El titular de la Cámara Fueguina de la Industria Nacional (CAFIN), Alberto Garófalo, advirtió que la industria textil atraviesa una combinación de caída del consumo, aumento de las importaciones, competencia de plataformas asiáticas e incertidumbre regulatoria. Señaló que en Tierra del Fuego la situación se agravó por las restricciones aplicadas al sector, la falta de reglamentación del Decreto 594 y la ausencia de señales concretas para acompañar una reconversión que, según planteó, debería desarrollarse de manera gradual y durante un período de entre 10 y 20 años. Estimó que desde el punto máximo de ocupación se perdieron entre 800 y 850 puestos de trabajo y reclamó preservar la capacidad industrial construida durante cinco décadas. “Problemas en serio, sentémonos, vemos cómo hacemos para reconvertir la industria fueguina, pero sobre bases ciertas, y no dejando un tendal en el camino”, sostuvo.
Río Grande.- La industria textil atraviesa un escenario de fuerte contracción y, para el sector fueguino, la crisis adquiere características particulares que se suman a los problemas generales de la actividad a nivel nacional. Así lo describió Alberto Garófalo, titular de la Cámara Fueguina de la Industria Nacional (CAFIN), quien advirtió que la combinación entre caída del consumo, incremento de la oferta importada, competencia de plataformas internacionales e incertidumbre regulatoria está impactando directamente sobre las empresas y el empleo.
En diálogo con FM Del Pueblo, Garófalo explicó que la situación nacional responde a una combinación de factores que atraviesa a toda la cadena textil. “Por un lado, la caída de consumo. Por otro lado, el incremento de la oferta que viene de importación. La irrupción de estas plataformas que hoy se están llevando, por ejemplo, en confección, ya se calcula que el 40 por ciento del mercado la tienen estas plataformas, las chinas básicamente”, señaló.
Para el dirigente industrial, el resultado de estos factores configura un escenario particularmente complejo para los fabricantes nacionales.
En ese sentido, sostuvo que “también se produjo un cambio significativo en la estructura de precios que llega al consumidor y planteó que la mercadería proveniente del exterior enfrenta a la producción local con una competencia difícil de afrontar”.
“Hoy eso obviamente es imposible de sostener. También hay que reconocer que a los precios que llega la mercadería del exterior es muy difícil llegar”, afirmó.
Garófalo recordó que “durante años uno de los principales cuestionamientos de los consumidores estuvo relacionado con el precio final de las prendas y productos textiles”. Según explicó, desde el sector habían realizado estudios sobre la formación de precios y detectado que los márgenes se incrementaban considerablemente desde que el producto salía de la fábrica hasta que llegaba al comercio.
Sin embargo, consideró que “el escenario actual modificó sustancialmente esa ecuación y a su entender, ya no se trata solamente de una discusión sobre los márgenes comerciales, sino de la dificultad estructural que enfrenta la producción argentina para competir con determinados productos importados”.
Una recuperación que requiere varios factores al mismo tiempo
Para el titular de CAFIN, la recuperación de la industria textil no depende de una única medida, sino de una combinación de condiciones que deberían darse de manera coordinada.
“Se tendrían que dar una serie de factores en forma conjunta que es difícil que suceda todo en el mismo plazo y mucho menos en el corto plazo”, explicó.
Entre esos factores ubicó, en primer lugar, la necesidad de recuperar el poder adquisitivo de los trabajadores para generar una mayor demanda interna. “Una recuperación importante del poder adquisitivo para que la demanda crezca”, planteó.
También consideró necesario avanzar en un incremento de la productividad de toda la cadena textil y establecer mecanismos de protección frente a determinadas prácticas de comercio exterior que, según señaló, “generan condiciones de competencia difíciles para la producción nacional”.
En particular, mencionó la subfacturación de mercaderías importadas y sostuvo que “se necesita algún tipo de protección frente al ingreso de productos en condiciones no muy claras”.
El impacto específico en Tierra del Fuego
La situación de Tierra del Fuego, según Garófalo, tiene además componentes propios que agravaron la crisis del sector textil. El dirigente recordó que las empresas textiles fueronguinas atravesaron un proceso de discriminación respecto de otras actividades productivas y permanecieron durante dos años en una situación de incertidumbre.
“Nos dejaron afuera y estuvimos dos años en el limbo”, afirmó al referirse al tratamiento recibido por el sector.
