El titular y apoderado de la Cámara Fueguina de la Industria Nacional (CAFIN), Alberto Garófalo, trazó un duro diagnóstico sobre el presente del régimen industrial y advirtió que las fábricas intentan sobrevivir entre la caída de la demanda, la apertura económica, el ingreso de productos importados y procesos productivos que llevan décadas sin actualizarse. Sostuvo que la salida no pasa por dejar “languidecer” el sistema, sino por reconvertir la capacidad instalada con las empresas dentro de Tierra del Fuego, preservando empleo e inversiones acumuladas durante 50 años. También cuestionó la decisión de avanzar hacia la liquidación del Fondo para la Ampliación de la Matriz Productiva (FAMP), señaló que el Gobierno nacional parece haber definido qué actividades considera merecedoras del sacrificio fiscal y advirtió que, si no se construye una alternativa, la provincia corre el riesgo de perder “lo que aún nos queda” como generador de trabajo y desarrollo.
Río Grande.- El ingeniero Alberto Garófalo, titular y apoderado de la Cámara Fueguina de la Industria Nacional (CAFIN), advirtió que el entramado fabril de Tierra del Fuego atraviesa un escenario de extrema complejidad, atravesado por la caída del consumo, la apertura de la economía, una competencia externa cada vez mayor y la imposibilidad de incorporar nuevos productos que permitan aprovechar la capacidad instalada.
En diálogo con FM La Isla, Garófalo planteó que la situación no afecta de la misma manera a todas las empresas ni a todos los sectores, pero reconoció que algunas compañías encuentran alternativas para mantenerse mientras otras enfrentan serias dificultades para continuar operando en la provincia.
“Estamos frente a una situación muy compleja por una serie de motivos, pero básicamente la industria fueguina trata de sobrevivir en un escenario que no le es favorable”, resumió.
Entre las principales causas mencionó “la caída de la demanda” y la liberalización económica, que implica una disminución de los niveles de protección y una creciente competencia de productos provenientes del exterior.
“Algunas fábricas encuentran la manera de sobrevivir y otras no. Y esto es lo que nos está pasando hoy”, afirmó.
Textiles disminuidos y electrónicas “haciendo malabares”
Garófalo diferenció especialmente la situación de los sectores textil y electrónico.
“El textil está muy disminuido, la electrónica haciendo malabares para poder continuar en Tierra del Fuego”, describió.
Frente a ese escenario, señaló que “parte de las expectativas empresariales están depositadas en una eventual recuperación económica, porque en materia de política económica nacional aseguró que no hay mucha esperanza por el momento”.
Las compañías, explicó, están obligadas a tomar decisiones para garantizar su continuidad o evaluar su salida de la isla.
Sin embargo, destacó que “después de décadas de radicación existe, siempre que las condiciones lo permitan, voluntad de permanecer en Tierra del Fuego”.
El panorama es particularmente delicado para “las empresas confeccionistas, que deben competir con prendas y productos importados que ingresan mediante distintas plataformas comerciales”.
Para Garófalo, existen rubros en los que “recuperar las posiciones alcanzadas en el pasado será especialmente difícil”.
“La discusión es hacia dónde queremos orientar esos subsidios”
Uno de los puntos centrales de su análisis estuvo relacionado con el cuestionamiento histórico al costo fiscal del régimen fueguino.
Garófalo puso esa discusión en contraste con los beneficios concedidos por el “Estado nacional a grandes inversiones mediante otros regímenes promocionales, podríamos decir que el tema subsidio ya no se puede poner sobre la mesa en la medida que estamos frente al RIGI, que en términos de subsidio implica muchísimo más que Tierra del Fuego”, planteó.
Por eso, consideró que “la verdadera discusión dejó de ser si el Estado debe conceder beneficios fiscales, en todo caso, la discusión es hacia dónde queremos orientar esos subsidios”, sostuvo.
Desde su perspectiva, el Gobierno nacional considera que “determinadas actividades fueguinas ya no ameritan mantener los beneficios existentes”.
En el sector textil, afirmó, esa indefinición se refleja en la incertidumbre regulatoria que “continúa condicionando a las empresas y desgastando a aquellas que todavía intentan permanecer en actividad”.
Procesos productivos que llevan 25 años sin renovarse
En el sector electrónico, Garófalo reconoció que “el Gobierno habilitó algunas modificaciones en los procesos productivos para intentar sostener la competitividad frente a las importaciones”.
