El presidente de CAFIN, Alberto Garófalo, describió un escenario crítico para las textiles de Tierra del Fuego, con desplome de la demanda, importaciones “imposibles” de competir desde China y Pakistán, denuncias permanentes por subfacturación y una incertidumbre total sobre el futuro del régimen promocional. De 11 textiles quedaron apenas 4 activas y el empleo cayó de más de 900 trabajadores a apenas 245. “Da la sensación de que hay una política para que se cansen y se vayan solas”, lanzó.
Río Grande.- La crisis de la industria textil fueguina atraviesa uno de sus momentos más delicados desde la consolidación del subrégimen industrial en la provincia. Así lo expresó el presidente de CAFIN, Alberto Garófalo, quien trazó un panorama devastador para un sector que no sólo enfrenta una fuerte caída de la demanda interna, sino además una competencia que calificó prácticamente como imposible frente a la apertura de importaciones y el ingreso masivo de productos asiáticos.
En declaraciones al programa ‘Buscando el Equilibrio’ por Radio Provincia, Garófalo sostuvo que las textiles atraviesan “un escenario general que es de un mercado que no responde, una caída de la demanda”, y remarcó que esa situación “tiñe todo el panorama, incluso más allá de los problemas específicos que afectan al sector”.
El dirigente industrial explicó que “las textiles fueguinas tienen una característica particular, salvo las confeccionistas dedicadas a blanco y mantelería, la mayoría no produce artículos terminados, sino que abastece con tejidos y fibras a otras cadenas productivas radicadas en el continente”.
Sin embargo, señaló que “el impacto de la caída del consumo y de la apertura importadora golpea a todos por igual”.
“En el caso de las confeccionistas sí se enfrentan a productos de importación, China, Pakistán, que realmente llegan a unos precios que a nuestros asociados les hacen sospechar que, más allá de la apertura, aquí hay subfacturación”, denunció.
Garófalo remarcó que “los aranceles todavía existen, pero aun así los productos extranjeros llegan al mercado con valores imposibles de igualar para la industria local”.
“Si estando en Tierra del Fuego no podés competir con esos precios, algo está pasando”, advirtió.
Según explicó, las denuncias por presunta subfacturación se realizan de manera constante, aunque hasta el momento no se modificó el escenario.
“Este tipo de denuncias se hacen en forma constante, diría yo, pero siguen entrando”, señaló.
El titular de CAFIN aseguró que “basta recorrer los comercios que se abastecen con productos orientales para observar precios que generan alarma en la industria local”.
“Uno lo ve en aquellos locales que se abastecen de Oriente con precios que realmente llaman mucho la atención”, sostuvo.
Incluso ejemplificó que hoy pueden encontrarse juegos de sábanas con valores “40 por ciento abajo de lo que era un precio normal de mercado”, algo que “consideró incompatible con los costos reales de producción y comercialización”.
Lejos de la vieja idea de que la mercadería china implica necesariamente baja calidad, Garófalo advirtió que “actualmente ingresan productos elaborados con estándares altos y marcas reconocidas”.
“Están llegando de China productos de calidad, con marcas reconocidas que fabrican en China y tienen controles importantes”, afirmó.
En ese contexto, indicó que “la competencia se vuelve todavía más desigual porque países como Pakistán operan con costos laborales extremadamente bajos”.
“Pakistán tiene hasta trabajo semi esclavo, y contra eso es muy difícil competir”, expresó. A eso sumó que en algunos casos China “subvenciona sus exportaciones”, profundizando aún más la asimetría.
Pero el problema no termina en las importaciones. Garófalo también apuntó a la caída del poder adquisitivo y al derrumbe del consumo interno como otro de los factores centrales que explican la crisis.
“Hay una caída en el mercado por un conjunto de factores que hace que producir para tener stock no tenga mucho sentido”, explicó, y agregó que esa situación “se está viendo en las cifras de producción y en las cifras de empleo de Tierra del Fuego y en todas las ramas”.
En ese sentido, sostuvo que “la pérdida de capacidad de compra de los salarios obliga a las familias a seleccionar qué consumen y qué dejan de consumir”.
“La caída del poder adquisitivo hace que la gente tenga que elegir en qué gastar y, por lo tanto, hay cosas que quedan de lado”, analizó.
Como ejemplo del freno generalizado del consumo, mencionó incluso a la industria electrónica fueguina.