Posteriormente, explicó, apareció el Decreto 594, que “permitió cierta continuidad de las empresas aunque bajo condiciones y plazos más acotados”.
Sin embargo, la “falta de reglamentación terminó profundizando la incertidumbre”.
“Finalmente, la falta de reglamentación de ese decreto hizo que durante determinado período de las autoridades que estaban en la Secretaría de Industria de la Nación se pretendiera avanzar de una forma bastante desprolija sobre nuestras empresas, exigiendo e interpretando el 594 de una forma realmente insólita”, sostuvo.
Garófalo cuestionó particularmente la interpretación aplicada a las empresas textiles y recordó que “se llegó a pretender aplicar un mecanismo que, según explicó, dejaba a las firmas fuera de carril”.
El problema, afirmó, todavía no está completamente resuelto y al respecto dijo que “nosotros venimos luchando incansablemente porque fue una reglamentación que aclare los términos”, indicó.
La incertidumbre regulatoria se sumó así al deterioro general de la actividad y terminó teniendo consecuencias concretas sobre el entramado productivo fueguino.
“Esta incertidumbre, sumada a todo lo que tratamos antes, hace que las empresas textiles, en Tierra del Fuego, hayan dejado de operar, quedan muy poquitas hoy, y con respecto al punto de máxima ocupación, se hayan perdido alrededor de 800, 850 puestos de trabajo”, precisó.
China, las importaciones y la competencia global
Al analizar las dificultades de la industria argentina para competir, Garófalo puso también el foco en las políticas de subsidios aplicadas por China a determinados sectores productivos.
En ese sentido, planteó que “una eventual estrategia para recuperar la industria debería contemplar mecanismos frente al ingreso de productos que cuentan con fuertes apoyos estatales en sus países de origen”.
“China no es que no le cuesta el producto, simplemente que lo subsidia para venderlo a todo el mundo”, afirmó.
Como ejemplo, mencionó el caso de los vehículos eléctricos y señaló que, según la información que maneja, los “autos eléctricos que están llegando a la Argentina incorporan un subsidio de alrededor de 4.000 dólares por unidad dispuesto por el Gobierno chino ante la caída de las ventas en su mercado interno”.
Garófalo sostuvo que “se trata de una estrategia que China aplica de acuerdo con las necesidades de cada sector”.
“Si un sector está en problemas, no le tiende el pulso a salir a subsidiar”, expresó, aunque reconoció que “este tipo de prácticas se encuentran fuera de las normas de la Organización Mundial de Comercio”.
Productividad, impuestos y costo energético
El titular de CAFIN también planteó que la industria argentina necesita mejorar su productividad y que el debate no puede limitarse exclusivamente a sostener mecanismos de protección.
“La industria en general en Argentina necesita apuntar a una mayor productividad, porque tampoco es razonable que se viva pendiente de una protección arancelaria y someter al consumidor a precios que son disparatados con lo que se consigue en otros países”, señaló.
Pero advirtió que “esa mejora de productividad requiere condiciones económicas que exceden la responsabilidad exclusiva de las empresas. En particular, cuestionó el peso de la carga tributaria argentina”.
“El gobierno no es ajeno en cuanto a su política fiscal, por cuanto la carga impositiva hay que reconocer que en Argentina es de las más altas del mundo”, afirmó.
Garófalo reconoció que “hubo algunas reducciones impositivas, entre ellas en las retenciones a las exportaciones y determinadas categorías del impuesto a las ganancias”, pero consideró que “las medidas fueron insuficientes, eso no es suficiente, claramente no es suficiente”, sostuvo.
A ese escenario agregó el incremento de los costos energéticos. Al ser consultado sobre el impacto del gas y la electricidad, reconoció que la reducción de algunos impuestos convivió con una suba considerable de los costos vinculados a la energía.
Según explicó, la eliminación progresiva de subsidios era una medida que “eventualmente debía abordarse”, pero cuestionó la “velocidad y simultaneidad con que se aplicaron distintas políticas”.
“Es algo que en algún momento había que hacer, pero hacerlo todo junto en el mismo momento con una política cambiaria muy restrictiva y liberalizando las importaciones, en nuestra opinión, ha sido demasiado en la forma que se ha aplicado en el tiempo”, sostuvo.