Sin embargo, afirmó que esas medidas son apenas “parches” frente a un problema estructural mucho más profundo.
La posición que CAFIN viene planteando, explicó, es “permitir que las compañías complementen la producción actual con nuevos bienes, para tener un escenario más auspicioso para el futuro es necesario que se les permita a las empresas complementar su producción con otros productos”, señaló.
Actualmente, sostuvo, la estructura se encuentra “muy encorsetada” y prácticamente no se habilitan nuevos procesos productivos.
Garófalo graficó la magnitud del atraso con un dato contundente al sostener que “el que más cerca está en el tiempo de lo que se está fabricando hoy es un producto que se lo aprobaron hace 25 años”.
El problema, explicó, es que “la evolución tecnológica transforma permanentemente los bienes de consumo y reemplaza productos a una velocidad que el sistema regulatorio fueguino no consigue acompañar”.
“Así es muy difícil mantener operando la capacidad instalada que hoy tienen las empresas”, advirtió.
Las inversiones comienzan a pesar más fuera de Tierra del Fuego
La pérdida de actividad también está modificando la estructura de los grandes grupos empresarios.
Garófalo recordó que “anteriormente las empresas radicadas en Tierra del Fuego funcionaban como matrices desde las cuales se generaban utilidades que posteriormente permitían diversificar inversiones”.
Ahora, afirmó, la situación se “invirtió, esas inversiones son mayores fuera de la provincia que las que están dentro de la provincia”, señaló.
El titular de CAFIN vinculó directamente este fenómeno con la “caída de la rentabilidad de las actividades desarrolladas en la isla”.
También advirtió que “la participación de Tierra del Fuego dentro del volumen total de negocios de las grandes compañías se redujo drásticamente”.
Ese cambio, para Garófalo, constituye una señal de alarma porque significa que la actividad fueguina pierde progresivamente peso dentro de las estrategias empresariales.
El FAMP y una herramienta que desaparece
Otro de los ejes centrales de la entrevista fue la situación del Fondo para la Ampliación de la Matriz Productiva (FAMP), creado como una herramienta destinada a canalizar recursos hacia nuevos proyectos e inversiones capaces de diversificar la economía fueguina.
Ante la información sobre el avance de un proceso de liquidación del fondo, Garófalo sostuvo que “quienes estuvieron vinculados con su funcionamiento ya percibían dificultades, quienes estuvimos cerca de todo el entramado del FAMP notábamos que la autoridad de aplicación no estaba cómoda con el FAMP”, afirmó.
De acuerdo con lo planteado durante la entrevista, el esquema contemplaría la continuidad de determinadas inversiones ya iniciadas, mientras que la infraestructura quedaría concentrada fundamentalmente en el aporte a la Base Naval Integrada.
Garófalo consideró que “detrás de esa decisión existe una determinada concepción acerca de cómo debería desarrollarse Tierra del Fuego”.
Según interpretó, existe una visión según la cual la Base Naval podría generar una fuerte actividad económica y ocupación, particularmente en Ushuaia, haciendo innecesario destinar recursos adicionales a la ampliación de la matriz productiva.
Pero cuestionó esa perspectiva por considerarla territorialmente limitada.
“Esto, obviamente, es una visión por lo menos limitada, porque no alcanza a Río Grande, por ejemplo, y ahí tenemos un problema”, advirtió.
Qué pasa con los aportes realizados por las empresas
Garófalo también explicó la composición de los recursos vinculados al fondo.
Se refirió al componente correspondiente al 60% de los aportes y a los planteos empresariales relacionados con su devolución, y diferenció esa situación del restante 40%, vinculado a inversiones propias de las compañías en actividades diferentes de su producción principal.
Respecto de esos proyectos privados, señaló que “la liquidación del fondo no necesariamente implica su desaparición”.
“Lo que se dice es que esos proyectos deben continuar”, explicó, aunque indicó que “se permitieron readecuaciones de plazos, montos y otras condiciones”.
En cuanto a las inversiones en infraestructura, afirmó que “el esquema fue simplificado hacia lo que sería el aporte destinado a la Base Naval”.
Del RIGI al régimen fueguino: “Ya no estamos frente a una cuestión de principio”
Garófalo volvió luego sobre el debate de fondo: qué herramientas podrían utilizarse para recuperar un sistema industrial que llegó a tener un enorme nivel de desarrollo y que actualmente atraviesa una fuerte contracción.
