El director de Terra Ignis y especialista en hidrocarburos Alejandro Eloff analizó el futuro de las áreas maduras de Tierra del Fuego y sostuvo que todavía existen oportunidades para extender su vida útil, sostener producción y generar actividad mediante tecnología, conocimiento y una operación eficiente en costos. Sin embargo, advirtió que los principales yacimientos ya fueron desarrollados y que “no se va a volver a los niveles de producción que tuvieron”. Señaló que el corto plazo pasa por recuperar pozos, abrir niveles todavía no explotados y trabajar con estructuras especializadas y de bajo costo, mientras que las oportunidades de mayor magnitud, como CA-12, Uribe y eventualmente sectores offshore, demandarán inversiones mucho mayores, exploración e infraestructura.
Río Grande.- El ingeniero Alejandro Eloff, director de Terra Ignis y profesional con una extensa trayectoria en la actividad hidrocarburífera y particularmente en la explotación de yacimientos maduros, planteó una mirada cautelosa, pero con expectativas sobre el futuro de las áreas transferidas en Tierra del Fuego. Aseguró que todavía existe margen para prolongar su vida productiva mediante operaciones específicas, conocimiento técnico, capital humano experimentado y un estricto control de costos, aunque dejó en claro que el potencial es limitado y que no debe esperarse recuperar los niveles históricos de producción.
En diálogo con FM La Isla, Eloff explicó que “el proceso que atraviesa Tierra del Fuego no constituye una experiencia inédita para la industria hidrocarburífera argentina”, dijo, al tiempo que agregó que “la transferencia de áreas maduras desde grandes operadoras hacia compañías más pequeñas y especializadas tiene antecedentes de décadas en otras cuencas del país”.
El especialista recordó experiencias similares en la Cuenca del Golfo San Jorge, Neuquén y Mendoza y señaló que “el fenómeno responde a la propia evolución de los yacimientos argentinos, muchos de los cuales acumulan largos períodos de explotación”.
En el caso fueguino, consideró indispensable partir de una característica fundamental como lo es la Cuenca Austral que es “predominantemente gasífera, hay petróleo, pero principalmente el hidrocarburo que más se produce en volumen es gas”, explicó.
Yacimientos que se acercan al final de su vida útil
Esa característica condiciona las posibilidades de recuperación de las áreas maduras. Eloff explicó que “los yacimientos gasíferos presentan factores de recuperación muy elevados y que, a diferencia de otros tipos de reservorios, una vez alcanzados determinados niveles de agotamiento no queda un volumen significativo susceptible de recuperarse mediante tecnologías alternativas”.
“El factor de recobro es muy alto. Del gas que está en los reservorios se extrae más del 90%”, precisó.
Ese proceso, señaló, se “consigue principalmente mediante explotación natural, reducción de presión y compresión”.
Por esa razón, hay yacimientos de la Cuenca Austral que prácticamente completaron su ciclo productivo. Mencionó como ejemplo El Cóndor, en la zona de Río Gallegos, que alcanzó un grado de madurez donde prácticamente “no queda gas para extraer”.
En Tierra del Fuego también existen bloques que se aproximan al final de su vida útil en términos de producción gasífera.
Sin embargo, Eloff aclaró que “la situación no es uniforme y que todavía existen yacimientos donde es posible intervenir mediante nuevas operaciones”.
“Hay bloques que están llegando ya a su vida útil en cuanto a extracción de gas”, señaló, pero agregó que en otros casos “todavía hay que poner tecnología”, fundamentalmente para abrir nuevos niveles, realizar punzados y efectuar fracturas sobre reservorios más cerrados o tight.
San Sebastián y Lago Fuego: realidades diferentes
El director de Terra Ignis insistió en que “no puede hablarse de las áreas maduras como si todas presentaran las mismas condiciones, el potencial remanente depende de cada yacimiento y de su historia productiva”.
Como ejemplo, mencionó San Sebastián, al que definió como el yacimiento onshore más importante de Tierra del Fuego. Se trata de un reservorio convencional que actualmente presenta niveles de presión muy bajos y donde queda una cantidad limitada de gas por extraer.
Aun así, sostuvo que “mediante operaciones de compresión, reducción adicional de presión y aislamiento de determinadas capas de agua todavía puede recuperarse una parte de ese recurso”.
