El abogado laboralista alertó que la IA ya reemplaza tareas humanas en sectores administrativos, redacciones y trabajos rutinarios. Citó un informe de la OIT que estima que 1 de cada 4 empleos podría verse afectado y cuestionó la ausencia de regulación en Argentina al marcar que “discutimos qué puede hacer la inteligencia artificial, pero no qué derechos van a tener los trabajadores frente a esa transformación”.
Río Grande.- La irrupción acelerada de la inteligencia artificial en la vida cotidiana y en el mundo laboral ya dejó de ser una hipótesis futurista para convertirse en una realidad concreta. Lo que hasta hace pocos años parecía reservado a laboratorios tecnológicos o grandes empresas multinacionales, hoy forma parte de las herramientas diarias de millones de personas y comienza a transformar de manera profunda las relaciones de trabajo, la productividad y la organización laboral.
Sobre este escenario se refirió el abogado especialista en derecho laboral y docente universitario, Dr. Santiago Sain, durante una entrevista brindada a FM Del Pueblo, donde planteó fuertes advertencias sobre el impacto que la inteligencia artificial ya está teniendo en el mercado laboral, especialmente en tareas administrativas, rutinarias y estructuradas, al tiempo que reclamó una discusión urgente sobre regulación, protección de derechos y reconversión laboral.
“Es algo sobre lo que se habla poco, pero su impacto se viene notando cada vez más”, sostuvo Sain, remarcando que la inteligencia artificial “ha dejado de ser algo que ocurre en un laboratorio o en una computadora de una empresa” y que hoy “la tenemos en el celular”.
En ese sentido, explicó que la llamada inteligencia artificial generativa ya se encuentra integrada en “numerosas actividades cotidianas, uno le hace una pregunta o le da una consigna y el sistema puede redactar un texto, resumir un libro, traducir un documento, generar una imagen o incluso escribir un código informático en cuestión de segundos”, describió.
El especialista remarcó que “el verdadero debate aparece cuando esta tecnología se traslada al ámbito laboral y modifica tareas que anteriormente requerían horas de trabajo humano”.
“Si una tarea requería una o más horas de trabajo humano, hoy puede realizarse en pocos segundos con ayuda de esta herramienta, entonces la pregunta es qué va a pasar con los puestos de trabajo, cómo impacta eso en el empleo y en los salarios”, advirtió.
Para Sain, el problema ya no es futuro sino presente, dado que “la inteligencia artificial no es algo que nos esté golpeando la puerta del mundo laboral, sino que ya se ha sentado en muchas oficinas”, afirmó.
A partir de allí, sostuvo que “la discusión central debe pasar por establecer reglas claras para evitar que el progreso tecnológico termine beneficiando únicamente a las empresas y profundizando desigualdades”.
“La discusión consiste en determinar cómo vivimos esta realidad y qué reglas necesitamos para que el progreso tecnológico también beneficie a los trabajadores y no solamente a los empresarios”, manifestó.
El abogado laboralista citó un informe elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), organismo que analizó cerca de 30 mil tareas laborales individuales alrededor del mundo para medir el impacto potencial de la inteligencia artificial.
“Lo que plantea la OIT es que la inteligencia artificial debe poner en el centro a la persona y no ampliar desigualdades”, explicó.
Según detalló, el estudio concluye que “1 de cada 4 empleos a nivel global podría verse afectado por la inteligencia artificial”, especialmente en países con infraestructura tecnológica avanzada y en tareas administrativas o rutinarias.
Aunque aclaró que esto no implica necesariamente la desaparición total de puestos laborales, sí advirtió que “muchas funciones concretas ya comenzaron a ser absorbidas por sistemas automatizados, El mayor impacto se concentra en las tareas más rutinarias y estructuradas, especialmente en funciones administrativas”, señaló.
En esa línea, Sain cuestionó que “gran parte de los gobiernos y sectores empresariales ya no estén discutiendo cómo proteger al trabajador frente a esta transformación, sino simplemente facilitando el avance tecnológico sin regulación”.
“Hoy nuestra legislación laboral no tiene ninguna regulación específica sobre inteligencia artificial”, remarcó.
El abogado explicó que actualmente en Argentina “no existe un derecho reconocido a la reconversión laboral, a la capacitación profesional o al mantenimiento del empleo cuando una empresa incorpora tecnología y modifica puestos de trabajo”.
Tampoco existen mecanismos legales que “obliguen a transparentar el funcionamiento de algoritmos utilizados para tomar decisiones dentro de las empresas, no hay normas que obliguen a informar cómo funcionan los algoritmos cuando estos toman decisiones que pueden afectar a trabajadores”, sostuvo.