Una reconversión que, según CAFIN, requiere entre 10 y 20 años
Uno de los principales planteos formulados por Garófalo estuvo vinculado con la necesidad de reconvertir parte de la industria. El dirigente reconoció que “los cambios tecnológicos, productivos y comerciales hacen necesaria una transformación de determinadas actividades, pero rechazó que pueda concretarse de manera inmediata”.
“La reconversión de algunas industrias, que esto es necesario, se ha dado en todo el mundo, incluida la textil, pero ha llevado plazos que van entre los 10 y los 20 años”, explicó.
En ese sentido, fue contundente respecto de los tiempos que considera razonables para un proceso de transformación productiva al sostener que “no se puede lograr esto en tres años”, afirmó.
A su entender, uno de los principales problemas es que “hasta el momento no hubo señales concretas destinadas a acompañar, orientar y financiar esa transformación”.
“No ha habido ninguna señal concreta para ayudar, para, de alguna manera, guiar esa reconversión”, señaló.
Por eso, reclamó abrir una “instancia de diálogo específica para analizar el futuro de la industria fueguina, problemas en serio, sentémonos, vemos cómo hacemos para reconvertir la industria fueguina, pero sobre bases ciertas, y no dejando un tendal en el camino”, planteó.
“Sin reglas claras ni incertidumbre, nadie invierte”
Para Garófalo, la falta de previsibilidad constituye uno de los principales obstáculos para recuperar las inversiones industriales y al respecto dijo que “sin reglas claras y sin incertidumbre, nadie invierte”, afirmó.
El planteo adquiere especial relevancia para un sector que requiere inversiones permanentes en maquinaria, tecnología y actualización de procesos productivos.
Según explicó, buena parte del equipamiento instalado en las fábricas fueguinas, que en su momento representó tecnología de primer nivel, necesita “actualizarse porque la industria modifica permanentemente sus estructuras productivas y tecnológicas”.
En ese contexto, sostuvo que “la discusión no pasa solamente por sostener las condiciones actuales, sino por generar un horizonte que permita a las empresas planificar inversiones y reconvertirse sin perder la capacidad instalada”.
Consultado sobre si había recibido alguna señal que permitiera proyectar una recuperación, Garófalo fue cauto y señaló que “existe una dificultad vinculada con el enfoque de política económica que sostiene que, una vez ordenadas las variables macroeconómicas, el mercado debe determinar qué actividades permanecen y cuáles se transforman”.
“Uno ahí choca con una cuestión dogmática más que ideológica, y es que, ordenando la macro, el resto se tiene que ordenar de acuerdo a lo que señala el mercado”, explicó.
El problema, sostuvo, aparece cuando ese criterio se aplica a una economía en la que los consumidores, debido a sus restricciones de ingresos, encuentran más conveniente adquirir determinados productos importados que aquellos fabricados en el país.
“Si el mercado indica que, al consumidor, con las restricciones que tiene, le conviene mucho más comprar productos importados que los fabricados en el país, allá vamos. Entonces, bajo esa premisa es muy difícil”, señaló.
Tierra del Fuego: preservar lo construido durante 50 años
Frente a ese escenario, Garófalo puso el foco en las particularidades estratégicas de Tierra del Fuego y en la necesidad de conservar parte de la estructura industrial construida durante décadas.
“Nosotros esperamos que en el caso particular de Tierra del Fuego y teniendo en cuenta el renovado interés geopolítico que hemos despertado, se mantenga cierto nivel de protección, aún entrando en esta fase de reconversión que estamos dispuestos a afrontar”, manifestó.
La propuesta de CAFIN, según explicó, no apunta a desconocer la necesidad de transformación de la industria, sino a evitar que ese proceso implique la pérdida de las capacidades productivas acumuladas durante medio siglo.
“Que mínimamente se nos permita conservar lo que se ha conseguido después de 50 años de vigencia del régimen”, reclamó.
Garófalo consideró que “sería un error desaprovechar las inversiones realizadas tanto por el sector público como por el privado a lo largo de ese período”.
“Sería un disparate desperdiciar tanta inversión público-privada realizada a través del tiempo”, sostuvo.
Además, señaló que “las fábricas que permanecen operativas cuentan todavía con una capacidad productiva significativa y que una parte de esa capacidad podría recuperarse, hoy tienen una capacidad ociosa, y en algunos casos, del 80 por ciento”, afirmó.
El objetivo, resumió, es recuperar esa capacidad y evitar que la pérdida de actividad termine deteriorando definitivamente un entramado productivo que requirió décadas para construirse.