Distinta es la situación de Lago Fuego, desarrollado posteriormente y con reservorios más cerrados. Allí, explicó, “quedan bastantes pozos y actividades para hacer” mediante tareas de punzado y fractura.
La conclusión es que “la madurez no significa necesariamente el cierre inmediato de una operación, existen intervenciones que permiten extender la vida de los pozos, aunque cada oportunidad debe analizarse individualmente y bajo parámetros económicos estrictos”.
El corto plazo: recuperar lo que todavía queda
Según Eloff, una de las principales oportunidades inmediatas consiste en “trabajar sobre niveles de pozos maduros que nunca fueron explotados, los niveles más productivos, naturalmente, fueron los primeros en desarrollarse, los mejores ya se han abierto y explotado”, explicó.
Sin embargo, quedan otros más pequeños y de menor volumen que “pueden incorporarse, es lo que le va a seguir dando vida útil a los yacimientos”, sostuvo.
Para Eloff, justamente allí aparece una de las posibilidades concretas de corto plazo para las nuevas operadoras como es “identificar oportunidades remanentes, intervenir pozos existentes y conseguir producciones adicionales que individualmente pueden ser menores, pero que permiten prolongar la actividad del conjunto”.
Ese trabajo requiere operaciones de “workover, mediante equipos preparados para mover las cañerías de producción y realizar tareas de punzado, cementación y fractura”.
Pero la tecnología, por sí sola, no garantiza resultados, sino que “se requiere de esa tecnología y mucho estudio de las oportunidades que quedan”, explicó Eloff.
Se trata, describió, de un trabajo minucioso, que incluso implica “prueba y error muchas veces”, mediante el cual se intenta ampliar progresivamente la vida útil de los pozos existentes.
El capital humano como pieza fundamental
Dentro de esa ecuación, Eloff ubicó al conocimiento acumulado por trabajadores, técnicos y profesionales como uno de los principales activos disponibles en las cuencas maduras.
“Lo más importante para estos desarrollos, como todo, es el capital humano”, remarcó.
El ingeniero destacó que “las cuencas argentinas cuentan con profesionales y técnicos experimentados para afrontar este tipo de operaciones”.
Mencionó particularmente a “geólogos, ingenieros de reservorios, técnicos de operaciones y especialistas en producción”.
Ese conocimiento resulta especialmente importante porque las áreas maduras requieren una lógica diferente a la de los grandes proyectos iniciales. Ya no se trata solamente de realizar inversiones de gran escala, sino de estudiar en detalle cada pozo, cada intervención y cada oportunidad para determinar si económicamente resulta conveniente.
Una operación “low cost” para hacer rentable lo que queda
Eloff explicó que “la explotación de un yacimiento maduro requiere una estructura empresarial y operativa especialmente eficiente”.
“A diferencia de las explotaciones iniciales, donde trabajan las empresas más grandes con especialistas, acá es un trabajo más multidisciplinario, más del día a día”, sostuvo.
La inversión necesaria para intervenir pozos existentes no necesariamente alcanza las dimensiones requeridas para desarrollar un yacimiento completamente nuevo. Pero esa ventaja está acompañada por una condición: los márgenes son menores y cualquier error puede convertir una oportunidad en un proyecto antieconómico.
“No es tanta la inversión que se requiere en relación al desarrollo de yacimientos nuevos, pero sí mucha dedicación, mucho control de costos. Cada cosa que se hace tiene que estar muy bien pensada para que se pueda hacer lo más económica posible”, explicó.
Eloff utilizó un concepto concreto para describir el modelo: low cost
“Se tiene que trabajar con un criterio low cost para que lo que queda por hacer sea rentable”, resumió.
Según explicó, Argentina cuenta con “más de cuatro décadas de antecedentes en los que grandes compañías cedieron yacimientos maduros a empresas más pequeñas capaces de operar con estructuras de costos diferentes”.
Incluso recordó que, en algunos casos, esas nuevas etapas productivas permitieron encontrar oportunidades no previstas inicialmente.
“No se va a volver a los niveles de producción que tuvieron”
Frente a las expectativas generadas por el traspaso de las áreas y su impacto potencial sobre regalías, empleo y actividad económica, Eloff puso un límite claro.
“Es muy complicado aventurar un futuro lejano, pero siempre hay oportunidades en estas áreas”, señaló.
Sin embargo, inmediatamente aclaró que “evidentemente, no se va a volver a los niveles de producción que tuvieron, porque los yacimientos más prolíficos ya fueron desarrollados”.
