La historia desconocida del Saint Christopher que rescata Julio Lovece en su libro

En “De la guerra a la memoria, la verdadera historia del Saint Christopher”, el investigador reconstruye el derrotero de un remolcador que nació para la Segunda Guerra Mundial, participó de las operaciones vinculadas al desembarco de Normandía, atravesó el Mediterráneo, África y el mar del Norte como embarcación mercante y terminó en Ushuaia, donde fue utilizado en el frustrado intento de reflotar al Monte Cervantes. Más de siete décadas después, convertido en parte del paisaje de la capital fueguina y patrimonio del Estado nacional, su historia vuelve a emerger de archivos de Estados Unidos, el Reino Unido y testimonios de antiguos pobladores.

Ushuaia.- El Saint Christopher forma parte desde hace décadas de la postal de Ushuaia. Para miles de turistas y residentes es una presencia cotidiana en la bahía, un viejo remolcador que quedó varado, inmóvil, convertido con el paso del tiempo en una referencia inconfundible del paisaje de la ciudad más austral. Sin embargo, detrás de esa imagen aparentemente conocida existe una historia mucho más extensa, compleja y sorprendente.

Esa historia es la que Julio Lovece decidió reconstruir en su nuevo libro, “De la guerra a la memoria, la verdadera historia del Saint Christopher”, una investigación que demandó un año de trabajo y que lo llevó a consultar documentación histórica en Estados Unidos y el Reino Unido, además de recuperar testimonios y expedientes vinculados con la llegada del barco a Ushuaia.

En una entrevista con el programa “Buscando el Equilibrio”, por Radio Provincia, Lovece explicó que “el libro nació de su trabajo de recuperación histórica sobre la zona sur de Tierra del Fuego y, particularmente, de su interés por la historia de Ushuaia y del Canal Beagle”.

“Hace un par de días llegó el tan ansiado libro, con el que vine trabajando hace un año, y por suerte encontré aquí un padrino que lo editó. El libro ya está a la venta”, contó.

La investigación se concentró en la historia del “Saint Christopher, que es este viejo remolcador que está en la bahía de Ushuaia hace más de 70 años, y que se conocía muy poco la historia”, señaló.

Lovece comenzó entonces a seguir las huellas del barco mucho antes de su llegada a Tierra del Fuego. Para reconstruir ese recorrido tuvo que salir de los archivos y relatos locales y buscar documentación en el exterior.

“He estado trabajando en la investigación del barco, con información que hemos conseguido en el archivo histórico de Estados Unidos, en el archivo histórico del Reino Unido, en la localidad de Camden, que es un pueblito que está al noreste de Estados Unidos, como yendo hacia la frontera canadiense”, detalló y mencionó que “allí funcionaba uno de los astilleros que construyeron los barcos de la serie a la que pertenecía el Saint Christopher, porque en realidad fueron varios barcos que construyeron así, gemelos del Saint Christopher”, explicó.

El barco fue construido en Camden en 1943 y su nacimiento estuvo directamente relacionado con la guerra. No fue diseñado como una embarcación destinada al comercio ni como un remolcador que circunstancialmente terminó participando de operaciones militares, fue “construido para la guerra”.

La trayectoria bélica comenzó prácticamente inmediatamente después de su puesta en servicio. Una vez finalizado el período de pruebas, en 1944, apenas unos meses después de haber sido botado, fue enviado al “Reino Unido junto con otros tres barcos idénticos, en comisión, para operar en el teatro de operaciones del desembarco de Normandía”, relató.

Ese dato, para Lovece, es uno de los elementos centrales de la investigación porque el “Saint Christopher no fue simplemente un barco que alguna vez perteneció a una flota militar, estuvo involucrado en el escenario de una de las operaciones militares decisivas de la Segunda Guerra Mundial, es un barco que tiene una historia muy rica”, sostuvo.

Y precisamente esa riqueza histórica fue uno de los motivos que impulsaron al investigador a profundizar en un pasado que, hasta entonces, permanecía prácticamente oculto detrás de la imagen del viejo barco oxidado de la bahía, por lo cual, “ha sido una satisfacción poder conseguir tanta información”, reconoció.

 

Una historia que va mucho más allá de la postal de Ushuaia

 

Para Lovece, el Saint Christopher terminó convirtiéndose en una especie de hito histórico de la ciudad, dado que “el barco se ha conformado, se ha transformado de alguna manera en una especie de hito histórico, formando parte del paisaje, donde turistas y residentes se sacan fotos”, describió.

Pero precisamente esa familiaridad también había contribuido a que su “historia profunda quedara relegada, la intención era conocer en detalle cómo fue construido, para qué fue construido”, explicó.

