Garófalo reclama respuestas urgentes a Nación

El titular de la Cámara Fueguina de la Industria Nacional (CAFIN), Alberto Garófalo, trazó un duro diagnóstico sobre la crisis del sector textil y advirtió que el empleo se desplomó de 980 trabajadores a unos 290. Señaló que la actividad enfrenta una “doble Nelson” por la caída de la demanda y el avance de las importaciones, a lo que se suma la incertidumbre generada por la falta de reglamentación del Decreto 594. Reclamó una definición urgente de Nación y sostuvo que, si se pretende reconvertir la industria, debe hacerse con las empresas adentro y mediante un proceso planificado que permita preservar los puestos de trabajo.

Río Grande.-  La industria textil de Tierra del Fuego atraviesa uno de los escenarios más complejos de los últimos años, con una fuerte reducción de empresas, empleo y niveles de actividad. El titular de la Cámara Fueguina de la Industria Nacional (CAFIN), Alberto Garófalo, expuso la profundidad de la crisis durante una entrevista con el programa Buscando el Equilibrio, por Radio Provincia, y confirmó que de las 11 fábricas textiles que llegaron a funcionar en la provincia actualmente quedan apenas cuatro en actividad, con una dotación de trabajadores que cayó de 980 a alrededor de 290.

Garófalo resumió el escenario como una “combinación de factores que golpean simultáneamente a la actividad, la cual, sigue siendo muy preocupante y la caída de la actividad es evidente”, sostuvo, para luego describir lo que definió como una “doble Nelson” que está castigando al sector.

“Por un lado, algo que es general a toda la industria textil, no solo la fueguina, que es la caída de la demanda y la competencia de productos de importación”, explicó. 

En ese sentido, apuntó especialmente contra el “ingreso de productos mediante aplicaciones y las facilidades existentes para este tipo de operaciones, en un contexto en el que el mercado interno no logra recuperar su nivel de consumo”.

La consecuencia, según describió, es que “las empresas pueden llegar a producir para stock, pero encuentran serias dificultades para colocar la mercadería, se puede trabajar para stock, porque la demanda está muy caída”, señaló.

A este problema general de la industria textil argentina se agrega, de acuerdo con el titular de CAFIN, una situación específica de Tierra del Fuego que tiene que ver con la incertidumbre respecto del marco regulatorio.

Garófalo cuestionó particularmente la falta de una reglamentación clara del Decreto 594 y recordó que, en su momento, desde “Nación se intentó avanzar mediante dictámenes que, según su interpretación, no se ajustaban al decreto, creo que esto fue reconocido porque no siguió avanzando ARCA con sus pretensiones, pero tampoco han hecho nada más”, afirmó, al tiempo que agregó que “el reclamo por una reglamentación que permita despejar las dudas sobre el futuro de las empresas textiles se mantiene, según explicó, sin respuestas concretas, o sea, nosotros venimos reclamando esa reglamentación sin éxito por ahora”, sostuvo, al tiempo que remarcó que esa definición es fundamental “para que las que aún tienen voluntad de seguir trabajando puedan hacerlo”.

 

De 980 trabajadores a unos 290

 

La dimensión de la crisis queda reflejada especialmente en la pérdida de puestos de trabajo. Garófalo recordó que “en un momento en que la actividad funcionaba normalmente, entre empresas confeccionistas y textiles propiamente dichas, el sector llegó a contar con unos 980 trabajadores ocupados, pero actualmente, esa cifra se redujo a alrededor de 290 trabajadores y dentro de ese número, además, se encuentra comprometida la situación de Sueño Fueguino, que representa aproximadamente 60 trabajadores”.

El derrumbe del empleo se produjo en paralelo con la reducción de establecimientos, donde “Tierra del Fuego llegó a tener 11 textiles y actualmente están cuatro trabajando”, con Sueño Fueguino como un caso adicional cuya situación había quedado en evaluación luego de los últimos acontecimientos.

Puntualizó que “hoy la actividad que permanece se concentra fundamentalmente en la producción de tejido y, en el caso de las confeccionistas, en la fabricación de sábanas y acolchados destinados al mercado continental, básicamente, tejido, y las confeccionistas sábanas y acolchados”, detalló Garófalo.

En este escenario, manifestó que “las empresas confeccionistas aparecen como las más afectadas por la competencia externa, mientras que la producción de tejidos mantiene un nivel de actividad relativamente más estable”.

 

Importaciones y caída del consumo

 

El dirigente industrial ubicó a las importaciones entre los principales factores que están profundizando la crisis. Consultado sobre el origen de la competencia externa, mencionó particularmente a “China, desde ya es una marea, lo que sea, de China, pero en tejido también está Pakistán, como un importante origen de estos productos”, sostuvo.

Sin embargo, Garófalo remarcó que “el problema no puede reducirse exclusivamente al ingreso de productos importados, dado que la caída del consumo constituye, a su criterio, otro de los grandes obstáculos que enfrenta la industria”.

Asimismo, sostuvo que “la combinación de menor demanda y mayor oferta importada está generando, incluso, un problema de acumulación de mercadería, dado que hay importadores que se han jugado todo a traer mercadería y hoy tienen los depósitos llenos y no la pueden vender”, explicó.

En ese sentido, aclaró que “la problemática excede ampliamente al sector textil, hoy es algo que es transversal a todos los sectores en Tierra del Fuego, no es un problema solo de la textil”.