Lo que permanece disponible es de menor magnitud y demanda un esfuerzo proporcionalmente mayor para ser aprovechado.
“Lo que va quedando tiene menor magnitud y requiere más trabajo, y un trabajo mucho más fino, más multidisciplinario para poder materializarlo”, indicó.
Por eso, el resultado dependerá en buena medida de la “capacidad de los nuevos operadores para manejar tres variables centrales: costos, tecnología y capital humano”.
Para Tierra del Fuego, donde la generación de puestos de trabajo y nuevas actividades productivas constituye una preocupación central, la continuidad de estas áreas puede ofrecer una oportunidad, aunque Eloff evitó presentar el proceso como una solución automática o de dimensiones ilimitadas.
Uribe: potencial, pero con inversiones de otra magnitud
Más allá de la recuperación de pozos existentes, Eloff diferenció claramente aquellas oportunidades que pueden materializarse en el corto plazo de proyectos con un potencial considerablemente mayor.
Uno de los ejemplos es el bloque Uribe, ubicado hacia el oeste de Río Grande, donde existen formaciones tight con perspectivas favorables.
El problema es la infraestructura necesaria para llevar esa producción hasta las instalaciones existentes. Eloff explicó que la zona se encuentra aproximadamente a 60 kilómetros de la planta de San Sebastián.
Para incorporar una eventual producción sería necesario construir un gasoducto y desarrollar infraestructura adicional. Ya no se trata, entonces, de una intervención puntual sobre un pozo existente.
“Son inversiones de gran magnitud. Estamos hablando de cientos de millones de dólares”, explicó.
A eso se suma que el gas proveniente de reservorios tight tiene un costo de desarrollo superior al convencional, porque es necesario perforar, fracturar y construir nueva infraestructura.
Por eso, la viabilidad dependerá también de encontrar un destino para ese gas que permita obtener un valor capaz de justificar semejante inversión.
CA-12, Uribe y offshore: las oportunidades de otra escala
Eloff también mencionó CA-12 entre las áreas que pueden presentar perspectivas de mayor dimensión para el futuro de la actividad hidrocarburífera fueguina.
“Ahí hay expectativas, si se quiere, de mayor tamaño en cuanto al recurso para las regalías provinciales”, señaló.
Pero volvió a introducir una distinción fundamental que es que “cuanto mayor es la oportunidad, mayor es también el nivel de inversión, riesgo y tiempo requerido”.
En áreas como “CA-12 todavía es necesario profundizar la exploración y perforar nuevos pozos”.
Paralelamente, señaló que “existen pozos previamente perforados que quedaron sin terminar y donde las inversiones necesarias para completar trabajos pueden resultar afrontables para la actual etapa operativa”.
Eloff consideró que esas intervenciones podrían transformarse en las primeras “victorias tempranas”, porque ofrecen posibilidades de ejecución más inmediata.
Para pensar en “un futuro mayor”, en cambio, mencionó CA-12, Uribe e incluso sectores del offshore cercano todavía no concesionados, donde podrían aparecer “oportunidades de otra envergadura”.
“Pero, de nuevo, eso va a requerir otro nivel de inversión y otro análisis y otro tiempo. Un plazo un poco mayor”, advirtió.
Eloff respaldó la hoja de ruta adoptada
Al analizar específicamente el camino elegido luego de la transferencia de las áreas, Eloff consideró que “la estrategia de entregar la operación madura a estructuras más focalizadas responde a una metodología ampliamente utilizada en la industria, el camino que se ha emprendido entiendo que es el correcto”, afirmó.
Para fundamentarlo recurrió a su propia experiencia profesional. Recordó que “comenzó hace alrededor de 40 años en una compañía pequeña que trabajaba sobre un yacimiento que ya acumulaba entre seis y siete décadas de explotación”.
Según relató, esa experiencia se repitió posteriormente en distintos proyectos, cuando un “yacimiento entra en su etapa madura, la estructura de una gran operadora puede convertirse en demasiado costosa para el volumen de producción restante”.
Una compañía más pequeña, focalizada y eficiente puede extender esa vida útil mediante otra estructura operativa.
“Para extender la producción hay que cambiar hacia una compañía chica con ese foco y completar las tareas, justamente, de una empresa chica low cost que permitan seguir manteniendo la producción y los pozos andando”, explicó.
