La presidenta de la Asociación Rural de Tierra del Fuego, Lucila Apolinaire, alertó sobre el crecimiento exponencial de jaurías que afectan la producción, la fauna y la seguridad. También analizó el manejo del guanaco y las limitaciones estructurales para expandir la producción en las estancias.
Río Grande. -La presidenta de la Asociación Rural de Tierra del Fuego, Lucila Apolinaire, advirtió que la problemática de los perros asilvestrados tiene larga data, pero alcanzó un punto crítico en la actualidad.
Por FM del Pueblo, explicó que “este problema empezó hace muchos años, y los primeros que detectaron la situación fueron los productores de ovino. Esto generó que gran parte de las estancias que producían ovinos queden afuera del circuito de producción ovina en nuestra provincia, sustituyendo el ovino por bovino”.
“Los perros siguieron ingresando y empezaron ataques a la fauna, los guanacos sufren muchísimo, después a bovinos, también a caballos, potros y llamas. Hoy el tema está, a mi modo de ver, totalmente descontrolado”.
Crecimiento exponencial y nuevas amenazas productivas
Apolinaire sostuvo que la expansión de la población canina ya no solo impacta en la ganadería ovina, sino también en la bovina, con registros crecientes de ataques. “Hay muchísimas mordeduras y muchas mortandades en los últimos meses y años por este descontrol del crecimiento exponencial de los perros asilvestrados”.
Además, remarcó la dificultad para dimensionar el fenómeno y manifestó que “no sabemos exactamente cuántos son, pero sí sabemos que son muchísimos”.
El rol de las ciudades y la falta de control
Por su parte, trazó un diagnóstico que apunta a la responsabilidad urbana en el origen y continuidad del problema. “Las ciudades siguen siendo una usina que emite estos perros hacia las áreas periurbanas y rurales. Esto sigue sucediendo”, dijo.
En ese sentido, aportó una imagen concreta del escenario: “Cada vez que voy a la ciudad, en un trayecto de doce minutos cuento nunca menos de treinta y seis o treinta y ocho perros sueltos en la calle”.
Y advirtió sobre una transformación en el comportamiento de los animales: “Los que están en el campo ya son perros que se han reproducido generación tras generación y no tienen ningún contacto con el humano, ya no tienen características del perro doméstico”.
Asimismo, señaló que “los tres municipios, se tienen que hacer cargo porque ya tuvimos denuncias de mordeduras a humanos. No sé qué estamos esperando. Esto va a pasar, cuando uno va leyendo las señales y lo que pasa en otros países, esto en las ciudades está completamente descontrolado”.
Reclamo de intervención estatal y trabajo coordinado
Desde la Asociación Rural participan en la comisión de seguimiento de la ley de manejo de poblaciones caninas, pero Apolinaire enfatizó la falta de acciones concretas. “Tiene que ejercerse un control de la población de asilvestrados, así como sucedió con los castores. Es una especie exótica invasora, tenemos herramientas para hacerlo”.
Sin embargo, aclaró que “no es tan fácil, los terrenos son muy quebrados, hay mucho bosque. Todo el mundo dice ‘¿por qué no los salen a sacrificar?’, pero no es tan sencillo”.
En esa línea, reclamó una decisión política firme y remarcó que “tiene que haber una decisión política del gobierno de querer solucionar esto. Necesitamos apoyo interinstitucional y de la comunidad científica”.
Jaurías, evidencia y necesidad de múltiples herramientas
Apolinaire describió la magnitud del fenómeno a partir de registros concretos y comentó que “tenemos cámaras trampa donde se ven jaurías de doce, quince, veinte, veintidós perros todos juntos”.
Y explicó que no existe una solución única: “No sirve una sola herramienta. Tiene que haber una batería de medidas funcionando para por lo menos bajar el número. No se van a exterminar, pero sí controlar”.
El problema excede lo productivo, según advirtió “esto es la biodiversidad, es el paisaje, la fauna, el turismo. Se vuelve un lugar inseguro para caminantes y para las personas”.
Guanacos: entre la protección legal y la presión ambiental
En relación al crecimiento de la población de guanacos, Apolinaire explicó que su caza está prohibida en Tierra del Fuego, aunque reconoció tensiones crecientes. “Es una especie protegida, no está autorizada su caza en la parte argentina de la isla”.
Sin embargo, planteó que “se podría llegar a hacer un plan de manejo que marque un determinado número de animales que se pudiesen sacrificar para carne, que es muy buena, rica y natural”.
También vinculó su crecimiento con problemas productivos y remarcó que “el guanaco come el pasto y los árboles, afecta la regeneración de ñires y lengas”.
Producción en estancias: limitaciones estructurales
Consultada sobre la posibilidad de ampliar la producción agroalimentaria en zonas rurales, la dirigente destacó que es viable solo bajo ciertas condiciones. “Todo es posible cuando hay inversión y tecnología”.
No obstante, detalló que “no hay electrificación rural, cada establecimiento genera su propia energía. El gas es limitado, necesitás calefacción todo el año, buenas rutas, y eso no está”.
A esto se suma un problema estructural de mano de obra: “Nuestro país perdió la capacidad de educar en escuelas técnicas y es muy difícil conseguir gente que quiera trabajar en el campo”.
En ese marco, relativizó la posibilidad de escalar experiencias locales y detalló que “el caso de los ajos funciona, pero es en pequeña escala y cerca de la ciudad. No es algo extensivo a toda la isla”.
A modo de cierre, Apolinaire insistió en la gravedad del problema de los perros asilvestrados como eje prioritario. “Es el problema más grave que tenemos hoy”.