La investigación permitió recuperar información sobre sus actividades durante la “Segunda Guerra Mundial e incluso sobre lo que ocurrió inmediatamente después de terminado el conflicto”, señaló.

Lovece insistió en que el Saint Christopher es mucho más que “el símbolo que hoy representa en Ushuaia, es un barco que tiene, más allá de lo simbólico, una historia muy rica”, afirmó.

Y agregó que “ni siquiera yo, nadie sabía en detalle mucho de los capítulos que representa este barco en la historia en la Segunda Guerra Mundial”.

La explicación de esa falta de información aparece también en las características mismas del barco, dado que, el Saint Christopher “no era uno de los grandes protagonistas de las batallas navales, era un remolcador, una embarcación auxiliar, y por eso su presencia quedó muchas veces invisibilizada en los registros históricos más conocidos, pero la realidad, según la investigación, es otra, “es un barco que fue construido para la guerra”.

 

Justice, W-140 y finalmente Saint Christopher

 

Uno de los desafíos más importantes de la investigación fue seguir la identidad del barco a lo largo de las distintas etapas de su existencia.

Lovece explicó que el nombre Saint Christopher no corresponde al período de la Segunda Guerra Mundial sino que “es posterior a la guerra”, indicó.

Cuando fue construido, el barco se llamaba “Justice, Justicia, en inglés, y llevaba la denominación ATR-20, que era la denominación que le habían dado cuando lo botaron al mar”, explicó.

Durante la guerra, la embarcación cambió nuevamente de identificación y la “denominación por W-140”, detalló.

Posteriormente, cuando fue dado de baja y devuelto a Estados Unidos, recuperó su “denominación original” y fue recién después cuando “lo compra este norteamericano, le impone el nombre de Saint Christopher”, relató Lovece.

Reconstruir ese recorrido implicó seguir documentación “dispersa y superar una dificultad fundamental, las fuentes históricas de la guerra suelen concentrarse en los grandes barcos y en las grandes operaciones y el problema que teníamos cuando empezamos a investigar en profundidad la historia del barco es que el barco no era un barco de guerra, era un barco remolcador”, explicó.

“La historia, cuando uno empieza a escarbar en la historia de la guerra, se cuenta la historia de los barcos de guerra, de los grandes barcos de guerra”, señaló.

Los remolcadores y otras embarcaciones auxiliares, en cambio, aparecen “penas mencionados, no así de aquellos pequeños barcos que los auxiliaban cuando estos barcos eran torpedeados o incendiados por alguna bomba alemana”, explicó.

Por eso, incluso cuando un documento menciona una acción en la que intervino un “remolcador, muchas veces ni siquiera identifica su nombre”.

 

De la guerra al Mediterráneo, África y el mar del Norte

 

Terminada la guerra, la historia del barco no terminó. El Saint Christopher, aunque todavía no llevaba ese nombre, atravesó una nueva etapa como embarcación mercante, donde Lovece reconstruyó parte de ese período gracias a la documentación internacional y, especialmente, a una entrevista realizada años atrás a “Pedro Simoncini, hijo de Leopoldo Simoncini, el empresario italiano que finalmente lo llevaría a la Argentina”.

El barco estuvo trabajando en las proximidades del “Mediterráneo y en las costas de África, además de navegar por otras zonas, como barquito mercante, como propiedad de un norteamericano, un tal George Butchelder, que lo había comprado como rezago de guerra”, explicó.

La trayectoria también incluyó operaciones en el mar del Norte y según Lovece, el testimonio de Pedro Simoncini permitió conocer “detalles de esa etapa posterior a la guerra y entender cómo la embarcación terminó finalmente vinculada con Tierra del Fuego”.

 

Un capitán alemán y el camino hacia Ushuaia

 

La llegada del barco a la Argentina tuvo como protagonista a Leopoldo Simoncini, empresario que estaba interesado en adquirir un remolcador para utilizarlo en el proyecto de reflotamiento del Monte Cervantes.

Lovece ubicó la llegada del Saint Christopher a Ushuaia entre “1949 y 1950 que es cuando lo compra Simoncini y lo trae para Ushuaia”, explicó.

Pero entre Simoncini y el barco apareció otra figura clave que fue el “capitán alemán llamado Kurt Lerch, quien conocía la existencia de la embarcación en el puerto de Génova”, relató.

Según explicó Lovece, Lerch sabía que “había un empresario argentino que estaba interesado en comprar un remolcador. Entonces, le avisa que había un remolcador en el puerto de Génova, que estaba allí, con muy poco movimiento”, señaló.

