales, para lo cual, explicó que “la ubicación obedeció a muchos factores, algunos técnicos, pero principalmente ambientales, se hizo un estudio previo para definir un lugar que no afectase la migración de aves”, explicó.
En ese sentido, detalló las precauciones adoptadas al sostener que “se tuvo mucho cuidado de respetar los mallines y la migración de especies protegidas como el cauquén colorado, el pato con anteojos y las bandurrias”.
También se contemplaron aspectos de seguridad y eficiencia, dado que “se tomaron distancias de seguridad respecto a la ruta y entre los molinos, y finalmente se buscó una cercanía relativa con las plantas para minimizar las pérdidas eléctricas entre la generación y el consumo”, concluyó.
De esta manera, el testimonio de Bernardo Díaz no solo permite dimensionar la magnitud del parque eólico, sino también comprender la complejidad técnica detrás de una obra que combina ingeniería avanzada, planificación ambiental y una apuesta concreta por diversificar la matriz energética en Tierra del Fuego.