“Estamos en vísperas de un mundial y por primera vez no mueve la aguja”, afirmó.
Consultado sobre la presión tributaria, Garófalo aclaró que “las industrias radicadas en Tierra del Fuego cuentan con beneficios importantes a nivel nacional, aunque sí cuestionó los impuestos provinciales y el efecto acumulativo de la cadena comercial”.
“En Tierra del Fuego no nos podemos quejar de impuestos más allá de los locales”, reconoció.
Sin embargo, apuntó contra Ingresos Brutos, al que calificó como “un impuesto distorsivo que transforma la ecuación económica en forma perjudicial”.
Además, lamentó que la provincia no tenga una estructura exportadora capaz de abrir nuevos mercados para compensar la caída interna y al respecto explicó que “Tierra del Fuego no tiene una estructura que aliente la exportación al exterior, así que por ese lado tampoco vemos una vía para nuestra industria”, indicó.
Las cifras que expuso durante la entrevista reflejan el derrumbe del sector textil fueguino. Según detalló, actualmente quedan apenas 245 trabajadores en actividad, cuando en el inicio de la crisis había más de 900 empleados.
“Cuando empezó todo esto estábamos en 900, caímos rápidamente a 600 o 650 y con lo que sucedió con las textiles que quedaron afuera y otras que se fueron solas, hoy quedan 245 trabajadores”, afirmó.
La caída también se refleja en la cantidad de empresas que continúan produciendo en la provincia, “de las 11 textiles que había, hoy quedan 4”, precisó.
Garófalo también se refirió al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), al considerar que puede transformarse en una herramienta positiva para atraer proyectos vinculados principalmente al sector energético, aunque aclaró que eso no compensará la destrucción de empleo industrial.
“Seguramente va a venir a alentar algún proyecto, imagino cercano al sector de energía, algo vinculado al procesamiento de gas, que es donde somos competitivos”, señaló.
No obstante, aclaró que “no va a venir a reemplazar la mano de obra que está quedando afuera de la industria”, aunque reconoció que Tierra del Fuego “tiene que recomponer de alguna manera su actividad productiva”.
Para el presidente de CAFIN, uno de los principales atractivos del RIGI es la previsibilidad porque “da una seguridad jurídica por 30 años y no la situación que tenemos ahora, donde había un decreto y nos modifican todo de un día para el otro”, cuestionó.
En ese marco, recordó que durante la gestión nacional anterior las textiles fueron particularmente perjudicadas frente a otros sectores industriales, para lo que sostuvo que “perjudicaron a las textiles y les dieron más oxígeno a las electrónicas”, sostuvo.
Sin embargo, el tramo más duro de la entrevista llegó cuando analizó el futuro inmediato de la industria textil fueguina y la incertidumbre que rodea a los beneficios promocionales.
Garófalo recordó que desde enero de 2025 debía comenzar una reducción gradual de beneficios a razón de “2,3 anual”, aunque finalmente lo único que ocurrió fue la “imposición de cupos que nunca terminaron de consolidarse jurídicamente”.
“Lo único que tuvimos durante la gestión de un subsecretario nacional anterior fue la imposición de un cupo que luego nadie se animó a avanzar porque no tiene base sustentable”, afirmó.
Para el dirigente empresarial, detrás de esa indefinición existe una estrategia deliberada porque “da la sensación de que acá hay una política de hacer que se cansen y que se vayan solas”, disparó.
El empresario cuestionó que, pese al paso del tiempo, todavía “no exista una reglamentación clara sobre cómo debían transitar las empresas el período comprendido entre 2023 y 2028”.
“Estamos ya en 2026 y esto sigue sin aclararse”, remarcó.
La consecuencia directa de esa incertidumbre es que “las pocas empresas que sobreviven trabajan en condiciones extremadamente frágiles, incluso reveló que una de las cuatro textiles activas continúa operando gracias a medidas cautelares judiciales”.
“Entre las cuatro trabajando, hay una que lo hace con cautelares, el día que no lo tenga cautelado, no va a poder seguir adelante”, alertó.
Finalmente, Garófalo sostuvo que el futuro del sector dependerá no sólo de una eventual recuperación del mercado interno, sino también de que el Gobierno nacional defina de una vez el marco promocional bajo el cual deberán desenvolverse las industrias fueguinas.
“Si no resolvemos esta parte, no hay mucho escenario en el cual se puedan desarrollar en un futuro cuando el mercado repunte”, concluyó.

