El reconocido biólogo y referente ambiental cuestionó los intentos de minimizar la desaparición de un envase con cesio 137 en Rosario y advirtió que se trata de un material radiactivo altamente peligroso que puede provocar graves daños a la salud si es manipulado incorrectamente. Recordó que este elemento proviene de residuos nucleares, se utiliza en medicina e industria y forma parte de una problemática mucho más amplia vinculada a la falta de control sobre materiales radiactivos en Argentina. Además, defendió la condición de Tierra del Fuego como zona no nuclear y reclamó una mayor conciencia social frente a riesgos que, según sostuvo, suelen ser subestimados por las propias autoridades.
Río Grande.- La desaparición de un envase que contenía cesio 137 en la ciudad de Rosario encendió las alarmas en distintos sectores vinculados a la seguridad radiológica y ambiental del país. Entre las voces que salieron a advertir sobre la gravedad del hecho se encuentra la del biólogo, docente universitario y referente de la Red Antinuclear Argentina, Raúl Montenegro, quien en una entrevista con FM Del Pueblo aseguró que el episodio no debe ser minimizado bajo ningún concepto y remarcó que cualquier exposición a este tipo de material radiactivo representa un riesgo para la salud humana.
Durante la entrevista, Montenegro explicó en detalle qué es el cesio 137, de dónde proviene y por qué su extravío constituye un hecho que debe ser abordado con extrema seriedad por parte de las autoridades regulatorias.
“Lo primero que hay que aclarar es que el cesio 137 es un material radiactivo que se obtiene de un residuo. Ese residuo es el combustible nuclear agotado de las centrales nucleares. De esa basura nuclear se saca el cesio 137”, señaló.
El especialista recordó que “este elemento tiene múltiples usos industriales y médicos, entre ellos la calibración de equipamiento sanitario y diversas aplicaciones vinculadas a la actividad petrolera”.
“Se usa no solamente en medicina, también en la industria del petróleo para hacer evaluaciones en los pozos y en distintas actividades industriales. Pero sigue siendo un material radiactivo”, remarcó.
Radiación ionizante y riesgos para la salud
Montenegro explicó que el principal problema radica en que el cesio 137 emite radiación ionizante, considerada altamente peligrosa para los organismos vivos.
“Una de las características que tienen estos materiales es que emiten radiación ionizante, que es de alto riesgo para las células, los tejidos y los órganos humanos”, sostuvo.
Detalló además que “el cesio genera partículas beta que pueden penetrar varios centímetros en la piel y que, a su vez, produce un derivado radiactivo denominado bario 137, capaz de emitir radiación gamma de gran poder de penetración”.
“Si una persona encuentra este dispositivo, el problema surge cuando se saca el contenido del receptáculo que evita que la radiación salga al exterior, ahí aparece el verdadero peligro”, explicó.
Según indicó, el mayor riesgo se presenta cuando el material entra en contacto directo con la piel o es ingerido accidentalmente.
“Hay que tener en cuenta que no se puede estar expuesto a la radiación. A nivel de radiación no existe un valor de seguridad. Cualquier tipo de exposición implica un riesgo”, enfatizó.
“Se está intentando minimizar algo que es serio”
Uno de los puntos que más preocupación generó en Montenegro fue la percepción pública del hecho y algunos intentos de relativizar su importancia.
“Nosotros salimos públicamente porque notamos una tendencia a minimizar esto sin explicar verdaderamente cuáles son los riesgos”, advirtió.
Y agregó una frase contundente que sintetiza su postura frente al caso al marcar que
“bajo ningún punto de vista esto es una caja de galletitas”.
El biólogo insistió en que, aunque el volumen de material desaparecido sea menor al registrado en otros accidentes históricos, eso no implica que “deba ser considerado inocuo, no hace falta una cantidad enorme para que exista un problema. La radiación nunca tiene riesgo cero”, afirmó.
La comparación con el accidente de Goiânia
Para dimensionar el peligro potencial de este tipo de materiales, Montenegro recordó el accidente radiológico ocurrido en 1987 en la ciudad brasileña de Goiânia, considerado uno de los episodios más graves de contaminación radiactiva fuera de una instalación nuclear.
En aquel caso, una fuente de cesio 137 abandonada en un equipo de radioterapia fue retirada por recolectores urbanos, manipulada y finalmente dispersada entre la población.
“Produjo cuatro muertes y más de 200 personas afectadas por radiación”, recordó.
Sin embargo, aclaró que “el caso de Rosario no alcanza la magnitud de aquella tragedia, ni remotamente tiene la intensidad de lo ocurrido en Goiânia, pero eso no significa que deba minimizarse”, sostuvo.
Montenegro destacó además un dato revelador sobre aquel desastre al marcar que “todo ese episodio fue provocado por apenas 93 gramos de cesio, no se necesita una cantidad muy grande para generar consecuencias graves”, explicó.
El principal peligro: abrir el contenedor
El especialista insistió en que el dispositivo robado cuenta con un sistema de protección diseñado precisamente para evitar la exposición a la radiación.
“El problema es que mientras el material permanezca dentro del dispositivo de protección, el riesgo es mucho menor, lo que no debe ocurrir es que se retire el frasco que contiene el cesio”, afirmó.
Según explicó, el cesio se “encuentra almacenado en forma de gel dentro de un recipiente especial, lo fundamental es que nadie intente abrirlo o manipular su contenido”, remarcó.