En ese punto, planteó interrogantes que consideró centrales para el futuro inmediato del empleo.
“¿Quién controla que un algoritmo no discrimine? ¿Quién verifica que no cometa errores? ¿Cómo puede defenderse un trabajador frente a una decisión tomada por un sistema automatizado?”, preguntó.
Sain sostuvo que “estas discusiones ya forman parte de la agenda en distintos países europeos, particularmente en Francia y en la Unión Europea, donde comenzaron a implementarse mecanismos de transparencia y regulaciones específicas vinculadas a inteligencia artificial”.
“La Unión Europea aprobó reglamentos que establecen niveles de riesgo y mayores exigencias cuando están en juego derechos fundamentales”, explicó.
En contraste, criticó con dureza el nivel de debate político existente en Argentina al manifestar que “acá la inteligencia artificial se utiliza solamente para desprestigiar políticos o crear personajes falsos, no estamos discutiendo cómo elaborar una ley para proteger derechos”, cuestionó.
No obstante, aclaró que “el objetivo no debe ser frenar el avance tecnológico, teniendo en cuenta que todos estamos de acuerdo en que la inteligencia artificial puede aumentar la productividad y mejorar procesos, el desafío consiste en que esos beneficios lleguen también a los trabajadores”, indicó.
Uno de los puntos más preocupantes expuestos durante la entrevista tuvo que ver con el impacto que ya comienza a sentirse en medios de comunicación y áreas administrativas y sobre eso, Sain explicó que justamente las tareas “más rutinarias y mecanizadas” son las que tienen mayor nivel de exposición.
“Las actividades administrativas, previsibles, estructuradas y repetitivas pueden ser absorbidas casi por completo por sistemas de inteligencia artificial”, sostuvo.
Y detalló algunos ejemplos concretos como “carga de datos, digitalización de documentos, respuestas automatizadas, tareas de asistencia y organización administrativa”.
“Los algoritmos procesan esas tareas con una eficacia extraordinaria y una rapidez impresionante”, señaló.
Sin embargo, aclaró que “todavía existen trabajos donde el componente humano sigue siendo central y donde la inteligencia artificial tiene menor capacidad de reemplazo”, dijo, al tiempo que agregó que ubicó dentro de esa categoría a la “docencia, la mediación de conflictos, el trabajo de campo, las evaluaciones psicológicas y muchas tareas vinculadas al análisis humano o al juicio profesional”.
“La inteligencia artificial todavía comete muchos errores y yo mismo la utilizo como herramienta de apoyo, pero uno ve que el sistema alucina o se equivoca”, reconoció.
Otro de los aspectos que destacó el abogado laboralista es el impacto diferencial que podría tener la automatización sobre determinados sectores y particularmente sobre las mujeres, para lo cual, Sain explicó que “muchas tareas históricamente asignadas al trabajo femenino son justamente aquellas con mayor exposición al reemplazo tecnológico como son las funciones administrativas, la atención al público, las tareas de asistencia y trabajos de oficina han sido históricamente ocupados por mujeres”, sostuvo.
Y agregó que “muchas de esas tareas ya están siendo prácticamente asumidas por la inteligencia artificial”.
En ese contexto, mencionó que países como “Estados Unidos, Canadá o Alemania ya presentan niveles de impacto cercanos al 42% de la población ocupada”.
En cuanto a la situación argentina, el especialista consideró que el problema adquiere características particulares debido al “alto nivel de informalidad laboral existente, prácticamente la mitad de los trabajadores argentinos trabaja en la informalidad”, advirtió.
Por eso, planteó una incógnita aún más compleja que es “determinar qué parte de ese empleo informal también podría ser sustituido por sistemas automatizados”.
“Necesitamos un diagnóstico local y rápidamente legislar porque hoy no tenemos una normativa que regule la automatización de tareas ni que garantice derechos frente a esta cuarta revolución industrial”, alertó.
Finalmente, Sain insistió en que el desafío no pasa únicamente por incorporar tecnología sino por definir de qué manera se distribuyen sus beneficios y cómo se protege a los trabajadores en medio de una transformación que avanza a gran velocidad.
Por último, sostuvo que “la inteligencia artificial ya está abriendo paso en el mercado laboral y el problema es que muchas veces la discusión llega tarde, por eso es urgente empezar a debatir reglas claras, capacitación, transparencia y protección laboral”, concluyó.