Su respuesta apuntó a abandonar la discusión meramente ideológica sobre los incentivos fiscales y definir qué objetivos estratégicos pretende alcanzar el país.
“Independientemente de la cuestión política, acá es cuestión de aplicar el sentido común”, afirmó.
Según explicó, “si Argentina está dispuesta a realizar un sacrificio fiscal mediante herramientas como el RIGI y otros esquemas de promoción para determinadas inversiones, significa que el problema no radica necesariamente en la existencia de beneficios”.
Esos instrumentos, observó, están orientados hacia actividades que “Nación considera estratégicas porque tienen fuerte perfil exportador, generan divisas y permiten posicionar a la Argentina internacionalmente”.
“Ahí, por lo visto, hay un objetivo buscado por el cual se acepta el sacrificio fiscal”, señaló.
Garófalo sostuvo que “el costo fiscal atribuido históricamente a Tierra del Fuego incluso se redujo como consecuencia de la propia caída de la actividad”.
Por eso concluyó que “la discusión debe plantearse en otros términos, tenemos que interpretar que ya no estamos frente a una cuestión de principio de que los subsidios son malos, sino que deben ir a un objetivo que sea aceptado por el Gobierno”, expresó.
“La transformación debe hacerse con las empresas adentro”
Es en la definición de ese objetivo donde CAFIN pretende instalar la discusión sobre el futuro industrial de Tierra del Fuego.
Garófalo sostuvo que “la provincia necesita una transformación productiva, pero rechazó que esa transformación implique primero destruir la estructura existente para después intentar construir una alternativa”.
“Nosotros, desde CAFIN, insistimos en que la transformación debe hacerse con las empresas adentro”, afirmó.
La propuesta consiste en generar condiciones para “reconvertir la industria actualmente instalada, permitiendo incorporar actividades y productos que aprovechen la infraestructura y el conocimiento acumulado”.
“Nuestra vieja postura es facilitar para que pueda haber una reconversión de la industria instalada, manteniendo su capacidad, incluso ampliándola en determinados casos y preservando la ocupación”, explicó.
Para el dirigente empresario, ese “debe ser el verdadero debate, no se trata simplemente de sostener sin modificaciones el esquema productivo actual, sino de utilizar las inversiones realizadas durante décadas como plataforma para construir una nueva etapa industrial, esta es la discusión que tenemos que dar”, remarcó.
Y volvió a cuestionar que “se pretenda clausurar la discusión alegando únicamente el costo fiscal del régimen, hoy no nos pueden venir a decir: ‘Ustedes no pueden continuar con la actividad porque están subsidiados’”, afirmó.
El riesgo de dejar “languidecer” el régimen
En el cierre, Garófalo fue consultado sobre la diferencia entre una decisión explícita de terminar con determinadas actividades industriales y simplemente permitir que el régimen continúe deteriorándose sin herramientas para su transformación.
Su respuesta sintetizó el riesgo que CAFIN observa hacia adelante al señalar que “la diferencia es sustancial. Si el régimen languidece, perdemos lo que aún nos queda, básicamente como generador de trabajo y como inversión hundida después de 50 años”, advirtió.
La referencia a la “inversión hundida” apunta a todo el capital acumulado durante medio siglo: plantas industriales, infraestructura, maquinaria, conocimiento productivo, proveedores, trabajadores capacitados y una estructura empresarial que, pese a la crisis, continúa instalada en Tierra del Fuego.
Frente a la posibilidad de que ese deterioro avance, Garófalo evitó plantear el escenario como inevitable y señaló que “nuestra obligación es generar propuestas para que exista una alternativa y no lleguemos a ese final”, concluyó.
El diagnóstico de CAFIN combina así una advertencia con una propuesta. Garófalo reconoce que el modelo industrial fueguino necesita transformaciones y que algunos sectores difícilmente recuperen las posiciones que tuvieron en el pasado, pero sostiene que la reconversión debe partir de lo construido y no de su destrucción. En un contexto de importaciones crecientes, demanda deprimida, procesos productivos desactualizados y pérdida de peso de Tierra del Fuego dentro de los grandes grupos empresarios, planteó que la discusión central debe ser qué industria quiere sostener el país y con qué objetivos. Para CAFIN, la respuesta pasa por reconvertir, diversificar y modernizar, pero manteniendo a las empresas, las inversiones y el empleo dentro de la provincia.