Fue así como se produjo la operación de “compra y posterior traslado para Ushuaia”, resumió.

 

El Monte Cervantes y el fracaso que dejó al Saint Christopher en Ushuaia

 

Una vez en Tierra del Fuego, el Saint Christopher comenzó a trabajar en distintas tareas, aunque su destino estuvo fuertemente ligado al ambicioso proyecto de reflotamiento del Monte Cervantes.

Entre 1951 y 1954 participó de los trabajos vinculados con ese “proyecto, haciendo distintas tareas y mucho en ese proyecto de reflotamiento que termina en el fracaso en el año 1954”, recordó Lovece.

El Monte Cervantes era un barco de pasajeros que había naufragado en 1930, a la salida de la bahía de Ushuaia, con unas 1.500 personas a bordo, donde “el casco del Monte Cervantes estaba ahí vuelta a campana, se asomaba parte del casco cerca del faro de Les Eclaireurs”, relató.

“Cuando lo destraban, que logran sellarlo todo y lo empiezan a mover para traerlo para la costa hacia la desembocadura del Olivia y ya cerca del casco histórico de la ciudad, se les vuelve a hundir ya en un sector más profundo”, explicó.

El fracaso del proyecto tuvo consecuencias “económicas decisivas, la empresa termina teniendo un problema financiero muy grande, presenta la quiebra”, señaló Lovece.

Como consecuencia, el Saint Christopher quedó “embargado por el Estado argentino, precisamente por el Banco Industrial, que era el que estaba financiando todo el proyecto, y queda acá un poco abandonado”, explicó.

 

El último intento de sacarlo de Ushuaia

 

Hubo un intento posterior de llevar el barco hacia Buenos Aires. Sin embargo, el traslado fracasó y terminó sellando, en la práctica, el destino del remolcador en Ushuaia, dado que 

“cuando están saliendo a la altura de Túnel, se le rompe el timón al barco”, relató.

La solución fue “tan artesanal como inevitable en aquellas circunstancias, lo reparan con unos troncos de lenga, y lo regresan al puerto de Ushuaia”, contó.

Después de ese episodio, el barco quedó definitivamente abandonado en la “ciudad”.

Ese abandono terminaría transformando al Saint Christopher en algo mucho más importante que un remolcador fuera de servicio, un elemento inseparable de la identidad visual e histórica de Ushuaia.

 

Un patrimonio nacional bajo custodia de Prefectura

 

Lovece aclaró que se trata de un “bien del Estado nacional, por lo cual, es patrimonio del Estado nacional”, afirmó, siendo que “la custodia está a cargo de la Prefectura Naval Argentina, precisamente por tratarse de un elemento patrimonial perteneciente al Estado nacional”.

Así, el remolcador que había nacido para la guerra, que había cruzado el Atlántico y navegado por distintos escenarios internacionales, terminó incorporado al patrimonio nacional y convertido en una pieza histórica de Ushuaia.

 

“Esto merece una historia aparte”

 

La pregunta inevitable fue cómo surgió la decisión de transformar toda esa investigación en un libro y al respecto Lovece explicó que “forma parte de un trabajo más amplio de recuperación histórica de la zona sur de Tierra del Fuego”.

Incluso estableció un límite geográfico para su trabajo, graficando que “siempre he dicho que mi límite es el lago Fagnano”, explicó y la razón tiene que ver con el reconocimiento hacia una “figura central de la historia fueguina como es Domingo “Mingo” Gutiérrez, donde siempre he entendido que en la zona norte había y todavía perdura la presencia de un señor a quien he querido mucho y respeto mucho, que es Mingo Gutiérrez”, sostuvo.

Lovece explicó que por esa razón evitó involucrarse en aquellos aspectos históricos que, a su criterio, “Gutiérrez había abordado mucho mejor, ya no lo tenemos más, pero son las personas que, de alguna manera, siempre están presentes”, reflexionó Lovece.

Y agregó que esa presencia permanece “con el trabajo que han hecho, con la historia que han recopilado”.

Por lo cual, “yo me he dedicado a investigar todo lo que tiene que ver con la parte sur o la zona del Canal Beagle y la historia de Ushuaia”, indicó.

Fue precisamente entonces “cuando llegué al sitio donde está ubicado el Saint Christopher, que empecé a encontrar material, información, que ahí es cuando nace la idea”, relató.

La conclusión fue inmediata, “dije, esto merece una historia aparte, esto merece un libro aparte y así nació “De la guerra a la memoria, la verdadera historia del Saint Christopher”, concluyó.