 

Una reglamentación que no llega

 

Uno de los principales reclamos planteados por Garófalo volvió a ser la reglamentación del Decreto 594. Según explicó, el sector mantiene un “diálogo permanente con el Gobierno provincial, comparte el diagnóstico y realizó propuestas que fueron receptadas por la provincia”.

Sin embargo, sostuvo que “esas propuestas no encuentran respuesta en el ámbito nacional, por el momento, no tenemos un interlocutor que escuche estos pedidos”, afirmó.

Para Garófalo, la ausencia de una definición nacional profundiza la “incertidumbre de las empresas que todavía intentan sostener la actividad”.

La situación adquiere mayor gravedad por el plazo de vigencia con el que cuentan las textiles, donde, el dirigente recordó que “a las textiles solo le dieron cinco años de prórroga. No 15 como el resto, y esos cinco años empezaron a correr el 1º de enero del 2024”, remarcó.

Por ese motivo, la falta de reglamentación no aparece solamente como un problema administrativo, sino como un “factor que condiciona directamente las decisiones empresariales sobre continuidad, inversión y producción, es un riesgo enorme trabajar en esa condición”.

Garófalo explicó que “algunas empresas que lograron obtener la prórroga actualmente tampoco están operando, dado que la incertidumbre normativa convierte la continuidad productiva en una decisión de alto riesgo, hay empresas que han conseguido la prórroga y hoy no están operando”, indicó.

Y agregó que “mientras no aparezca la famosa reglamentación que estamos reclamando, es un riesgo enorme trabajar en esa condición”.

Consultado sobre cuánto tiempo podría demandar la aparición de esa reglamentación, reconoció que “no existe un plazo establecido”.

Según explicó, desde “CAFIN han mantenido conversaciones con distintos sectores de la Secretaría de Industria de Nación, pero la resolución depende de que se emita una nueva norma que permita aclarar la situación y lamentablemente no hay plazos”, sostuvo Garófalo. 

Y precisó que la explicación recibida apunta a que “depende la Secretaría de Industria de la Nación” emitir “una nueva resolución y que aclare el tema” que está a cargo del secretario de Comercio, Pablo Lavigne.

 

Una reconversión, pero con las empresas adentro

 

Frente al achicamiento de la actividad y la pérdida de puestos de trabajo, uno de los conceptos que aparece recurrentemente es el de la reconversión productiva. 

Garófalo planteó que “la reconversión puede ser una alternativa”, pero cuestionó que “se pretenda concretarla de manera rápida o sin una planificación que contemple la permanencia de las empresas”.

“Hay ejemplos a nivel internacional que, frente a la competencia china, que se sufre por igual aún en países desarrollados, han tenido proceso de reconversión, han buscado nicho de mercado, han sido exitosos”, explicó.

Mencionó como ejemplos a “Corea, Turquía e Italia, pero puso el foco en los tiempos necesarios para concretar esos procesos, son procesos de reconversión que tardaron, como mínimo, 15 años en tener éxito”, afirmó.

En el contexto fueguino, consideró que “esos plazos parecen prácticamente imposibles bajo las actuales condiciones, esos plazos para nosotros es ciencia ficción”, expresó.

El problema, según explicó, es que “muchas veces se parte de la idea de que los trabajadores que pierden sus puestos en una actividad pueden ser absorbidos rápidamente por otros sectores que atraviesan una situación más favorable, especialmente aquellos vinculados a actividades con posibilidades de exportación, pero esa transferencia no ocurre automáticamente”, advirtió.

Por eso, desde CAFIN sostienen que “si la idea es que esa industria debe reconvertirse, vamos a discutirlo seriamente y veamos hacia dónde vamos con las empresas adentro, que es la forma de garantizar que los puestos de trabajo continúen”, planteó.

Según afirmó, esa postura todavía “no tiene eco”.

 

Un sector que espera y resiste

 

A pesar del panorama adverso, Garófalo aseguró que “las empresas que continúan trabajando mantienen la intención de resistir, en el caso de las tejedurías, explicó que la actividad se sostiene porque utilizan, en su gran mayoría, materias primas que no se fabrican en el país, en tejedurías se está trabajando normalmente”, afirmó.

“Se siguen colocando en el mercado con la baja lógica que tiene la demanda, que no reacciona, pero se sigue trabajando y con intenciones de resistir y esperar tiempos mejores”, sostuvo.

Garófalo también señaló que los empresarios del sector atraviesan estados de ánimo diferentes, donde “algunos tienen ganas de seguir luchando y otros, decepción”, resumió.

“Tenemos aquellos que la pelean y que tienen intenciones de seguir dando esa pelea”, indicó, y manifestó su expectativa de que, si las empresas que continúan activas logran atravesar la crisis, puedan impulsar también a aquellas que hoy tienen sus fábricas paralizadas.

Garófalo también aclaró que “si bien algunos propietarios de empresas textiles fueguinas tienen actividades fuera de la provincia, se trata de una minoría”.

El desafío, según la mirada de Garófalo, no pasa solamente por evitar nuevos cierres, sino por definir qué industria se pretende conservar y cómo avanzar hacia una eventual reconversión sin profundizar la destrucción del empleo.

 “Si la idea es que esa industria debe reconvertirse, vamos a discutirlo seriamente y veamos hacia dónde vamos con las empresas adentro”, concluyó.