Por ello reclamó una rápida intervención de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN), organismo responsable del control de este tipo de materiales.
“Apenas se detecte el dispositivo debe intervenir inmediatamente la Autoridad Regulatoria Nuclear”, señaló.
Un problema que excede a Rosario
Montenegro contextualizó el episodio dentro de una problemática más amplia relacionada con la circulación y control de materiales radiactivos en Argentina.
“Según la propia Autoridad Regulatoria Nuclear, se movilizan unas 20 mil fuentes radiactivas por año en el país”, indicó.
Y agregó un dato preocupante al sostener que “hasta 2013 ya se habían perdido o eventualmente robado alrededor de diez fuentes radiactivas”.
Para el biólogo, estos antecedentes demuestran que “no se trata de un hecho aislado, no es un tema menor y tampoco es un caso excepcional”, sostuvo.
Las advertencias sobre residuos nucleares
Durante la entrevista, Montenegro aprovechó para cuestionar la gestión histórica de los residuos radiactivos en Argentina.
A modo de ejemplo, mencionó la situación que atraviesa la ciudad de Córdoba, donde desde hace años existen depósitos de residuos vinculados a actividades nucleares.
“En una zona densamente poblada de Córdoba existe un depósito con 57.600 toneladas de residuos de uranio de baja actividad que todavía no fue remediado”, denunció.
El referente ambiental señaló además que “persisten pasivos ambientales vinculados a antiguas minas de uranio que continúan sin saneamiento adecuado, hay una serie de minas de uranio que siguen sin ser remediadas en Argentina”, afirmó.
Según explicó, estos depósitos liberan “radón 222, un gas radiactivo que puede afectar a las poblaciones cercanas, la gente vive prácticamente al lado de esos residuos”, alertó.
Tierra del Fuego y la defensa de las zonas no nucleares
Montenegro también fue consultado sobre la situación de Tierra del Fuego y defendió enfáticamente la vigencia de las normas que “declaran a la provincia como zona no nuclear, Tierra del Fuego ha sido tradicionalmente una zona no nuclear”, recordó.
Explicó que “estas normativas fueron impulsadas durante décadas por organizaciones sociales y sectores ambientales con el objetivo de impedir la instalación de reactores nucleares o depósitos de residuos radiactivos de alta actividad”.
“Son normas preventivas e inteligentes que protegen a las comunidades”, sostuvo.
El especialista manifestó preocupación por algunas voces que periódicamente proponen flexibilizar esas restricciones, al marcar que “hay quienes intentan desactivar estas normas sin comprender las consecuencias ni la importancia que tienen para la protección de la población”, afirmó.
“Lo peor que le podría pasar a Tierra del Fuego”
En uno de los tramos más enfáticos de la entrevista, Montenegro advirtió sobre las implicancias que tendría para la provincia perder su condición de zona no nuclear.
“Lo peor que le podría pasar a Tierra del Fuego es que se le quitara ese escudo protector que representa ser una zona no nuclear”, sostuvo.
El biólogo recordó que “los reactores nucleares son considerados la tecnología energética de mayor riesgo desarrollada por la humanidad”.
“No existe ningún reactor nuclear de potencia exento de sufrir un accidente grave”, afirmó.
Y recordó antecedentes como Chernóbil y Fukushima, ambos catalogados como eventos de nivel 7, la máxima categoría en la escala internacional de accidentes nucleares.
“Cuando ocurre un accidente de ese nivel, el área potencialmente afectada puede alcanzar entre 500 y 700 kilómetros”, explicó.
Un debate pendiente sobre el modelo energético
Montenegro también cuestionó el peso que tiene la energía nuclear dentro de la matriz energética argentina frente a los costos y riesgos asociados.
“Todo el programa nuclear argentino apenas aporta entre el 7 y el 8 por ciento de la energía eléctrica del país”, indicó.
Según sostuvo, la sociedad debería discutir con “mayor profundidad la relación entre beneficios, costos y riesgos de esta tecnología, son decisiones que muchas veces otros terminan tomando por nosotros y que después tienen consecuencias durante décadas”, afirmó.
Además, recordó que, de los 195 países existentes en el mundo, apenas “31 poseen reactores nucleares de potencia, la mayor parte se concentra en Estados Unidos, China, Francia y el Reino Unido”, señaló.
Una alerta que no debe ignorarse
Para Montenegro, el episodio ocurrido en Rosario debe servir como una advertencia sobre los desafíos pendientes en materia de control, fiscalización y gestión de materiales radiactivos.
“Esta es una luz roja que no debe ser ignorada”, sostuvo.
Y concluyó con un mensaje dirigido tanto a las autoridades como a la sociedad en general al sostener que “no son temas pequeños. Este robo de cesio 137 tiene que ayudarnos a comprender la importancia de controlar estos materiales, remediar los pasivos existentes y defender aquellas herramientas preventivas que han permitido que provincias como Tierra del Fuego sigan siendo territorios protegidos frente al riesgo nuclear”.
Las declaraciones del reconocido biólogo vuelven a poner sobre la mesa un debate que excede el episodio puntual de Rosario y que involucra cuestiones de seguridad, salud pública, control estatal y política energética. Mientras continúa la búsqueda del material desaparecido, Montenegro insiste en que la prioridad debe ser evitar cualquier contacto con el contenido y actuar con la máxima responsabilidad frente a un incidente que, aunque menor que otros antecedentes históricos, está lejos de ser inofensivo.