La caída del empleo y el impacto sobre la población fueguina
La crisis industrial también tiene una dimensión demográfica y social que, para Garófalo, debe ser considerada dentro del análisis sobre el futuro de Tierra del Fuego.
Durante la entrevista se planteó el cambio experimentado por la población de la provincia, que durante años recibió trabajadores que llegaban temporalmente para incorporarse a la industria y que luego podían regresar a sus lugares de origen.
Garófalo observó con preocupación que el deterioro del empleo puede estar generando ahora un movimiento inverso.
“Nosotros observamos con preocupación que si uno analiza la caída que ha habido en la ocupación en los últimos tres años, cómo se ha venido dando esa caída, que luego se ha acelerado en el último año, nos parece que habría que cruzarlo con datos de migraciones, pero nos da la sensación de que mucha gente se ha ido ya”, señaló.
Aunque aclaró que “no se trataría de un fenómeno masivo, sí advirtió que comenzó a registrarse una dinámica que anteriormente no era habitual”.
“No mucha, pero sí, se van yendo. Ha pasado algo que nunca se daba, de que la gente se vaya por no encontrar trabajo”, sostuvo.
La preocupación, en este punto, excede el funcionamiento individual de las empresas y se vincula con la evolución de la población y con la permanencia de trabajadores y familias en la provincia.
El FAMP y la participación tardía de las textiles
Otro de los puntos abordados durante la entrevista fue el Fondo para la Ampliación de la Matriz Productiva (FAMP) y la participación de las empresas textiles en ese esquema.
Garófalo explicó que las dificultades vinculadas con la prórroga del régimen hicieron que las empresas textiles ingresaran tardíamente al mecanismo.
“Como se demoró tanto la cuestión de la prórroga, y cuando salió esa prórroga solo quedaron adentro en una primera instancia cinco empresas, que luego se agregó otra más”, explicó.
Según detalló, esas empresas llegaron tarde al momento en que debían comenzar a realizar sus aportes porque previamente habían quedado excluidas.
“Llegaron atrasadas al momento en que debían empezar a aportar al FAMP, porque mientras no salió el decreto estaban afuera”, señaló.
Posteriormente, algunas empresas optaron por incorporarse a proyectos que ya se encontraban en marcha, incluso pertenecientes a firmas de actividades diferentes de la textil, aportando recursos para contribuir a su concreción.
Sin embargo, el proceso tuvo poco tiempo de desarrollo. “Al poco tiempo ya desapareció el FAMP, así que no ha habido mucho tiempo para aportar al FAMP”, resumió.
Una industria que pide tiempo, previsibilidad y condiciones para reconvertirse
Garófalo planteó que la discusión sobre el futuro industrial de Tierra del Fuego no debería reducirse a la continuidad o eliminación de los mecanismos de protección, sino que su planteo apunta a “discutir de qué manera puede producirse una transformación de la actividad sin destruir las capacidades existentes”.
Para el titular de CAFIN, la industria debe mejorar su productividad, actualizar su tecnología y avanzar hacia una reconversión que responda a los cambios del mercado. Pero esa transformación, sostuvo, “requiere tiempo, previsibilidad, inversión y políticas que acompañen el proceso”.
La alternativa, advirtió, es que “el ajuste se traduzca en más cierres y pérdida de puestos de trabajo”.
Su propuesta consiste en abordar los problemas de manera coordinada: recuperar el poder adquisitivo para fortalecer la demanda, mejorar la productividad, revisar la carga impositiva, atender los costos energéticos, controlar condiciones de competencia en las importaciones y establecer un esquema que permita a las empresas reconvertirse sin quedar fuera del mercado antes de completar ese proceso.
En el caso de Tierra del Fuego, además, reclamó que se contemple la inversión acumulada durante cinco décadas y la capacidad productiva que todavía permanece instalada.
El mensaje de Garófalo, en definitiva, combina una admisión de la necesidad de transformación con un reclamo de gradualidad y previsibilidad: la industria no puede permanecer indefinidamente ajena a los cambios globales, pero tampoco, según su planteo, puede pretenderse que una estructura productiva construida durante décadas se reconvierta en apenas unos pocos años.
“Problemas en serio, sentémonos, vemos cómo hacemos para reconvertir la industria fueguina, pero sobre bases ciertas, y no dejando un tendal en el camino”, insistió.
